Rafael Fontana: “Un robot nunca sustituirá a un abogado"

Le quedan cuatro años al frente del despacho, que el año pasado cumplió cien años

Y una prioridad: la felicidad de sus empleados

Rafael Fontana, presidente de Cuatrecasas.
Rafael Fontana, presidente de Cuatrecasas.

Asegura que su máxima preocupación en estos momentos es lograr que los abogados que le rodean sean felices. Para Rafael Fontana (Barcelona, 1954), presidente de Cuatrecasas, el centro de todo negocio se encuentra en las personas, y por ello toda organización debe perseguir el bienestar de los suyos. Confiesa además que es vegano, práctica en la que le introdujo su mujer, Beatriz Ferrer-Salat, amazona de doma clásica e hija del expresidente de la CEOE y del Comité Olímpico Español, Carlos Ferrer-Salat, a la que procura acompañar en las competiciones en las que participa y de la que asegura que aprende cada día de lo que es el rigor y la disciplina. Le faltan cuatro años para jubilarse, según los estatutos del despacho fundado en Barcelona en 1917 por Pedro Cuatrecasas, al que se rinde homenaje en la nueva sede, alzada en 22@Barcelona, el barrio empresarial más moderno de la ciudad, ubicado en Poblenou. A la entrada del moderno edificio, una escultura de Xavier Corberó contiene cuatro letras: ética, un recordatorio del principal valor que siempre quiso tener muy presente el fundador. Desde su despacho se divisan unas espléndidas vistas de la ciudad, con el Mediterráneo de fondo, que también sirve de inspiración.

Le quedan cuatro años por delante.

Dejaré de ser socio, pero si me piden una función específica se puede seguir, pero es bueno que se respete. Abre el cielo enladrillado que dicen los jóvenes. Es bueno dar espacio a quien quiera apuntarse a esta aventura apasionante o complicada como es la abogacía.

¿Por qué dice que es complicada?

Porque hay más competencia, el mercado está muy segmentado, va dirigido a un asesoramiento global, de especialidades en las que se aporte valor añadido. Y hay que ser muy exigentes porque los clientes también lo son. Hay dos cosas que me ocupan en estos momentos: las personas, es nuestro activo y hay cuidarlo; y los clientes. . Me cuesta entender el trabajo si no tienes a abogados que atiendan bien al cliente, que transmitan lo gratificante que es esta profesión, por otro lado, muy sacrificada. Le das mucho, pero también te da mucho.

¿Qué le ha dado a usted la abogacía?

Me ha dado lo que no esperaba. Nunca pensé cuando estudiaba la carrera que iba a llegar hasta aquí, que iba a conocer a gente con talento… Lo que es la vida, cuando te acercas al poder ves las cosas de manera distinta. Me ha enriquecido mucho, y no todas las ocupaciones lo permiten.

¿Qué retos le ocupan en estos momentos?

Acabar de institucionalizar la firma y hacer una sucesión ordenada del despacho. Mi carrera siempre estuvo ligada a la de Emilio [Cuatrecasas, anterior presidente], era un tándem que funcionaba bien. Ahora, con Jorge Badía, un socio inteligente con capacidad para discernir los temas rápidamente, debe saber apreciar que es importante conocer a la gente bien. Otro reto ambicioso y sano, y en el que hay que convencer a los socios, es que tenemos que abrazar la tecnología en vez de rechazarla, de manera que sigamos siendo disruptivos y sigamos marcando el paso.

En esta sede, han prescindido del tradicional despacho, en favor de los espacios compartidos.

La idea es que en un despacho se pueda compartir, que haya diversidad, y hemos apostado por las salas de trabajo con tecnología para compartir conocimiento. La tecnología más efectiva es la que se sabe usar, favorece el trabajo en equipo y cualquier atención al cliente requiere ser transversal y eso se consigue con el trabajo en equipo. Aquí no solo trabajan abogados, también hay 50 ingenieros, porque es necesario saber qué es lo que hay que decirle a una máquina. Antes estaban en el back office, ahora están al lado del abogado.

Un robot puede llegar a sustituir a un abogado?

No temo por el riesgo de nuestra profesión, necesaria como garantía del Estado de Derecho, pero la inteligencia artificial te ayuda en temas de predictibilidad, aunque tienes que pedirle y darle la información que quieres obtener. La máquina aprende de sí misma cuanto más la enseñas, y un abogado cuanto más conocimiento tenga más puede enseñar a una máquina. El abogado debe tener capacidad de empatía, de convencer, de generar confianza, de comunicarse, además de dominio del inglés, la lengua de los negocios.

Toman el pulso a la realidad económica a través de sus clientes, ¿en qué momento nos encontramos?

España es atractiva para los negocios, hay confianza en el país, en su mercado, en su legislación y justicia. El año pasado fue excepcional, y este año va a ser mejor. Desde nuestra atalaya vemos muchas operaciones, sobre todo del real estate, del sector financiero con integraciones de entidades, la irrupción de las fintech, a cuyo lado deben ponerse los bancos, que no pueden ponerle puertas al campo. Las trabas administrativas de Europa deben adaptarse a la economía civil, hay que favorecer el acceso a la creatividad. El sector turístico sigue muy fuerte, también hay inversión en tecnología, energía, comunicación…

¿Por qué le gustaría ser recordado?

Por ser alguien que se preocupaba por la gente. Pido que la gente sea feliz. No es un objetivo que hay que lograr como abogados sino de las personas, ya que se convive mejor. Los que tenemos una posición distinta, aquellos a los que nos ha tocado la china de dirigir una empresa, tenemos la responsabilidad de hacer que la gente se sienta bien. Se trata de ayudar a tirar del carro, y no queremos ser el despacho más grande, sino el mejor; no los más ricos, sino las mejores personas.

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