Hanói, el caos que no que querrá perderse

Tradición y modernidad en un desorden trepidante

La humedad y la falta de aceras complican la vida al peatón

Puente rojo de Vietnam
El lago Hoan Kiem, en el centro de la ciudad, con su famoso puente rojo de madera. Cinco Días

Nada más poner un pie fuera del aeropuerto Noi Bài le sacudirá una bofetada de calor tórrido y húmedo que le dejará tan empapado como si se hubiera duchado vestido. Bienvenido a Hanói, la principal puerta de entrada –necesitará visado– a Vietnam. Ese calor pegajoso provocado por una humedad que en los meses de verano alcanza el 100% y no baja del 80% el resto del año, le acompañará día y noche por la bulliciosa capital asiática.

Más de mil años de una historia convulsa, llena de invasiones, de guerras e independencias han forjado a sangre y fuego el carácter y la idiosincrasia de esta ciudad displicente con el visitante extranjero.

Como cruce de culturas que ha sido, reconocerá en su arquitectura su pasado milenario en La Ciudadela, a las afueras de Hanói; los barrios chino o francés, con sus bonitos edificios coloniales; la ciudad más tradicional con sus antiguas y estrechas calles del barrio antiguo, divididas por oficios, o la capital más moderna y cosmopolita representada por rascacielos como la Torre Keangnam, el más alto del país.

Hay un Hanói para las gestas militares en el Mausoleo de Ho Chi Minh, el héroe nacional, y el Museo de Historia Militar, donde merece capítulo aparte la Guerra de Vietnam.

Las motocicletas circulan como un reguero sin fin a todas horas y en todas direcciones en una ruidosa aventura interminable

En su primera incursión por la capital vietnamita se dará cuenta que Hanói no es una ciudad amable con el peatón. Apenas hay aceras y cientos de motocicletas circulan a todas horas y en todas direcciones sin aparente orden ni concierto.

Le sorprenderá la cantidad de pasajeros o mercancías que pueden llevar a la vez unas motos de tan pequeña cilindrada, sin que apenas haya percances. Y le asombrará también la facilidad que tienen los vietnamitas para echarse una siesta sobre ellas, en cualquier momento. Si se atreve, alquile una, la experiencia vale la pena.

El ruido de cláxones y bocinas todo el tiempo llega a ser bastante perturbador y difícilmente soportable, pero no deje que estos contratiempos empañen su visita a Hanói. Tampoco le dejará indiferente la telaraña de cables que se entrecruzan y encaraman en edificios y azoteas.

Motos Vietnam
Motos en un improvisado aparcamiento. Cinco Días

El lago Hoam Kiem resulta un oasis en el centro de la ciudad al que acudirá más de una vez. Cruzándolo, su famoso puente de madera de color rojo. Alrededor del lago hay un templo y una pagoda –edificio budista de varios niveles que se construía en las inmediaciones de los santuarios– que podrá visitar y, si tiene suerte, alguien le podrá contar alguna de las numerosos historias y leyendas sobre esta laguna y la tortuga que la habita.

Hanói es conocida como la ciudad de las pagodas, las más populares son la del Pilar Único, por su inusitada planta –fue reconstruida–, única en el país, que se levanta sobre un lago artificial y tiene forma de flor de loto. Se localiza muy cerca del Mausoleo de Ho Chi Minh. Una de las antiguas y más bonitas es la de Tran Quoc, con su característica piedra roja, a las afueras de la ciudad.

Tips de viaje

Hanói
Escena cotidiana en una calle del barrio antiguo. Cinco Días

Dong Xuan. En el barrio antiguo, es el mercado cubierto más grande de la ciudad. Variopinto, no es para compras turísticas.

Pequeña Notre Dame. Es la catedral de San José, neogótica y la más antigua. Se la conoce así no por el templo parisino sino por la Notre Dame de Saigón

De compras. Hanói es un paraíso para todo tipo de compras, pida siempre descuentos. Mercadillos por doquier y todo tipo de tiendas en el distrito de Hoan Kiem. Si busca seda tendrá que ir al distrito de Van Phuc.

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