Anticiparse a la eclosión del sector de ‘blockchain’ es clave en una economía digital

Los expertos vaticinan un cierto enfriamiento de las ICO y una batalla por la financiación

Las predicciones sobre el crecimiento exponencial de las empresas tecnológicas de blockchain han pasado de ser meros augurios para convertirse en una potente realidad. Los datos sobre la financiación que consiguieron estas compañías el año pasado a través de las Initial Coin Offerings (ICO) (una financiación a mitad de camino entre el crowfunding y la salida a Bolsa) dan una idea del potencial que está acumulando el sector. La cifra, 4.044 millones de dólares, es cinco veces mayor que la levantada por las compañías de capital riesgo y 47 veces superior a la de hace solo un año. El 75% de los fondos captados por las empresas de blockchain en los dos últimos años lo han sido a través de criptoemisiones, mientras que solo el 27% han llegado a través del capital riesgo.

La primera conclusión a partir de estos datos es que tanto el negocio del blockchain como las criptomonedas como medio de financiación han dejado de ser una mera ecuación de futuro y que su potencial de negocio es enorme, así como el interés que despiertan en los inversores. Ello tiene su contraprestación en el riesgo, del que cada vez más voces advierten, de generar una nueva burbuja, agravada por las incógnitas que generan las criptoemisiones debido a la ausencia de una regulación específica que proteja suficientemente a los inversores.

Los expertos en el sector vaticinan un cierto enfriamiento de las ICO y una batalla por la financiación de las empresas de blockchain en la que el capital riesgo tendrá mucho que decir, así como un crecimiento exponencial del sector en los próximos años, y no solo en Estados Unidos, sino también en Europa. Prepararse para esa eclosión y hacerlo a través de una regulación segura al tiempo que atractiva y flexible constituye una apuesta estratégica que la UE no debería dejar pasar. Si en todos los sectores el que llega temprano tiene ventaja, en la economía digital constituye una condición casi imprescindible para hacerse con la condición de mero jugador.

 

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