Entrevista

Guillermo Jiménez: “Vendemos el Ferrari de las velas perfumadas”

Es el cofundador de BoxNox y Abanuc, y proviene del sector financiero

Guillermo Jiménez: “Vendemos el Ferrari de las velas perfumadas”

Dejó una carrera profesional en el mundo de las finanzas por un negocio propio en la industria de la perfumería y de la cosmética de alta gama. Guillermo Jiménez (Madrid, 1962) trabajó durante 26 años en banca de inversión, primero en el Santander, después en Argentaria y por último en BBVA, entidad que abandonó en 2014 para dedicarse por entero a BoxNox, la empresa que montó con el empresario Pedro Ros en 2003, para distribuir, en un principio, la firma francesa Dyptique.

Los dos socios se conocieron hace 25 años estudiando en el IESE, y tuvieron claro que algún día montarían una empresa juntos. Nueve años más tarde de aquello, Ros llamó a Jiménez para comunicarle que ya sabía qué negocio desarrollarían. Y hasta hoy. “Nos hemos equivocado mucho, pero esto nos ha servido para aprender y hacer varias reconducciones sobre lo que estábamos haciendo”, asegura. En su mesa de trabajo en Abanuc, la tienda que abrieron hace año y medio en el barrio madrileño de Las Salesas, un templo de los perfumes prémium, “aquellos que se venden sin necesidad de hacer publicidad”, siempre hay flores frescas y una vela encendida. Empezaron “vendiendo el Ferrari de las velas perfumadas”, luego se desviaron hacia un segundo eje, el del cuidado de la piel, con la llegada de firmas como Malin+Goetz, y ahora se están adentrando en la línea del color, con marcas como Lipstick Queen. “Es importante cubrir todos los segmentos, porque o te metes pronto en un área o llegas tarde”, añade.

El espacio en el que trabaja, al menos este viernes, ya que acostumbra a desplegar su ordenador portátil en cualquier rincón, es una estancia de la tienda, que anteriormente acogía la antigua librería Marcial Pons, local en el que han tenido que respetar tanto los suelos, la barandilla de la escalera y la madera de la librería. “Aquí no tiene cabida nada feo, la estética es muy importante”.

Las telas que adornan varios huecos de las estanterías son la parisina Antoinette Poisson, los libros son todos de primera edición de literatura latinoamericana, una colección que custodia a un amigo de cuando estudiaba en el Colegio de El Pilar, que vive en Zaragoza, ciudad en la que abrieron la primera tienda de Abanuc, y a la que se suman la de Dyptique, del Barrio de Salamanca, tres puntos de venta en El Corte de Inglés del Paseo de la Castellana de Madrid, de Diagonal en Barcelona, y de Marbella, además de un espacio en Andorra. “Hemos pasado de no buscar nada a encontrar lo que queremos. No tenemos business plan, hacemos una expansión según las oportunidades que van surgen. No nos gusta ganar mucho dinero, tampoco perderlo”. De momento, cumplen objetivos, con una plantilla de 32 personas, en 2018 facturaron tres millones de euros.

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