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Sed fuertes, Pablos.

«Aquellos que pueden hacerte creer en absurdos pueden hacerte cometer atrocidades»Voltaire

«¿Esta dormida?» cuarteto-vals de la zarzuela «Agua azucarillos y aguardiente» (Pasillo veraniego en un acto) de Federico Chueca y libreto de Miguel Ramos Carrión

Pepa – Amelia FontAsia – Rosa Martín Doña Simona – Pepa Rosado Serafín – David MuroOrquesta del Teatro calderón José Antonio Irastorza (director)

El género chicoAprovechando, una vez más, que volvemos a sacar como ejemplo una zarzuela del "género chico", me interesa deshacer un entuerto muy habitual: el pensar que el término género chico se refiere a la totalidad de las zarzuelas. El término, lejos de tener una consideración de despectivo tiene un trasfondo económico. Todo empezó a mediados del XIX, y en un intento de abaratar los espectáculos, el Teatro Variedades de Madrid creó un sistema consistente en cambiar las cuatro horas de duración de cada zarzuela, —con un precio por entrada muy alto— por cuatro funciones breves de una hora cada una y sin la obligación del espectador de asistir a todas.

Fue así como nació el teatro por horas y la zarzuela corta de no más de una hora de duración. Hacia 1873 el teatro Apolo de Madrid se convirtió en el centro neurálgico de éste nuevo sistema de representación teatral. De las cuatro funciones diarias destacó la última a la que todo el mundo se refería con el apelativo de «la cuarta de Apolo».

A cada una de esas obras cortas e intrascendentes se dio el apelativo de «género chico». No hay nada más, solo que, como parece obvio, una obra de una hora de duración es más "chica" que otra de cuatro horas de duración.

Nada que extrañar ya que este sentimiento congénito de inferioridad forma parte del espíritu de "ser español" que creo nos invade desde ese fatídico año de 1898. En este sentido, las declaraciones de Torra comparando el supuestamente diferente ADN de los catalanes con el de los franceses o suizos y, a la vez, desligándose del que poseemos el resto de españoles (y por extensión de los portugueses) es de lo más "español" que uno podrá ver en mucho tiempo. La Europa del Norte siempre como aspiración de los "españoles" decepcionado por nuestros fracasos como nación.

Este subgénero de la zarzuela, se vio pronto influenciado por el resurgir de la opereta francesa de manos de Jacques Offenbach. Un compositor de origen alemán pero, como suele suceder siempre, pasa (a pesar de que su apellido le delata) por ser de lo más francés.

En medio de las obras patrióticas de Giuseppe Verdi, los grandes espectáculos de la “grand opera” de Giacomo Meyerbeer en París o las obras de “arte total” de Richard Wagner surgía un estilo de espectáculo en el que primaba lo sarcástico y lo irreverente. Sacar a la luz todos las fuerte contradicciones y el falso oropel de una sociedad que se creía más de lo que realmente era primaba por encima de cualquier consideración. España, donde todas estas contradicciones de la sociedad se veían extrapoladas a su máxima expresión, era un caldo de cultivo muy propicio para el nuevo género. Su éxito era mayor cuanto más los personajes y las tramas de estas obras fueran un fiel retrato del Madrid de aquella época, con todos sus “vicios” y costumbres.

La calidad musical de este nuevo género era mínima, por no decir inexistente, y su trama estaba muy ligada a los acontecimientos más cercanos en el tiempo de la audiencia y, por lo tanto, identificables por todos ellos. Aun así, y dado que (quitando nombres, hechos y situaciones concretas) nada ha cambiado, podríamos decir que sigue siendo todo muy contemporáneo para una audiencia con más de cien años de distancia en el tiempo de la que lo oyó por primera vez.

Agua azucarillos y aguardiente

El músico Federico Chueca fue uno de los grandes maestros del “género chico”. Ya hemos hablado en otra ocasión de otra de las obras maestras del género: «La Gran Vía», en donde se hacían presentes todos los enredos municipales y las opiniones populares en torno a la creación de esta avenida (hoy nos haría buena falta una zarzuela sobre la Operación Chamartín o sobre el Edificio España).

«Agua, azucarillos y aguardiente fue uno de los mayores éxitos de Chueca. La obra se estrenó en el teatro Apolo de Madrid el 23 de junio de 1897 y llegó a las doscientas representaciones ininterrumpidas. Durante años se mantuvo en las carteleras de otros teatros de España y de Hispanoamérica. Es una de las obras que mejor representan el género chico.

El libreto está ambientado en el Madrid de los últimos años del siglo XIX, justo un año antes del final de la guerra de Cuba (en concreto de la Guerra hispano-estadounidense) en la que España perdió todas sus posesiones en América y Asia. Esta guerra es el símbolo del final del fracaso de un sistema corrupto como fue el de la restauración, que había sido establecida anteriormente por el gobierno de Alfonso XII a finales de 1874.

El cuarteto-vals (en concreto el personaje de Serafín) es una muestra de ese grado de corrupción y oportunismo político que era la marca de la España de la época. Aún así, este régimen aguantaría al más de 30 años más ya que su final definitivo se enmarca con la proclamación de la II República en 1931.

Si bien económicamente la guerra fue favorable, las consecuencias políticas fueron serias. En el plano económico, las grandes cantidades de capital en poder de los españoles en Cuba y los Estados Unidos (equivalente al 25% del PIB) retornaron y fueron invertidos en negocios en la metrópoli ayudando a desarrollar las industrias del acero, la química, las finanzas, la industria textil, la energética o la naval. En el plano político, la guerra y el inmenso choque con la realidad, puso en evidencia la ineficiencia de las estructuras patrias para modernizarse. Lo económico tapó lo político, pero solo durante unos años.

Argumento

La acción se desarrolla en Madrid en el mes de agosto en un puesto de refrescos (el aguaducho). El argumento gira alrededor de un enredo de carácter económico en el que están implicados, sin saberlo, los protagonistas. El personaje central del enredo es Aquilino, un hombre de negocios, propietario de pisos baratos de alquiler y prestamista.

Con Aquilino están endeudados Serafín, Simona y Pepa, que tiene alquilado el aguaducho de Recoletos. Aquilino tiene la costumbre de marcar los billetes que presta a sus deudores, de manera que al final cuando Simona y Pepa cumplen con la deuda se da cuenta que tiene en sus manos el dinero que en su momento prestó a Serafín (velocidad del dinero). «Me pagan con mi propio dinero», dice malicioso sospechando que Serafín se entiende tanto con la joven Asia como con Pepa.

Niñeras, amas de cría y sus criaturas, barquilleros, soldados, un casero/usurero (Aquilino), una novia sensiblera (Atanasia, Asia para los amigos) y su madre (Simona), ambas pobres de solemnidad, con intenciones de casar a su hija con un petimetre, hijo de un político (Serafín) completan el cuadro de la obra.

Todo se resume en una España pobre, pero con ínfulas de grandes señores se encuentra endeuda hasta las cejas y controlada por los prestamistas, la apariencia se hace dueña de todos ellos y no hay ningún reparo en recurrir a la corrupción, al cinismo o al engaño para sobrevivir en la selva de la que todos ellos adjuran pero que contribuyen a crear y alimentar. Entre medias va apareciendo el tema amoroso, la seducción, los apuros económicos, los celos, el timo, la nostalgia o saudade de las niñeras gallegas, para terminar con un pasacalle de chulapos y chulapas en homenaje a la verbena de San Lorenzo.

Serafín y Anastasia (Asia para los amigos).

Si nos parecía poco lo de los Master fantasmas de Cristina Cifuentes y la licenciatura "con apoyatura" de Pablo Casado, esta pasada semana la atención se centró en la compra de un chalet en la localidad madrileña de Galapagar por parte de Pablo Iglesias e Irene Montero. Para ello han solicitado una hipoteca de 540.000 euros a pagar en 30 años. Parece ser que, la decisión de esta compra viene motivada por su paternidad inminente (serán padres en el verano de dos niños gemelos), porque tienen tres perros (razón por la que buscan una vivienda unifamiliar con jardín) y por la cercanía de un colegio público conocido por un método educativo de aprendizaje alternativo de su gusto.

La hipoteca ha sido suscrita para una propiedad al 50%, por lo que cada uno afrontará el pago de 270.000 euros. Suponiendo que han desembolsado alrededor de unos 120.000 euros, los restantes (sumados los gastos de gestión e impuestos de tramitación) la deuda se queda en los 540.000 euros. Ello supone, con los tipos de interés actuales (-0,1889% Euribor medio a 12 meses de abril y 0,75% de diferencial), una cuota de 1.630,14 euros/mes. En caso de que el tipo medio del Euribor a 12 meses alcanzase el 2,0%, la cuota se situaría entonces en los 2.204,50 euros/mes. Prácticamente el 50% de los ingresos sumados de ambos.

La reacción de algunos compañeros de partido a la "filtración" de la operación y la consulta a la bases propuesta por los interesados pone de manifiesto el nerviosismo de los dirigentes del partido a la noticia. La incongruencia de la decisión con los postulados de ambos (que no pueden ser justificados con los argumentos de la paternidad, los perros o el colegio) son un golpe bajo en la línea de flotación de la formación y, lo que es peor, me parece que todavía ellos no son conscientes de su magnitud y del inmenso daño que se han auto-afligido. La completamente enrevesada intervención de ayer tarde de Juan Carlos Monedero en el programa de televisión de la Sexta «Liarla Pardo» y la reacción del público son síntomas que habrán de ser analizados con interés. Se equivocarán si no le dan su justo valor.

Es fuego "amigo".

«Panaderos» - Duelo entre la Manuela y la Pepa de la zarzuela «Agua azucarillos y aguardiente» (Pasillo veraniego en un acto) de Federico Chueca y libreto de Miguel Ramos Carrión

Concha Velasco (Pepa) y Nati Mistral (Manuela) en el programa «Viva el espectáculo» de RTVE.

El número que causó mayor furor en el día del estreno de la zarzuela fue el duelo entre Manuela y Pepa. Ambas aguadoras, la primera llevando una vasera (bandeja con huecos para los vasos) por la calle, mientras que la segunda (gracias a un préstamo de Don Aquilino) dueña de un puesto fijo en el mismo Paseo de Recoletos. Aunque todo acaba bien, el enfrentamiento entre ambas era de esperar que se produjese en algún momento. Y se produjo.

Pablo Iglesias, al igual que su tocayo Pablo Casado, son victimas de lo mismo que ellos han creado. Uno movido por la vanidad de aparentar lo que no son esgrimiendo una formación que resulta difícil de justificar y otro por lado la hipocresía de acusar a otros de algo que en el fondo se desea para uno mismo. Al fin ya al cabo en los partidos se medra no por mérito o coherencia del mensaje sino por la cercanía a los dirigentes más influyentes. Perder el tiempo formándose (pero pregonar la excelencia de la formación) y vivir como realmente se desea (pero pregonar que la cercanía es su activo político) no son buenas estrategias. Pero ello tiene un precio y es el de dejar un flanco abierto a tus enemigos.

Cristina Cifuentes cayó pero quien parecía venir a sustituirle no estaba muy lejos de los pecados que la hicieron caer. La cofundadora de Podemos Carolina Bescansa cayó, tras una absurda maniobra de indiscreción de su propuesta-borrador a Errejón, en el ostracismo político. Otra "indiscreción" ha puesto al borde del ostracismo a la pareja "reinante" de Podemos. El absurdo de consultar a la bases su permanencia como lideres, sin poner como opción la venta del inmueble, pone en evidencia que el "modo de vivir" que han elegido no se puede poner en tela de juicio. Lo que se consulta es si su liderazgo es compatible con decir una cosa y hacer otra completamente opuesta. Aquí el mensaje de Voltaire es esclarecedor y el reto de la bases de Podemos inmenso.

Por último una aclaración: No. No hay periodismo de investigación. Los medios de comunicación actualmente son parte integrante de la cloaca del Estado. Esto no es un ejemplo de una sociedad vigilando a su aparato político. Es un aparato político purgándose internamente luchando por quedarse con las sobras de un modelo que muere. El reciente "cabreo" de Pablo Casado en los platós televisivos de media España no iba dirigido a nosotros (o por lo menos, pensando en una mínima inteligencia del interlocutor, no debería) sino a la clase política. Pero solo porque le perjudicaba.

Aquí se pone en evidencia toda su ignorancia o miopía política: cuando algo se hunde no hay que mantenerlo vivo. Hay que dar el salto a algo nuevo (igual lo que les bloquea no es solo ignorancia, sino también cobardía).

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