El triunfo de López Obrador no es suficiente

El nuevo presidente mexicano tiene grandes desafíos a los que enfrentarse en su mandato

El nuevo presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, celebra su victoria en las elecciones.
El nuevo presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, celebra su victoria en las elecciones. EFE

Andrés Manuel López Obrador es el nuevo ganador de las elecciones presidenciales de México. El populista de izquierda se ha comprometido a erradicar la corrupción y a frenar la creciente violencia relacionada con las drogas, al mismo tiempo que impulsa la economía de 1,2 billones de dólares y da aliento a los pobres.

Tiene grandes desafíos por delante. La tasa de homicidios es la más alta jamás registrada, más de 13.000 muertes hasta el pasado mayo, un tercio más que en 2017, según cifras oficiales. La producción de petróleo se ha reducido a casi la mitad desde 2004. El peso mexicano llegó al mínimo de los últimos 17 meses hace dos semanas mientras el dólar se recuperaba, las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte se paralizaron y algunos inversores mostraron nervios antes de las elecciones.

Parte figura mesiánica y parte manifestante callejero, los objetivos de López Obrador están interrelacionados. Propone financiar nuevos gastos de infraestructuras, mejores pensiones y mayores becas para estudiantes.

Según sus cálculos, cumplir su programa generaría unos 500.000 millones de pesos (25.000 millones de dólares) al año: el 10% del presupuesto federal, o el 2% del PIB. Sin embargo, es poco probable que esas sean las cantidades. La corrupción arraigada está fomentada por bandas de narcotraficantes enormemente ricas, e instituciones débiles, y llevará generaciones superarla.
López Obrador puede tener que elegir entre romper su promesa de no subir los impuestos, aumentar la deuda o reducir el gasto social.

Una economía fuerte ayudaría, pero a López Obrador le falta para potenciar el crecimiento a un 5% al final de su mandato desde el 1.3% actual. Sus asesores dicen que respetará la independencia del banco central y que puede superar su vieja oposición a la liberalización energética de México, que ha atraído inversiones privadas y extranjeras muy necesarias para el sector.

Pero su deseo de lograr autoabastacerse de alimentos, construir nuevas refinerías para Pemex, la gigantesca petrolera estatal, y darle al Gobierno un peso más fuerte en la economía, está impregnada del México de los años setenta, no de su reciente encarnación favorable al mercado. Su ascenso puede ser justo lo que su país no necesita.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Daniel Domínguez, es responsabilidad de CincoDías.

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