Colaboración público-privada para avanzar en vivienda

Un elemento clave para un desarrollo sostenible es que las promotoras incorporen suelo estratégico a sus carteras

En los últimos años, la ralentización de los tiempos de obtención de licencias ha traído consigo una escasez de suelo finalista, que afecta especialmente a grandes ciudades como Madrid y Barcelona, donde la oferta se absorbe con especial rapidez.

Esto empieza a ser un problema en los mercados de mayor empuje, donde ya se están produciendo tensiones de precios en los terrenos que salen a la venta. De momento, esta situación se produce solo de manera puntual y en zonas concretas, spero dibuja un escenario alarmante para todos los agentes que conforman el sector inmobiliario si no se toman las medidas adecuadas.
Sin suelo finalista suficiente, será imposible alcanzar las 120.000-150.000 viviendas que necesita el mercado y no se estabilizará el crecimiento de los precios. En definitiva, el sector inmobiliario, en pleno momento de auge, no podrá responder a la demanda ni generar vivienda apta para los jóvenes que quieren acceder a su primer hogar.

Ante este contexto, un elemento clave para garantizar un desarrollo sostenible y equilibrado del mercado residencial es que las promotoras incorporen suelo estratégico a sus carteras y profesionalicen el proceso de consecución de las licencias, colaborando con las administraciones.
En este sentido, una herramienta que puede permitir agilizar los procesos de la Administración es el BIM (Building Information Modelling). El BIM es un sistema de diseño, gestión y explotación de los proyectos de construcción, basado en un modelo 3D virtual paramétrico, que permite hacer simulaciones y reducir costes. Además, permite recoger la información de los distintos profesionales en un único diseño centralizado, potenciando el trabajo colaborativo.

Cada vez somos más las promotoras que las utilizamos en nuestros proyectos y, a través de la Comisión BIM, tratamos de fomentar la implicación del sector público en su implantación. Con ello, esperamos aumentar la productividad del sector y ahorrar de forma significativa el gasto en mantenimiento de activos.

No obstante, además del trabajo conjunto con las administraciones, es necesario que las promotoras apuesten por suelo estratégico no finalista. Aunque entraña un mayor riesgo y una tramitación más compleja, apostar por el suelo estratégico contribuye al saneamiento del sector y es necesario para mantener el ritmo de la construcción cuando se termine el suelo finalista, controlando las tensiones de precios. De lo contrario, es complicado que una promotora cumpla con sus planes de negocio y pueda desarrollar viviendas a largo plazo.

En definitiva, el sector se enfrenta a un momento crucial. En un punto de auge como el que vivimos, si queremos que la falta de suelo finalista no frene el crecimiento de nuestra actividad, debemos trabajar mano a mano con las administraciones para garantizar la materia prima de nuestro sector y, sobre todo, facilitar el acceso de los jóvenes a la vivienda.

Juan Antonio Gómez-Pintado es Presidente de Vía Célere

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