Defenderse de la oferta de Deutsche Telekom es el menor problema de BT

Sería un momento extraño para un intento de compra por parte alemana: los reguladores aún no han aprobado la de Sprint

Torre de comunicaciones BT Tower, en Londres (Reino Unido).
Torre de comunicaciones BT Tower, en Londres (Reino Unido).

El entrante consejero delegado de BT, Philip Jansen, tiene una larga lista de preocupaciones. La inquietud por una oferta del máximo accionista, Deutsche Telekom, debería ser bastante baja.

El ex jefe de Worldpay tomará el timón de la empresa de telecomunicaciones el 1 de febrero, solo unos días después de que expire el acuerdo de 2016 que impide que Deutsche aumente su participación por encima del 12%. Esta inversión es un legado de la adquisición por parte de BT, en parte mediante acciones, de EE, la rama móvil del grupo alemán y de su homólogo francés Orange, hace tres años. El periódico británico Daily/Sunday Mail informó el domingo de que BT está hablando con asesores para defenderse de una compra si Deutsche, cuyo valor es de 71.000 millones de euros, lanza una oferta.

Tanto ambas empresas como los banqueros se han negado a hacer comentarios, pero sería un momento extraño para que Deutsche presentara ofertas. Los reguladores aún no han aprobado la adquisición mediante acciones de 26.000 millones de dólares (23.000 milloens de euros) de la estadounidense Sprint por parte de la propia Deutsche. De ninguna manera los accionistas apoyarían una mayor presencia en BT antes de que el jefe de Deutsche, Tim Hoettges, arregle las cosas en Estados Unidos. Y BT sería difícil de engullir: el valor empresarial del grupo británico, 36.000 millones de libras (40.000 millones de euros), es aproximadamente 1,6 veces superior al ebitda que obtendrá Deutsche este año, según los datos de Refinitiv. El acuerdo por Sprint está listo para elevar el apalancamiento de Deutsche más allá de su objetivo máximo de 2,5 veces el ebitda, descartando una oferta en efectivo.

Los alemanes tampoco se garantizarían obtener la aprobación regulatoria con ningún enfoque: el Gobierno de Gran Bretaña planea otorgarse más poderes para examinar los acuerdos por motivos de seguridad nacional; pocos operadores nacionales de banda ancha son de propiedad extranjera.

El frente que debería ocupar la mente de Jansen son los efectos colaterales del Brexit. Una salida caótica de la Unión Europea podría implicar unos tipos de interés más bajos, lo que podría inflar el déficit del plan de pensiones de BT justo un año después de que acordara dedicar otros 4.500 millones de libras (5.000 millones de euros) hasta 2020 para ayudar a tapar el agujero.

Un golpe a la confianza de los consumidores también podría frustrar las esperanzas de crecimiento, que dependen de la subida de los precios y de la aplicación de tarifas premium a las conexiones de banda ancha y móviles de mayor calidad.

La actual batalla regulatoria es otro gran problema. BT está presionando al regulador Ofcom para que imponga un conjunto de obligaciones menos onerosas a su papel como proveedor “universal” de banda ancha. Dicho organismo de control también puede imponer nuevos topes de precios a las líneas de internet que vende BT a competidores más pequeños. Deutsche y otros posibles pretendientes harían bien en mirar desde la distancia.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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