Energía

Los contratos de alquiler dispararán 1.600 millones la deuda de Naturgy este año

La empresa bajará la deuda a nivel de la matriz y la elevará en filiales

Francisco Reynés, presidente de Naturgy.
Francisco Reynés, presidente de Naturgy.

Francisco Reynés lleva un año al frente de Naturgy y ha dado un giro copernicano a su gestión. Uno de sus planes es optimizar la estructura de la deuda, y ya avanzó en este propósito en 2018 Aunque tendrá que lidiar, al igual que el resto de las compañías cotizadas, con un aumento de la deuda debido a la entrada en vigor de la normativa internacional sobre arrendamientos (NIIF 16, en la jerga). En este caso, de unos 1.600 millones.

La compañía energética desglosa en la presentación a analistas de sus resultados de 2018 que su deuda a cierre del ejercicio se hubiera situado en 15.300 millones de euros, una vez aplicada la nueva regulación, frente a los 13.700 millones reportados de forma efectiva. En esencia, a partir de las cuentas del primer trimestre de este año, todas las empresas negociadas en Bolsa deberán incluir como deuda el coste de los alquileres por los años que los tenga firmados.

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Una portavoz de Naturgy explica que unos 1.300 millones de euros de ese aumento del 11,7% se debe al arrendamiento de buques metaneros, dedicados al transporte de gas natural licuado. Los 300 millones restantes son por otros tipos de alquileres. La ratio de apalancamiento, calculada como deuda neta entre beneficio bruto de explotación (ebitda) hubiera quedado a cierre del año en 3,8 veces, frente a las 3,4 veces comunicadas.

La norma no hace distingos. Todos los arrendamientos operativos –aquellos sin opción de compra ni otros compromisos– deberán incluirse como pasivo, ya sean tiendas, naves, aviones, hoteles o lo que sea. Todas las empresas se verán afectadas en mayor o menor medida

La repercusión en Naturgy ha sido superior a la que la que la firma anticipaba en las cuentas de 2017. Allí afirmaba que la norma “no tendrá un impacto significativo en las cuentas”.

Con todo, la empresa que preside Reynés destaca que ha reducido su deuda neta desde el cierre de 2017 un 9,8%, por de 1.487 millones de euros, hasta los 13.667 sin tener en cuenta el efecto de la nueva contabilidad.

Las dos fórmulas principales que la compañía ha empleado para rebajar su endeudamiento han sido el “exceso de liquidez” y el flujo de caja libre, que se situó en 3.054 millones de euros antes de pagar dividendos a los accionistas de la matriz. Así ha amortizado deuda, que de media le costó un 3,1%, frente al 3,4% de 2017.

Naturgy ha reducido el peso de la deuda que depende de la matriz con operaciones por unos 4.000 millones. Así, amortizó toda la deuda bancaria del holding por 1.660 millones, recompró bonos por 1.249 y refinanció deuda y emitió nuevo pasivo en Latinoamérica por un importe total de 1.073 millones. “En este importe se incluyen 389 millones en nueva deuda bancaria y 684 millones refinanciados”, explica la compañía en un documento.

Uno de sus objetivos es dotar de la máxima independencia a los proyectos que ejecute fuera de España, como publicó CincoDías el pasado 23 de enero. El porcentaje de deuda que depende de la matriz ha bajado desde el 81% de cierre de 2017 al 77% actual, y la misión es seguir reduciéndolo. Así cada proyecto deberá cumplir con unos mínimos de rentabilidad.

En Abertis, capitaneada por Reynés desde 2010 hasta que entró en Naturgy, la deuda que dependía de la matriz era del 39% a cierre de marzo de 2018, sus últimas cuentas comunicadas antes de la opa lanzada por ACS a través de su filial Hochtief y la italiana Atlantia.

Naturgy ya ha realizado dos pruebas piloto del que ahora será procedimiento habitual. En Chile ha refinanciado 193 millones de euros y ha reemplazado 79 millones de deuda intragrupo. También ha emitido dos bonos sobre proyecto de 57 millones respaldados por los proyectos de renovables Sertao y Sobral, en Brasil

Ante una pregunta en la presentación a analistas, Reynés prefiere no anticipar qué medidas adicionales se tomarán en 2019 para mejorar la estructura del pasivo de Naturgy. “Considerando que necesitan ser negociadas y hay dueños de bonos en el otro lado, no queremos poner en peligro su éxito”, sentenció el miércoles.

“Lo que sí puedo confirmar es que el plan está progresando y que en 2019 los resultados serán sustancialmente mejores que los mostrados el año pasado. Pero prefiero evitar dar cualquier cifra exacta porque dañaría las negociaciones con los tenedores de bonos y los bancos”, añadió Reynés.

Naturgy dispone de bonos por 13.209 millones de euros, según los datos de Reuters, que cotizan a distintos precios. Cualquier pista dejaría a la firma en inferioridad de condiciones ante una negociación. “Nuestro objetivo es evitar cualquier desventaja para nuestro equipo financiero con el objetivo que puedan hacer el mejor trabajo posible”, según Reynés.

El presidente de Naturgy da a entender que ejecutará más recompras de bonos en 2018. Pero fuentes del grupo matizan que se seguirá trabajando para lograr el objetivo del plan estratégico hasta 2022, pero que esto no implica necesariamente acelerar la recompra de bonos.

Una nueva fórmula de cálculo del pasivo

Año decisivo. En los resultados del segundo semestre de 2018 que se publicarán hasta el 28 febrero todas las empresas que cotizan en Bolsa deberán cuantificar cómo se verán afectadas por la nueva normativa sobre arrendamientos operativos. Y las cuentas del primer trimestre de este año deberán ir por defecto, como publicó este periódico en mayo de 2018. En los balances no hay de momento ni rastro de esos alquileres operativos, en la práctica imprescindibles para el negocio.

Lo que cambia. Se retirarán los alquileres que no sean financieros (el leasing ya se incluía como deuda) de la partida de gastos explotación, los incluirán en el balance con el valor del activo menos una tasa de descuento, que será el tipo de interés implícito en el alquiler, y los reflejará en la cuenta de pérdidas y ganancias en dos líneas: como depreciaciones y amortizaciones, por un lado, y como costes financieros, por otro.

Un ejemplo. Para un alquiler de cinco años con un coste de un millón de euros cada ejercicio y una tasa de descuento del 7%, una empresa se anotaría una deuda de 4,1 millones en balance, con una amortización anual en cuenta de resultados de 0,82 millones y un coste financiero de 0,287. En el primer año de la puesta en marcha de la norma, el coste será de 1,107 millones, frente al millón del anterior. De entrada, esta fórmula dañará los resultados y disparará las ratios de deuda frente a ebitda.

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