Contra la ralentización del crecimiento, otro impulso a las reformas

El crecimiento no se reanima solo con decisiones fiscales redistributivas sino que deben estimular también la oferta para que sea la que genere su propia demanda adicional

Algunos de los indicadores adelantados de la actividad económica del segundo trimestre, como las contrataciones, invitaban a pensar que se había producido un crecimiento de la economía más vigoroso en los meses de la primavera que en los del pasado invierno, o al menos, similar. Pero el avance de la Contabilidad Nacional ha sorprendido con un incremento del PIB mucho menos optimista, con un tirón trimestral del 0,6% y una pérdida de pulso tal, que lleva el crecimiento interanual por debajo del 3% por vez primera en los tres años y medio últimos. Puede tratarse de un escalón coyuntural, pero la ralentización de las exportaciones cuando aún no puede hablarse de efectos reales de la guerra comercial debe preocupar puesto que tiene más que ver cierta pérdida de impulso de la demanda en Europa. En cuanto a mercado interior, la información sobre el crédito a los hogares ha sorprendido favorablemente en julio, aunque sea más de la mano de los préstamos al consumo que de un impulso a la inversión lo que lo ha movilizado; parace indicar que la demanda interna mantiene la fortaleza tendencial.

En todo caso, si en los trimestres venideros se confirma este escalón más modesto de crecimiento, puede tratarse del fin de la recuperación cíclica (la que tras una fuerte recesión devuelve la producción a los niveles previos a la contracción), y de una maduración más temprana de lo esperado del ciclo y de la vuelta al comportamiento potencial de la economía. Si fuera el caso, las autoridades políticas deben hacer una seria reflexión y tomar decisiones para elevar el avance potencial de la actividad, ya que sin un plus sobre los competidores será imposible devolver la ocupación a los niveles cercanos al pleno empleo en que se desenvolvió antes de la recesión.

Esas decisiones son necesariamente reformistas, puesto que el estímulo que puso en marcha el actual ciclo puede estar agotándose, tras casi una legislatura huera de reformas. El crecimiento no se reanima solo con decisiones fiscales redistributivas, que ponen renta de una cuenta a otra, sino que deben estimular también la oferta para que sea la que genere su propia demanda adicional. Las sombras geopolíticas y sus efectos sobre la economía española no pueden ser combatidas desde aquí, pero sí pueden ser compensadas con un nuevo impulso reformador, unido al respeto de todo aquello que queda del anterior y que ha mostrado su efectividad en el crecimiento y en el empleo. La lista de reformas pendientes no deja de crecer, a medida que las circunstancias del mercado lo exigen: energía, formación, servicios profesionales, liberalización de mercados de servicios y bienes, administración pública, sistema de pensiones, etc. La tarea es larga.

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