Chipre, la isla que la diosa del amor eligió como hogar

Una muralla veneciana rodea el casco histórico de Nicosia

A la izquierda, la roca de Afrodita, que indica el lugar donde la diosa emergió de las aguas.
A la izquierda, la roca de Afrodita, que indica el lugar donde la diosa emergió de las aguas.

Estratégicamente situada en el Mediterráneo oriental, a medio camino entre Europa y Asia, cerca de las costas de Líbano, Siria y Turquía, Chipre es la isla que Afrodita, la diosa griega del amor, eligió como hogar tras emerger de las aguas del litoral chipriota. Su herencia cultural milenaria la convierte en una isla fascinante: en Chipre convergen las grandes civilizaciones de la antigüedad.

Es una isla dividida tras la invasión de Turquía en 1974: el sur es griego, el norte, turco. La línea divisoria atraviesa su capital, Nicosia, la única del mundo con esta peculiar situación. No obstante, se pueden visitar las dos partes de la ciudad, y del país, tras pasar un rutinario control policial.

Nicosia es una ciudad repleta de historia. Su casco antiguo está rodeado de una maciza muralla veneciana del siglo XVI y concentra gran parte de los museos, galerías de arte y monumentos de la isla. La imponente puerta de Famagusta, la única de las tres que daban acceso a la ciudad en tiempos pasados que sigue en pie, nos da la bienvenida. La ciudad late en Laiki Geitonia, el casco antiguo. En sus calles empedradas, apacibles, entre buganvillas se descubren preciosos edificios de origen medieval, tiendas de artesanía, cafés y atrayentes tabernas tradicionales.

Además de Nicosia, hay cinco ciudades, herederas de las ciudades-estado que en tiempos remotos controlaban el pujante tráfico marítimo de la isla, que son de visita obligada: Lemesos, Larnaka y Pafos, en la zona griega, y Famagusta y Keryneia, en el norte turco.

La capital está dividida desde la invasión de Turquía, pero se pueden visitar las dos partes tras pasar un rutinario control policial

Lemesos es vibrante y animada. Y lo ha sido siempre por sus extraordinarias celebraciones: desde los banquetes en honor a las deidades clásicas, hasta la boda de Ricardo Corazón de León con Berenguela de Navarra, tras conquistar la isla en 1191, pasando por el carnaval o la fiesta del vino.

Ruinas del templo de Apolo.
Ruinas del templo de Apolo.

Un recorrido por las estrechas callejuelas del casco antiguo, que desembocan en el puerto pesquero, o una vuelta por la zona más moderna y exclusiva dan cuenta del enorme atractivo de esta ciudad, sin olvidar sus espléndidas playas, conocidas como la Riviera chipriota. Muy cerca, hacia el oeste, se encuentra Amathous, las ruinas de una de las ciudades-estado de Chipre, donde es posible darse un baño junto a un yacimiento submarino, que es un antiguo puerto hoy bajo el mar.

Larnaka refleja muy bien el contraste entre la tradición –es una de las ciudades más antiguas del mundo permanentemente habitadas– y el afán de progreso –lujosos yates y veleros se balancean en el puerto bordeado por un paseo de palmeras–. También aquí se aprecia mejor el cruce de civilizaciones y religiones que caracteriza a Chipre, con su amalgama de templos de todas las creencias.

En Larnaka se encuentra la iglesia de San Lázaro. Según la leyenda, tras resucitar, Lázaro decidió pasar aquí su segunda vida. Se dice que el santo está enterrado en una cripta del altar principal, muy visitada.

Pafos, la antigua capital, es el lugar donde Afrodita, la diosa griega del amor y la belleza, emergió de las aguas. Petra tou Rominou, o la roca de Afrodita, es una enorme piedra que señala este punto. El templo erigido en su honor en el siglo XII a. C. se mantuvo como uno de los focos religiosos de la antigüedad hasta el siglo IV. Los monumentos dedicados a la diosa sucumbieron por el paso del tiempo, los terremotos o los derribos, pero son muchas las huellas arqueológicas donde aún resuena su gloria. Para conocerlas, la Organización de Turismo de Chipre ha creado la Ruta de Afrodita.

El norte turco

La República Turca del Norte de Chipre no ­existe jurídicamente, solo la reconoce el Gobierno de Ankara. Pero el ostracismo internacional no impide recorrerla. El visitante descubrirá que el aislamiento forzoso la ha protegido de excesos turísticos. La imagen de Girne, el nombre turco de Keryneia, la principal ciudad, es sobre todo la de su puerto, con sus casas venecianas alrededor de una bahía llena de barcos de pesca y ocio. Girne es el inicio del periplo por el norte apacible, con playas vírgenes, carreteras sin atascos… Pero ese es otro viaje.

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