Erdogan puede seguir con sus malas políticas

Suele expresar su gusto por los tipos bajos, provocando la caída de la lira e inflación

Un seguidor de Tayyip Erdogan, presidente turco, transporta una foto suya, ante la sede del partido AKP, en Estambul.
Un seguidor de Tayyip Erdogan, presidente turco, transporta una foto suya, ante la sede del partido AKP, en Estambul.

El presidente turco, Tayyip Erdogan, puede imponerse en política y, sin embargo, ser un fracaso en los mercados. Ganó las elecciones presidenciales del domingo, mientras su partido, AKP, y sus aliados nacionalistas cantaban victoria en las parlamentarias. Eso podría envalentonarle para adoptar el tipo de políticas que son anatema para los inversores.

Vale, eso no es obvio dada la reacción inicial a los resultados (en la mañana de ayer la lira turca subía y el índice BIST 100 hacía lo propio, aunque luego se dieron la vuelta). Pero no fue tanto un respaldo a las políticas de Erdogan como una expresión de alivio, puesto que el país ha evitado el estancamiento que se habría producido si Erdogan hubiera ganado la presidencia y la oposición el Parlamento.

La alegría del mercado podría desvanecerse rápidamente. Erdogan tiene la costumbre de expresar su preferencia por tipos oficiales bajos con contundencia suficiente como para poner en duda la independencia del banco central. Sus declaraciones llevaron a la lira a registrar mínimos históricos frente al dólar en el mes anterior a las elecciones. Si bien el banco central acabó respondiendo con una pronunciada subida de tipos, si Erdogan reanudara sus llamamientos a una política monetaria más flexible, provocaría otra caída de los activos turcos.

Las anteriores caídas de la lira han provocado un aumento de la inflación, que supera el 12%. Las políticas fiscales expansivas que ayudaron a la economía turca a crecer un 7,4% interanual en el primer trimestre están aumentando la presión sobre los precios. El déficit presupuestario en los primeros cinco meses de este año fue un 78% mayor que en el mismo período de 2017. El viceprimer ministro Mehmet Simsek dijo el día 8 que la prioridad del país era bajar la inflación a un solo dígito y abordar desequilibrios como el déficit por cuenta corriente. Ahora que las elecciones ya se han celebrado, Erdogan tiene menos necesidad política de impulsar la economía. Pero puede que no esté dispuesto a recortar el gasto lo suficiente para lograr esos objetivos.

A los votantes que se benefician de su generosidad fiscal puede que no les importe, pero a los inversores sí. Y a pesar de su creciente influencia política, Erdogan no puede doblegar a estos a su voluntad.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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