La industria turística debe prepararse para un futuro que ya está aquí

Los datos apuntan a que en poco más de diez años el sector en Europa vivirá una auténtica revolución

El sector turístico español está viviendo actualmente las primeras señales que alertan del fin (o al menos, del enfriamiento) de una época de vacas gordas que ha durado tres años, y que ha permitido a la industria recuperar las cifras de dos dígitos de antes de la crisis. La llegada creciente y constante de viajeros vivida durante varios ejercicios se ha frenado este verano –los datos de julio del INE muestran una caída interanual de casi un 5%– y aunque las compañías aéreas han salvado la temporada mejor de lo que se esperaba (por la menor conflictividad laboral), el crecimiento en este ámbito también ha sido menor que en 2016 y en 2017.

Desde la industria, el diagnóstico es prácticamente unánime. La recuperación del turismo en los destinos del norte de África –que buscó sol y seguridad en España tras el estallido de la Primavera Árabe en 2011– es una de las razones que explican este suave descenso en la afluencia de turistas a las plazas españolas. Los datos no son lo suficientemente contundentes como para hablar de un cambio de ciclo, pero sí indican una tendencia y apuntan a que la rivalidad con esos destinos aumentará y estará determinada por el precio. En ese terreno, el de las ofertas y las rebajas, los destinos como Egipto o Túnez puede batir fácilmente a la industria española, dado que cuentan con menores costes y salarios. Precisamente por ello, la gran baza del turismo en España pasa por avanzar hacia una oferta cada vez de mayor calidad y más diversidad con el fin de atraer al viajero de mayor gasto, que proviene de mercados como Estados Unidos y Latinoamérica y que pronto llegará también de Asia y China, los focos del futuro.

Los datos apuntan a que en poco más de diez años el turismo en Europa vivirá una auténtica revolución en la que la calidad de la oferta y del servicio cobrarán cada vez más peso. El sector en España tiene pendiente desde hace años una suerte de reconversión y modernización en la que ocupa un lugar fundamental la profesionalización del empleo que debe acompañarse de una mejora razonable de los salarios, como se reconoce desde la propia industria. Se trata de una tarea ambiciosa y se debería poner en marcha cuanto antes.

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