Las buenas cuentas de las empresas y los argumentos para mejorarlas

Las compañías han aprovechado la madurez del ciclo alcista de la actividad para elevar de manera generalizada sus ventas

Las 35 grandes empresas cotizadas que componen el índice selectivo de la Bolsa ganaron casi 42.000 millones de euros en 2018, una cifra que se acerca a los máximos históricos y que permite corroborar que el pasado ha sido un muy buen año para las compañías, las financieras y las no financieras, con unas cuentas francamente generosas y acordes con el comportamiento de la economía, tanto en España como fuera. Pero llama la atención la optimista estimación que para 2019, para este ejercicio, hacen los gestores, con pronósticos de superación muy significativos en algunos casos, y con mejoras muy notables en el reparto de dividendos a los socios, tal como han manifestado precisamente en el caso de las empresas de mayor tamaño que lideran sus sectores de actividad.

Las empresas han aprovechado la madurez del ciclo alcista de la actividad para elevar de manera generalizada sus ventas, incluso con mejor desempeño en España que fuera, en coherencia con la circunstancia de que este país ha dispuesto todavía en 2018, y seguramente también este año, de un plus de crecimiento impulsado por la demanda interna. Elevar la facturación y los números negros se antoja complicado si tal demanda es más modesta, tal como creen todas las instituciones de análisis económico, aunque hay que admitir que las empresas que con más vehemencia defienden sus opciones de crecimiento han acometido ampliaciones notables de su balance y de sus programas de inversión.

El temido endurecimiento de las condiciones financieras se retrasa y los ajustes de los costes pueden darse por concluidos, salvo en algunos casos donde la competencia en muy intensa o el modelo de negocio está en permanente revisión, como las telecomunicaciones. Además, el castigo imputable a la depreciación de divisas en el exterior, con mucho impacto en las cotizadas españolas, sobre todo las presentes en los mercados emergentes, debería estar tocando a su fin. En condiciones normales estas circunstancias citadas podrían absorber sin dificultad la pérdida de pulso de la demanda en todo el mundo por una economía que crece menos, así como la necesidad adicional de provisiones empresariales imputables a cambios en las normas de contabilidad, como la consideración de los alquileres.

De ser así, nada impediría que un balance muy meritorio de las grandes cotizadas como el de 2018 pudiera repetirse, y por qué no mejorarse, en 2019, tal como algunos equipos de gestión han augurado en la presentación de resultados, y que tuviera un reflejo en la mejora de la retribución a los socios, institucionales y particulares, que han confiado su inversión a estas empresas.

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