¿Por qué Google hace hardware?

El buscador pretende ser referencia para desarrolladores

La firma cumple dos décadas y estrena nueva gama de aparatos

¿Por qué Google hace hardware?
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Para Google la guerra del software, el dominio real, se hace a través del hardware, pero no con las ventas. Google, que acaba de cumplir 20 años, y esta semana ha estrenado una nueva hornada de gadgets: móviles, tableta y asistente para el hogar, no pretende hacer dinero con modelos bien acabados, con precios por encima de lo que marcas punteras, solo superados por Samsung y Google, sino generar un patrón que sirva de ejemplo de buen uso.

Su intención es diferente a la de los demás fabricantes, especialmente Apple. Los de Mountain View pretenden marcar el paso, hacer que otros fabricantes se inspiren y construyan a través de estos, y conectar con los desarrolladores de aplicaciones y programas, la pieza más cuidada del engranaje de Google y clave para su liderazgo. A Google le importa poco que Apple venda más iPhones, iPads y altavoces. A Google le obsesiona conseguir una experiencia tan estandarizada como la que consiguen los de la manzana con iOS, Mac y Siri.

Google rescató Motorola, un icono americano, nacida en Chicago y creadora del teléfono móvil. La puso al día, impuso sus métodos y tomó algunas patentes para poner Android en el siguiente nivel. Tras quedarse con algunos de los directivos de la histórica firma, como Rick Osterloh, maestro de ceremonias durante la presentación y máximo responsable de hardware, la vendió. En 2011 la adquirió por 12.500 millones de dólares. En 2014 pasó a manos de Lenovo por 2.900 millones. El pujante gigante chino ya se había quedado con la división de ordenadores de IBM, los míticos Thinkpad.

Ahora se renuevan con los Pixel, como denominan a la nueva generación de móviles modelo. Antes eran Nexus; los precios se quedaban en la frontera de los 400 euros, y cada vez los fabricaba una marca distinta. De Samsung a LG, pasando por la Huawei. HTC también tuvo el honor de estar entre los elegidos. La relación fue tan positiva que Google se decidió a invertir 1.100 millones de dólares a cambio de contar con 2.000 empleados del fabricante como parte de un equipo conjuntos para crear nuevos gadgets. Los Pixel, en apariencia sin marca, son fruto de este acuerdo.

Su incursión en los asistentes de voz no es casual. Como tampoco lo es su entrada en la realidad aumentada, un campo que les ha interesado más que la virtual desde que empezaron a pujar. AdWords, los anuncios por palabras, son la vía principal de ingresos de Google. El sistema inventado por Susan Wojcicki, hoy CEO de YouTube, en cuyo garaje se fraguó este imperio publicitario. Antes de que comience a dar muestras de agotamiento, buscan crear nuevos soportes.

Impulso al sistema Android

Con Pixel, Google quiere mantener su cuota de Android, más del 5% del mercado de telefonía mundial. Google sabe que es muy difícil que el consumidor medio, o incluso los sibaritas, estén dispuestos a pagar más de 800 euros por un móvil de marca desconocida, pero sí lo harán aquellos dedicados de lleno a crear aplicaciones que respeten las directrices de Google.

Con Slate se propone dar un impulso a Chrome OS, su sistema operativo para tabletas y ordenadores (sus chromebooks), y demostrar que también se puede trabajar con estos cacharros. Con Home Hub pretende entrar en el hogar y ser un miembro, virtual, de cada familia. Ninguno será un súper ventas, pero posicionan a Google como un innovador con la mirada puesta enel futuro que busca inspirar a los crean sobre su plataforma.

Las ventas usando la voz, como bien sabe Amazon con Alexa, son parte de su futuro. Superponen una capa por encima de la realidad, convierte cualquier espacio abierto o pared en una potencial valla publicitaria con publicidad de gran valor añadido. Google sabe la ruta que se suele hacer, los intereses de cada cual y la localización.

Las difuntas Google Glass sirvieron como campo de pruebas. Fue un hardware fallido, directamente al cementerio de los experimentos de Silicon Valley, pero fue así cómo se abrió una nueva categoría, los wearables. De aquello solo quedan los relojes, con Apple Watch a la cabeza, y algunas lecciones sobre lo que socialmente se puede aceptar y dónde están los límites de la privacidad. Las Glass se vetaron en espacios cerrados y se obligó a que avisasen si se estaban haciendo fotografías o grabando vídeos.

Era sentido común, un bien escaso entre los ingenieros de élite en la Bahía de San Francisco. Google colecciona más fracasos que éxitos con hardware. Con un matiz, este es el tipo de fracaso que tanto se venera en Silicon Valley. El error que sirve para aprender de manera acelerada, en un entorno controlado y evitar pérdidas a mayor escala en algo que no es un experimento.

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