IAG pone a prueba el apetito de destrucción de la Unión Europea

La postura de Bruselas podría obligar al grupo aéreo a dividirse en un Brexit sin acuerdo, pero eso podría ser malo para Europa

Logotipo de British Airways en el aeropuerto de Heathrow.
Logotipo de British Airways en el aeropuerto de Heathrow.

IAG está poniendo a prueba el apetito de destrucción de Europa. La empresa matriz de British Airways e Iberia corre el riesgo de incumplir las normas de propiedad de la Unión Europea en caso de un Brexit sin acuerdo. In extremis, eso podría significar la división del grupo, un resultado que a su vez invertiría los motores de la consolidación de las líneas aéreas europeas.

Un Brexit caótico podría ser un gran dolor de cabeza para las aerolíneas de la región. La Comisión Europea ya ha atenuado algunas de las consecuencias, diciendo que las compañías aéreas británicas podrán aterrizar y despegar en los aeropuertos europeos incluso si el país no llega a un acuerdo de retirada con el bloque.

Pero las normas europeas también prohíben a las entidades no pertenecientes a la Unión poseer más del 50% de una aerolínea europea. Para IAG, que absorbió Iberia en 2011, eso es un problema.

La compleja estructura de IAG ofrecía una solución. Conforme al acuerdo con Iberia, la aerolínea española se convirtió en una filial propiedad al cien por cien de IAG, pero mantuvo su identidad “española” gracias a un holding local con derechos de voto mayoritarios, pero que devolviera la mayor parte de los beneficios a IAG. La transferencia de este control a otra empresa española podría reducir el control de IAG, pero aún así permitirle quedarse los beneficios. Sin embargo, según el Financial Times, Bruselas ha adoptado una postura poco favorable a esta idea.

Otras soluciones parecen más desor­denadas. IAG podría aumentar su lista de accionistas europeos para asegurar una mayoría dentro de la UE. Sin embargo, podría ser difícil obligar a los inversores a vender sin perjudicar sus derechos. Y el mayor accionista de IAG es Qatar Airways con una participación del 20%, lo que hace que el obstáculo del 50% sea más difícil de superar si no se vende.

O IAG podría simplemente vender Iberia, o una participación mayoritaria en ella, a otra aerolínea. Eso sería malo para Europa. Es poco probable que las otras grandes compañías aéreas, como Air France KLM o Lufthansa, presenten ofertas con arreglo a las normas de competencia, lo que significa que tendría que ser absorbida por un operador más pequeño o quedarse de forma independiente. Eso acabaría con los beneficios de la consolidación.

Alternativamente, Europa podría modificar sus normas para centrarse más en la ubicación de las compañías aérea que en su propiedad. Chile podría ser el modelo.

Los accionistas aún no han cogido el paracaídas. Las acciones del grupo de 12.000 millones de libras (13.000 millones del euros) apenas se movieron después de la noticia del FT.

Tal vez se animen con la promesa del consejero delegado, Willie Walsh, de una solución “mágica”. Lo más probable es que esperen que, a la hora de la verdad, Europa ingenie un aterrizaje suave.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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