Cómo invertir en la nueva era del crudo tras el portazo de Trump a Irán

La decisión de Trump de romper el pacto nuclear con el país persa dispara el precio del petróleo al filo de los 80 dólares, ante la perspectiva de sufrir un recorte en la producción

La situación da alas a las petroleras, pero empieza a incomodar algunos países ante la próxima cita de la OPEP

Brent pulsa en la foto

Donald Trump puso punto y aparte esta semana a un capítulo que ha marcado la evolución del mercado del crudo en los últimos años. Anunció que Estados Unidos rompe el pacto nuclear con Irán y volverá a implantar las sanciones contra uno de los principales productores de petróleo del mundo, que había accedido a retirar Barack Obama en 2015.

La decisión entonces de abrir el grifo al petróleo made in Irán sacudió los cimientos del mercado, atenazado en ese momento por las dudas sobre la marcha de la economía china, que ponía en jaque la demanda mundial. Todo esto finalmente incentivo a la OPEP e hizo saltar todas las alarmas cuando el Brent perdió los 30 dólares por primera vez en 12 años.

Gigantes del sector como Arabia Saudí, temerosa de los efectos de un petróleo barato para siempre en sus cuentas públicas y el déficit, impulsó al cártel a acordar el primer recorte en la producción de crudo que sumaba también a países externos como Rusia. Un pacto que se firmó en noviembre de 2016 y se prolongó en dos ocasiones y vencerá a finales de año.

Los analistas se mantienen expectantes antes de conocerse la letra pequeña sobre cuál será el estatus a nivel internacional de Irán, sin descartar tampoco una renegociación futura del pacto más al gusto de Trump. El gobierno iraní se reunirá el martes con la UE para decidir los detalles de esta nueva era.

Félix Arteaga, analista del Instituto Elcano, explica que EE UU no es el mayor comprador de petróleo iraní. Tampoco Europa, que es el destinatario de unos 600.000 barriles al día de los 2 millones que bombea Irán. Este es el papel de China, destinatario de unos 800.000 barriles diarios. La cuestión para este experto está en si China absorberá todo el crudo que Europa dejará de comprar si Trump fuerza a Europa a ello. En caso contrario aumentaría la oferta y provocaría una corrección.

Pero, por el momento, el crudo no hace más que subir. En la última semana ha avanzado cerca de un 3%, que se suma al 15,4% que ha progresado en lo que va de año, y al 52% de los últimos doce meses. Marca su nivel más alto desde noviembre de 2014 y se aproxima a los 80 dólares por barril.

Pocos analistas se atreven a dar un precio objetivo para el petróleo en el corto plazo. Sin embargo, el mercado vislumbra que las caídas puedan llegar de un momento a otro. Esto es lo que supone haber entrado en backwardation. Es decir, cuando el precio de los futuros de petróleo es más barato que el de entrega hoy.

Otros expertos, como Félix González, socio director de la eafi Capitalia Familiar, considera que el Brent ha abierto un hueco de espacio alcista que le puede llevar a batir los 80 dólares. Daniel Varela, gestor de Attitude Patrimonio, apunta a que el petróleo seguirá subiendo en el largo plazo, sin acusar el desarrollo del coche eléctrico o las fuentes de energía alternativa. También plantean que la decisión de Trump cree un suelo para el petróleo por encima de los 70 dólares

Estos niveles empiezan a ser preocupantes para la economía de los países más dependientes energéticamente. Entre ellos destacan los europeos y, fundamentalmente, España. Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis, resta importancia a la influencia que puede tener en este momento la subida del petróleo, y recuerda que no se notó en el segundo semestre del año pasado, cuando ya arrancó el rally del crudo. Según los datos del Ministerio de Economía, el precio medio de los hidrocarburos ha subido en torno a 10 céntimos en lo que va de año.

Lo previsible es que el alza en el petróleo termine por notarse en los datos de inflación. Una subida de los precios, aunque esperada por los bancos centrales, puso nerviosos a los inversores a inicios de año y provocó contundentes caídas en las Bolsas. Sin embargo, y pese a que los tipos del bono estadounidense a 10 años han superado esta semana el 3%, los analistas no consideran que tenga un gran efecto sobre la Bolsa. Juan Gómez Bada, director de inversiones de Advantage Capital, explica que la razón está en que tanto el BCE como la Fed toman sus decisiones en política monetaria según la inflación subyacente, que no tiene en cuenta el precio de la energía.

Tampoco es un contexto bueno para algunos de los países productores. A la OPEP le interesa que el petróleo esté caro, pero no demasiado. Los niveles a los que cotiza el petróleo empiezan a ser excesivamente cómodos para los frackers estadounidenses, el principal enemigo de los tradicionales grandes productores de petróleo. Cuanto mayor sea su precio más influencia perderán estos sobre el mercado.

Las buenas perspectivas del sector hacen que muchos analistas recomienden invertir en estas compañías para subirse a la nueva ola del petróleo. Lacalle recomienda las dedicadas a la exploración y los servicios petroleros. Frente a ellas, ve menos interesantes las grandes petroleras de las que dice "están mejor preparadas para soportar las caídas en el crudo pero también reflejan peor las subidas". Recomienda otear dos índices ligados al sector, el XLE y el OSX.

El año en curso es un buen tiempo para este sector. El índice Thomson Reuters Europe Oil&Gas, que aglutina a los mayores grupos del Continente, sube un 9,65% en 2018. Entre ellas destacan Statoil y Eni, que avanzan en torno a un 20%, o Repsol, Shell o Total, que progresan más de un 10%. Gómez Bada recomienda analizar compañía a compañía y no dejarse llevar por el ruido geopolítico.

Más allá de invertir en valores concretos, la forma recomendada por los analistas tradicionalmente para subirse a la ola del crudo, los ETF sobre petróleo, se han revelado como uno de los productos estrella del año. Según los datos recopilados por Morningstar, los fondos cotizados ligados al crudo suben entre un 15% y un 25% este año, frente al delicado momento de otros fondos cotizados (como los ligados a la volatilidad) que triunfaron los años anteriores. Lacalle aconseja estos productos si se quiere invertir directamente en la materia prima. Otras vías, como futuros o contratos de diferencias (CFDs), son más complejos y nada recomendables para minoristas.

El marco de inversión en la nueva era de sanciones a Irán queda condicionado, eso sí, a una cita más. La reunión de la OPEP que se celebrará el próximo 22 de junio, donde decidirán si mantener los recortes del crudo hasta fin de año o empezar la retirada. Previsiblemente, el nuevo escenario que ha introducido Trump tensionará hasta el extremo las negociaciones.

Ya en noviembre, Rusia se desmarcó del sentir genera. Preocupado por que el precio del crudo subiese más de lo deseado, el ministro de Energía del Kremlin aceptó finalmente prorrogar los recortes con la condición de revisar este pacto en junio y abrir entonces el melón de inciar la retirada de los recortes. Algunos expertos ya hablan de que la OPEP pueda fijarse en los bancos centrales e iniciar una especie de proceso de tappering para retirar los recortes sin asustar al mercado.

El problema es que por el momento cualquier atisbo de aumentar la producción de crudo cuenta con la oposición frontal del gran peso pesado del cártel, Arabia Saudí. El país está inmerso en un programa para reducir la excesiva dependencia de la economía del crudo, mitigar el déficit y darse armas para pelear en momentos en que el petróleo está excesivamente barato. Pero para ello necesitan que el crudo no caiga demasiado en los próximos meses e incluso ya han asegurado que no ven con malos ojos que el precio se eleve por encima de los 80 dólares al menos hasta que saquen a Bolsa su petrolera estatal, Aramco, prevista para el año próximo.

"Por razones geopolíticas los países del Golfo querrán agudizar la situación de Irán e impondrán medidas que le impidan sacar al mercado las toneladas de crudo que EE UU deje de comprar", asegura Arteaga. En el trasfondo de esta idea está el milenario enfrentamiento entre Arabia Saudí e Irán, que no es otro que el sostenido entre las dos facciones mayoritarias del Islam, sunnitas y chiítas. A Rusia, sin embargo, le interesa todo lo contrario.

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