Tal vez la última oportunidad de España en Cuba

Madrid tiene ante sí una oportunidad, quizás la última, de liderar las oportunidades surgidas de las relaciones bilaterales

Hace apenas cinco años un fondo de inversión global ofreció más de 200 millones de dólares para el desarrollo de medicamentos en la isla. Este fue un acuerdo puramente comercial en el que los proyectos se seleccionaban sólo por su monetización, lo que no convenció a los entonces decisores cubanos.

Las reformas económicas introducidas en Cuba tuvieron su primer gran impacto en la visita del entonces presidente francés, François Hollande, en 2015, que activó de manera muy notable las inversiones francesas en la isla. Por entonces, España estaba à côté de ses pompes y en fuera de juego diplomático en La Habana.

Hace unas semanas, el holding estatal cubano BioCubaFarma y el Gobernador de Nueva York anunciaban la creación de la empresa biotecnológica Inmunotherapy Alliance. Esta entidad, primera de su tipo, surgida del hasta ahora inédito -y no por ello menos sorprendente- binomio Cuba - Estados Unidos, desarrollará medicamentos contra el cáncer a partir de productos concebidos por la isla. Su objetivo a largo plazo es comercializarlos en EE UU.

Las autoridades cubanas se han sacudido algunos miedos y han sabido ver en este acuerdo más que meros intereses financieros. El respeto por el trabajo y el bien común es, gracias a esta alianza, un sello a añadir a la marca Cuba, una moneda de largo plazo que traslada la credibilidad de la isla a los entornos internacionales, suspicaces por el ruido de las sanciones, los bloqueo y la llamada “Twiplomacy” (gobernar desde Twitter.)

La visita oficial del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, tras 32 años de vacío bilateral, es un buen punto de partida para relanzar las oportunidades comunes que pueden surgir de la colaboración de ambos países. España debe contribuir en la consecución de una Cuba mejor, gracias a la relación histórica privilegiada, en la que destacan los ámbitos comercial, de cooperación, cultural y migratorio.

Vistos los positivos efectos de los cambios introducidos en Cuba en materia de inversión extranjera, tenemos la obligación de subirnos al tren al que países como Francia y Estados Unidos ya tomaron su billete.

España tiene ante sí una oportunidad, quizás la última, de liderar las oportunidades surgidas de las relaciones bilaterales frente a otros estados y tender puentes de cooperación sólidos, enviar un mensaje diplomático al mundo y, por supuesto, consolidar espacios de colaboración en sectores estratégicos como telecomunicaciones, energía e infraestructuras que son y serán claves en el desarrollo de Cuba. Ya se perdió algo en Cuba, y por el bien de ambos pueblos, pasemos a la acción.

Oniel Díaz es Managing Partner de Kreab Cuba

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