La inversión residencial, tan sólida como conservadora

El mal desempeño de los activos financieros tradicionales en el último año ha vuelto la mirada de los inversores hacia la vivienda

La sociedad española, mayoritariamente católica, tiene, como todas las del sur de Europa, una pronunciada querencia por la inversión en la propiedad inmobiliaria, pero que responde más a una necesidad vital que a una estudiada estrategia de obtener rendimientos del ahorro. Más del 80% de los hogares españoles tienen vivienda en propiedad, y casi la mitad tiene más de una residencia, las más de las veces como retiro vacacional y en muy limitada proporción como producto de inversión. En los primeros años del presente siglo, cuando las casas encadenaban revalorizaciones de doble dígito cada ejercicio llevadas en volandas por el crédito barato y abundante y una expectativa de inagotable encarecimiento, una parte de la población las convirtió en mecanismo de inversión financiera pura. Pero tal circunstancia derivó en una burbuja de precios y de deuda que terminó cayendo sobre toda la sociedad en forma de profunda recesión, con las consecuencias que hemos relatado muchas veces.

El mal desempeño de los activos financieros tradicionales en el último año ha vuelto la mirada de los inversores hacia la vivienda, que encadena ya cinco años largos de revalorizaciones, aunque solo llamativas en los núcleos urbanos en los que no hay oferta de vivienda nueva, puesto que en la mayoría de lugares sigue existiendo un estocaje importante procedente del último ciclo alcista de construcción. Difícilmente volverá a repetirse el espectáculo de los primeros años del siglo, entre otras cuestiones por el carácter conservador que sigue teniendo la casa en la inversión de los españoles, a la que se considera casi en exclusiva como lugar para vivir, y no herramienta para especular.

Pero la franja de mercado que sí la contempla como objetivo de inversión, algo tradicional en el norte de Europa y los países anglosajones, puede encontrar en el mercado alternativas para explorar la rentabilidad de varias figuras financieras, sin perder el carácter conservador. El mercado ha alojado en los últimos años, de la mano de una profesionalización antes inexistente, socimis especializadas en alquiler de todo tipo de inmuebles (vivienda, logística industrial, oficinas, locales comerciales, etcétera), promotoras de nuevo cuño volcadas también en nichos selectos de mercado, o fondos de inversión especializados que exploran la actividad residencial en destinos turísticos exclusivos, residencias de tercera edad o de estudiantes. Las rentabilidades que generan son siempre modestas, aunque muy superiores a la inflación, pero con la tozuda recurrencia que exigen los seguidores de la aburrida inversión conservadora.

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