Las familias salen de la crisis ahorrando menos e invirtiendo más

El patrimonio arriesgado en fondos y en sociedades cotizadas supera ya al alojado en simples depósitos

La crisis ha transformado el comportamiento financiero de los hogares españoles, con un cambio sustancial en la concepción del ahorro y la inversión en sus carteras. Los riesgos del sobreendeudamiento para hacer frente a la inversión de carácter inmobiliario, junto con un cambio radical en los tipos de interés que se aplican a los depósitos, han llevado a los españoles a ahorrar menos en la forma tradicional, mientras que se incrementa la apuesta por los activos financieros de riesgo y se reduce la exposición a la inversión financiada con recursos ajenos. Los españoles se encaminan en su comportamiento hacia los formatos centroeuropeos, aunque en una buena parte destinan todavía sus ahorros a la provisión de liquidez para la banca.

Algunos datos de entre los aportados por las cuentas financieras de los hogares elaboradas por el Banco de España arrojan luz. Los depósitos tradicionales han pasado de suponer la mitad de los activos financieros a no llegar ni siquiera al 40%, mientras que las participaciones en el capital de cotizadas o no y en fondos de inversión han pasado de suponer el 29,9% en 2010 al 40,19% actual, una cifra que revela la toma creciente de posiciones de riesgo. En paralelo, las familias han reducido el peso de sus pasivos (préstamos o deudas) desde el 55% del total de los activos en 2010 al 36% ahora; de más de la mitad cuando estaban sobreendeudadas hasta un tercio cuando pueden exhibir ya datos de apalancamiento similares a los de las familias centroeuropeas.

Únicamente la proporción que representan los seguros y reservas de pensiones sobre el activo sigue ahora como en 2010, en un 16%, una cantidad que se antoja muy modesta para una sociedad en la que las finanzas del sistema público de pensiones son delicadas en el medio y largo plazo. Pero las tendencias iniciadas apuntan a un cambio estructural en la actitud sobre el ahorro y la inversión (ya hay más dinero en riesgo que en simples depósitos), que debe ser promovida para contribuir a la capitalización de una economía más volcada en las iniciativas empresariales e inversoras que en la pasividad de los depósitos de toda la vida, máxime cuando el retorno financiero de estos es cero o incluso negativo.

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