Liberalizar el tráfico ferroviario sin remover obstáculos no es liberalizar

La entrada de competidores de Renfe en el sector puede verse retrasada por la dificultad de alquilar trenes

Si algo se puede decir ya de la liberalización del sector ferroviario en España es que se trata de un proceso que está despertando un extraordinario interés en el sector privado, así como que seguramente no estará exento de conflictos. Más de una veintena de empresas que pretenden competir con Renfe sobre el trazado del AVE están asistiendo expectantes a los numerosos problemas que ILSA, un consorcio que aspira a realizar la línea Madrid-Montpellier (ya liberalizada), está encontrando para conseguir trenes de alquiler y maquinistas profesionales. Pese a que la ley obliga a Renfe a facilitar trenes de alquiler a sus competidoras, una cosa es la norma y otra su aplicación sobre el terreno. La operadora asegura no contar actualmente con trenes disponibles, a lo que hay que sumar que Renfe Alquiler, la filial creada para encargarse de estas operaciones de arrendamiento, ha sido vaciada de activos, los cuales han sido traspasados a Renfe Viajeros. Tal y como están las cosas, la entrada de operadores privados en la línea de alta velocidad podría retrasarse considerablemente.

Entre los aspirantes a competir con Renfe figuran operadores internacionales (SNCF y Deutsche Bahn), fabricantes de trenes (Talgo y CAF), grupos de infraestructuras (Acciona, ACS, GVI y Ferrovial) y empresas como Globalia o Alsa, entre otras. Todos ellos están siguiendo de cerca los problemas de ILSA, a la espera de que se aclare cuál debe ser el papel de Renfe y cuales sus obligaciones respecto al alquiler de trenes. Será la CNMC, organismo al que ILSA ha pedido amparo, la encargada de dar una respuesta al conflicto. En caso de que Renfe sea exonerada del deber de alquilar sus trenes, sus futuros competidores deberán acudir a los fabricantes de trenes homologados.

Pese a que hay que esperar el dictamen del organismo de competencia, existen algunas consideraciones que parece razonable tener en cuenta. La primera es que un proceso de liberalización plagado de obstáculos no puede considerarse como tal, mientras que la segunda pasa por recordar que introducir competencia en el mercado ferroviario, como en cualquier otro sector, elevará la calidad y aumentará la oferta.

 

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