El secreto para innovar como Apple

Apple ha generado la cultura de la revolución y ahora es un estilo de vida y no una empresa que vende ordenadores.

Apple era innovación. Las presentaciones de sus productos generaban una inmensa expectación, como si se fuese a descubrir un nuevo planeta. Algo nuevo de Apple significaba una nueva revolución, y eso enganchaba. Apple ha generado tal cultura y seguimiento, que ahora es un estilo de vida, y no una empresa que vende ordenadores. 

Ya desde hace algún tiempo, se rumorea que esa chispa, esa atmósfera de innovación y revolución que tanto enganchaba, se ha desvanecido con el fallecimiento de Steve Jobs. Al frente de Apple, había un innovador sin igual. Una persona que rompió las reglas y empezó a think different. Una persona que no entendía el mundo de la época e impuso el que él tenía en la cabeza. 

Para Steve Jobs, innovar no pasaba por salir a preguntar a los clientes qué querían, ni pasaba por conocer las últimas tendencias en el mercado. Su secreto para innovar era, simplemente, mantenerse lo loco que hiciese falta, para hacer realidad su visión: crear un ordenador increíble, del tamaño de un libro, que pudieras llevar a todos lados y que aprendieses a usar en 20 minutos. 

Esto no es nada fácil. Traducir esta obsesión en realidades significa continuar avanzando cuando todos los demás tiran la toalla. Significa seguir creyendo en tu visión cuando todos los demás la cuestionan. Significa seguir adelante, aunque te echen de tu propia empresa por loco, como le ocurrió a él. 

Un ejemplo de su perfeccionismo a la hora de innovar es, sin duda, la maestría con la que presentaba sus nuevos productos. Una maestría fruto de una práctica exhaustiva durante semanas, en las que se analizaba cada detalle, desde la velocidad de las transiciones, a la orientación de las sombras en una diapositiva. O, quizás, el anuncio de la SuperBowl de 1984, que desencadenó toda la cultura publicitaria del evento. O el hecho de que los tornillos, e incluso el aspecto de los circuitos internos de los ordenadores, fuesen estéticamente bonitos. Innovar al nivel que lo hacía Apple, significa estar dispuesto a abarcar hasta el más ínfimo detalle, para que absolutamente todo sea perfecto. 

Es inequívoco que fue él quien llevó a Apple donde está ahora. Y la llevó tan alto, que, aunque ya no esté, sigue muy, muy arriba. Era únicamente su visión. Pero, casualmente, era la correcta. 

Para innovar como Jobs, necesita un líder que vea otro mundo, que convenza de su visión, y que, casualmente, sea la correcta. Innovar significa impactar con lo nuevo. Esto se puede hacer a pasitos cuantitativos, donde, en base a lo que pasa hoy, se decide lo que pasará mañana. O se puede hacer a nivel cualitativo, y crear productos "5 años antes de su tiempo", como Steve decía. Para esto último, se necesita una visión loca, se necesita a un pensador diferente (y mucho, mucho trabajo). 

En definitiva, Apple tenía un ingrediente secreto, que conseguía las innovaciones tecnológicas más alucinantes de los últimos tiempos: tenía un líder al que muchos llamaban loco, pero que, en realidad, sólo vivía en un mundo que aún no había llegado.

Ignacio Díaz de Argandoña, consultor en Watch & Act

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