Una vida simple, pero tecnológica

La innovación debe ir encaminada a simplificar la vida

Hace días conocí en el valle del Nansa, en Cantabria, a Alba Sueiro, una emprendedora que, después de vivir en Áms­terdam y en Maastricht, ha regresado al lugar en el que nació en Cantabria para desarrollar The Cantabrian, un concepto de apartamentos medioambientales sostenibles en la aldea de Serdio.

Un proyecto interesante como tal me pareció su autora. Pero fue mi compañera de mesa Ana Muñoz Vita, una periodista milenial muy concienciada con el consumo responsable, quien me comentó que Sueiro era la responsable además de un blog y defendía un movimiento bautizado como Una vida simple. Empecé a curiosear en este diario online y en su Instagram, y me enganché.

Fue hace siete años cuando, por culpa de un documental, What would Jesus buy? (¿Qué compraría Jesús?), decidió consumir en comercios locales y apostar por productos elaborados en condiciones justas, y asumió una forma de vivir más sencilla y más respetuosa con el planeta, pero sobre todo con su entorno.

De hecho, hizo que modificara completamente su estilo de vida. Hasta aquí, un gesto digno de admirar, que demuestra una gran fuerza de voluntad para no caer en los millones de tentaciones consumistas y de distracciones que acechan cada segundo de nuestra vida. Eso sí, sin renunciar a la innovación, esto es, a la tecnología.

Porque el escaparate que utiliza esta defensora de las cosas sencillas, aquellas que realmente le hacen feliz, es precisamente el soporte tecnológico y las redes sociales. Una bocanada de aire fresco en medio del caos y de la saturación tecnológica en la que estamos atrapados y de la que no podemos desengancharnos. O eso es lo que parece. La innovación, en este punto en el que estamos, debe ir encaminada a simplificar la vida, a liberarla, no a crear más ataduras.

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