La deuda pública debe mantener la confianza en el largo plazo

El emisor español goza del favor comparativo frente otros, como el italiano, cuyas finanzas públicas acumulan desequilibrios muy peligrosos

El Tesoro del Reino de España ha salido dos veces este año al mercado para captar dinero con instrumentos excepcionales y en cantidades ciertamente excepcionales, aunque se trata de operaciones repetidas y normalizadas en los últimos años. En ambas ocasiones ha recibido demanda de títulos por cantidades muy superiores a las que pretendía colocar, y en ambas ha colocado también más papel del inicialmente estimado. Dos operaciones de éxito que hablan por sí solas del apetito de los inversores, especialmente extranjeros, por la deuda española, que en las últimas semanas ha reducido significativamente la rentabilidad otorgada en el mercado primario y ha llevado de nuevo la prima de riesgo cerca de los cien puntos básicos en el secundario.

Esta captura abultada de recursos del mercado se ha producido también, especialmente esta segunda, envuelta en el episodio de alta temperatura política que ha desembocado en la convocatoria anticipada de elecciones generales para la última semana de abril. Los mercados, que han asistido a un crecimiento sólido de la economía pese a la turbulencia de la legislatura, no dan categoría a la inestabilidad política que pueda producirse tras las elecciones, pese a que la demoscopia no arroja una luz definitiva sobre los resultados que permita considerar que habrá más estabilidad en los cuatro próximos años que en los tres últimos. Además, el emisor español goza del favor comparativo frente otros, como el italiano, cuyas finanzas públicas acumulan desequilibrios muy peligrosos, fundamentalmente la acumulación de unos volúmenes de deuda desmesurados.

Pero la virtud está tanto en el buen desempeño presente como en mantener este trato favorable del mercado en el largo plazo, dado que las Administraciones públicas españolas tienen una deuda emitida cercana al 100% del PIB y un horizonte fiscal no del todo clarificado por la ausencia de Presupuestos Generales para este año y un gasto en pensiones públicas en franca aceleración. La ausencia de cuentas públicas para este ejercicio y la necesidad de una prórroga de las de 2018 impide la reducción comprometida con la Unión Europea del déficit fiscal, lo que forzará a un redoblado ejercicio de disciplina presupuestaria en los años sucesivos, como única garantía de que los mercados, quienes financian las abultadas necesidades de liquidez de las instituciones públicas españolas, mantengan la confianza y proporcionen precios razonables a las sucesivas emisiones y refinanciaciones de la deuda.

 

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