Así ha conseguido Europa fomentar las pensiones privadas

En Suecia hubo un debate de 15 años para reformar el sistema

Bruselas quiere impulsar la figura de los planes de pensiones paneuropeos

El sistema público de pensiones afronta un momento decisivo. Con un déficit anual de 18.000 millones de euros y fuertes presiones políticas para no acometer ninguna reforma, cada vez son más las voces que claman para que haya un amplio acuerdo político que garantice los ingresos futuros de los pensionistas.

Para enriquecer el análisis sobre hacia dónde debe evolucionar el modelo español de previsión social, la Fundación Mapfre ha impulsado una mesa de debate, en colaboración con Cinco Días, en la que participaron tres especialistas en este ámbito, provenientes de Alemania, Francia y Suecia, con la moderación por parte del consejero delegado de Mapfre Vida, Juan Fernández Palacios, y del director de este diario, Ricardo de Querol.

“La experiencia de los países aquí presentes son muy interesantes para el caso español. Francia, por la proximidad geográfica, cultural y legal. Alemania, como motor de la economía europea. Y Suecia, porque puso en marcha su reforma hace ya 20 años y tiene mucho que aportar de su situación”, explica Juan Fernández Palacios.

En el caso de Suecia, el país inició el debate sobre la reforma de su sistema de pensiones a mediados de los años 80. El auge de la natalidad se había producido antes que en otros países europeos, y veían que tenían que hacer algo antes de que se empezara a jubilar la generación del baby boom.

“Fueron 15 años de debate, pero en 1999 logramos aprobar un nuevo modelo. Un elemento clave para que funcionara esta reforma es que hubo un consenso fuerte entre los partidos de derechas y los socialdemócratas”, explica Eva Erlandsson, economista jefe de la patronal de seguros de Suecia.

Uno de los grandes pactos fue crear un sistema de cuentas individuales virtuales. Así, cada trabajador sueco sabe cuánto está aportando al sistema público de pensiones y cuánto está cobrando tras su jubilación. Además, se pactó que el sistema de pensiones se financiara con las aportaciones de los trabajadores, al margen de los presupuestos generales.

“Sí que hay una pensión mínima, de unos 800 euros al mes, que corre a cargo del Estado. A partir de ese importe, las pensiones se pagan con las aportaciones de los trabajadores”, apunta Erlandsson.

Además, con la reforma se generalizaron los planes de pensiones pagados por parte de las empresas, que hoy tiene el 90% de los trabajadores suecos.

“Algo que me ha sorprendido de España es que se cobre una pensión que es, de media, el 80% del último salario. En Suecia esa cifra parece casi absurda. Allí, los ingresos por la pensión pública representan el 50% del último salario. Con el dinero que proviene de los planes de empleo, la cifra llega al 60%. Solo unos pocos trabajadores, con sueldos altos y largas carreras de cotización han llegan a esa cifra del 80%, apunta Erlandsson.

Suecia también fue pionera en el envío de una carta a los trabajadores para saber cuánto dinero iban a cobrar. “La gente al principio se enfadaba mucho, porque veía que iba a cobrar menos de lo que esperaba. Pero al final esa información sirve para que la gente se conciencie y tome sus decisiones de ahorro”, apunta esta especialista.

Uno de los puntos en que coinciden todos los expertos es que, para garantizar el correcto funcionamiento del sistema, deben potenciarse varias fuentes de ingresos para los futuros jubilados: una pensión pública sostenible, una pensión ligada a su vida laboral y, para aquellos con capacidad económica, una pensión puramente privada.

“Cada país tiene su propia problemática económica y demográfica, pero en todos hay una preocupación por el futuro de las pensiones y un intenso debate sobre cómo hacer más sostenible el sistema”, explica Xavier Larnaudie-Eiffel, director general adjunto de la aseguradora francesa CNP.

Este especialista recuerda que las previsiones de los grandes organismos internacionales no son nada halagüeñas, contemplando unas importantes caídas en las pensiones públicas que cobrarán los europeos en las próximas décadas.

Larnaudie-Eiffel ha participado en el debate en la Comisión Europeo sobre la implantación de un nuevo tipo de producto para fomentar el ahorro a largo plazo, los planes de pensiones paneuropeos (PEPP, por sus siglas en inglés). “Sería una señal muy positiva por parte de Bruselas. Si un joven trabaja en varios países, con varios empleados, sería necesario que esos planes paneuropeos garantizaran la portabilidad entre países.”

Otra batalla que está librando el sector es que se defina claramente qué tipo de productos son considerados como planes de pensiones, para estandarizar la definición en todos los países europeos. “Deberían incluirse solo productos de largo plazo, con algún tipo de garantía y coberturas para el caso de fallecimiento, y con un esquema claro de acumulación y desacumulación”, apunta Larnaudie-Eiffel.

En el caso alemán, uno de los grandes éxitos ha sido la introducción de incentivos en las pensiones privadas. “Las pensiones Riester se han hecho muy populares. El Estado aporta un dinero cuando el trabajador ahorra. Si tiene hijos, el Estado aporta aún más. Para las rentas altas, hay desgravaciones fiscales. El resultado ha sido muy satisfactorio, con 16 millones de contratos”, explica Peter Schwark, consejero de la patronal aseguradora alemana.

Suecia: cuentas individuales y cartas informativas

Eva Erlandsson, economista jefe de la patronal de seguros de Suecia.
Eva Erlandsson, economista jefe de la patronal de seguros de Suecia.

El sistema sueco de pensiones, reformado íntegramente en 1999, se basa en una pensión mínima (que paga el Estado con cargo a los presupuestos generales), una pensión personal, y unos planes de empleo (que tienen contratados el 90% de los trabajadores). Además, se incluyó el envío de una carta a todos los empleados para que supieran cuánto dinero habían aportado ya para su pensión. “El envío de la carta ha permitido que la gente sea más consciente de cómo funciona el sistema y sepa que tiene que ahorrar para la jubilación”, explica Eva Erlandsson, economista jefe de la patronal de seguros de Suecia.

Los trabajadores suecos destinan de media el 18,5% de su salario a contribuir al sistema de pensiones, con un tope máximo de base de cotización en 18.500 euros. La mayor parte de estos fondos se destinan a financiar la caja única de su sistema público de pensiones, pero una pequeña parte va a planes privados, donde el trabajador puede elegir la gestora con la que trabaja y qué grado de riesgo quiere asumir.

“Aunque la reforma funcionó bien, seguimos debatiendo cómo retocarla. Es probable que aumentemos la edad mínima de jubilación de 61 a 65 años”, explica Erlandsson.

Alemania: el Estado aporta a los planes privados

Peter Schwark, consejero de la patronal de seguros de Alemania.
Peter Schwark, consejero de la patronal de seguros de Alemania.

Alemania puso en marcha en 2002 las pensiones Riester, un tipo de vehículo que perseguía compensar la progresiva reducción de las pensiones públicas. Para fomentar su contratación, el Estado hace aportaciones a estos planes privados cada vez que el trabajador mete dinero. “Son incentivos para el ahorro, que están muy bien definidos. Por ejemplo, si tienes hijos, el Estado hace una aportación adicional. Para las rentas altas, en lugar de una aportación, el Estado articula una desgravación fiscal”, explica Peter Schwark, consejero de la patronal alemana de seguros.

Las pensiones Riester han tenido mucho éxito entre los trabajadores, y hay más de 16 millones de contratos. El 40% de los empleados por cuenta ajena tiene este tipo de producto.

“Aún con las reformas realizadas, seguimos evaluando el sistema cada diez años. La esperanza de vida está creciendo sin parar y la gente está infraestimando cuánto tiempo va a vivir y cuánto dinero necesita tener ahorrado”, apunta Schwark. “Muchos llegarán a los 90 años o a los 95 años, y no se han dado cuenta de que tienen que destinar más recursos al ahorro para la jubilación”.

Francia: hacia un modelo adaptativo y sostenible

Xavier Larnaudie-Eiffel, director general adjunto en el grupo francés CNP Assurance.
Xavier Larnaudie-Eiffel, director general adjunto en el grupo francés CNP Assurance.

El Gobierno de Emmanuel Macron en Francia tiene encima de la mesa la puesta en marcha de una batería de reformas, entre ellas, la del modelo de pensiones públicas. “La presión que tiene el Ejecutivo es enorme, pero debe tener en cuenta que el sistema que se apruebe tiene que ser sostenible, y tener capacidad de adaptación para no tener que reformarlo cada 10 años”, explica Xavier Larnaudie-Eiffel, director general adjunto en el grupo francés CNP, una de las grandes aseguradoras del país.

En el sistema francés de previsión social complementaria tiene una gran importancia el sector asegurador. Tal y como ha ocurrido en otros países, durante años ha habido un intenso debate sobre si los planes privados deberían ganar un mayor protagonismo. “En general hay consenso en que así debería ser, pero también hay que reconcoer que los sistemas privados han sufrido algunas correcciones fuertes algunos años”, apunta el experto.

Larnaudie-Eiffel reconoce que uno de los modelos que está funcionando muy bien en otros países es el de adscripción automática a planes de pensiones de empresas. “Es el mejor modelo para conseguir que los jóvenes comiencen a ahorrar para la jubilación”.

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