El euro debería, al menos, parecer irreversible

El euro debería, al menos, parecer irreversible

El nuevo Gobierno italiano ha venido a recordar a la eurozona que está lejos de poder sentirse segura. No se trata solo de que la prima de riesgo italiana haya alcanzado los 300 puntos básicos o de que contagie ligeramente a la española.

Es preocupante que la banca española esté, o haya estado, tan pendiente de la situación en Italia pese a no tener negocio en el país. Que el Banco Sabadell suba y baje como en una montaña rusa pendiente de las declaraciones de los excéntricos ministros italianos prueba de que ni el círculo vicioso entre deuda y Estados no se ha cerrado, y que la eurozona es débil. El mercado suele ser listo, a su exagerada y bipolar manera: España no está a un paso de salir del euro, pero la eurozona sigue siendo frágil porque los riesgos siguen estando confinados en cada país.

Periodistas y expertos aludimos con reiteración a Mario Draghi como la persona que salvó el euro, sin explicar del todo bien qué ha hecho y qué no ha hecho. Draghi ha activado un programa de compra de bonos con dinero del BCE (SÍ), ha prometido que hará “lo que haga falta” para defender la moneda única (SÍ) y dispone de un programa de compras de deuda masivas para ello (SÍ). Pero Mario Draghi NO ha activado este programa de compras masivas, y las compras ya realizadas NO suponen compartir los riesgos; de hecho solo el 20% del riesgo lo asume el BCE.

Estos riesgos se quedan en los bancos centrales nacionales; si se diera el caso de la ruptura del euro, no cruzarían la frontera; si antes de intervenir el BCE los bonos del Tesoro se concentraban en los bancos privados, hoy están en los bancos centrales: 370.000 millones en el Banco de Italia, por ejemplo. El programa de compras del BCE (de todo tipo de bonos y de todos los países de la eurozona) ha rebajado los tipos de interés, pero el efecto sobre la prima de riesgo y el sistema bancario se minimiza en condiciones de estrés. No, no hay un escudo protector para Italia; todos los mecanismos ideados en estos años (una sopa de letras que incluye el OMT, el LTRO, y su sucesor el TLTRO, el SMP, el APP, el CBPP y el CSPP) son condicionales y limitados. El BCE tiene armas para contener una eventual sangría, y podría inventarse nuevas siglas. Pero son parches; la eurozona sigue siendo muy vulnerable.

Es vulnerable porque, mientras el dinero no conoce fronteras y sus movimientos no están sujetos al riesgo divisa, los problemas sí están segmentados. Los de Italia son de Italia: si el mercado pone el foco por su disfuncional Gobierno o por sus cuentas públicas, el capital saldrá de Italia. Las personas y las empresas sacarán sus depósitos de los bancos, los inversores venderán bonos y al sector financiero se le cerrará el grifo del crédito. Como si el banco cae, quien responde por los depósitos es el Estado de origen, sobre el uno castigan al otro.

Que la banca española se haya contagiado muestra que la vulnerabilidad no es de Italia, sino de una unión monetaria que no se considera irreversible. Nada en la vida lo es, ya lo sabemos, pero conviene que lo parezca. Especialmente en el mundo financiero, donde las únicas profecías que valen son las autocumplidas.

Más allá de lo que haga el BCE mañana, o de cómo acaba este culebrón italiano, el euro no tiene aún los mimbres de una unión monetaria duradera. Es imperativa la reforma del euro, que debería pasar por una unión bancaria y por algún tipo de mutualización de riesgos, como explica aquí gente más lista que yo. De lo contrario, el mecanismo actual de que cada palo aguante su vela es una invitación al desastre.

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