Sánchez: “Las subastas han sido elitistas, y con internet las hemos democratizado”

Alejandro Sánchez es desde 2015 director general de Catawiki en Iberia

El portal trabaja con todo tipo de artículos, siempre y cuando sean singulares

Sánchez: “Las subastas han sido elitistas, y con internet las hemos democratizado”

El mundo de las subastas está viviendo una época dorada gracias a las nuevas tecnologías. Un sector, que habitualmente se ha movido en escenarios mucho más tradicionales, ha encontrado en la digitalización una salida al mundo. En gran medida, gracias a empresas como Catawiki, un portal de subastas de artículos singulares creado en Países Bajos en 2008 y que ha sido catalogado por Deloitte como la compañía tecnológica de más rápido crecimiento del mundo, y que abrió sede en España en 2015.

La filial ibérica, con dirección en el madrileño Paseo de la Castellana, está capitaneada, y nunca mejor dicho, por Alejandro Sánchez (Málaga, 1962), economista de formación, que anteriormente ejerció como marino mercante. “La compañía empezó como un catálogo online para amantes del cómic y el manga, que fue convirtiéndose en un portal de compraventa”, cuenta Sánchez. En poco tiempo abrieron su cartera y, a día de hoy, subastan objetos de más de 80 categorías, desde sellos y monedas hasta obras de arte y coches de época, pasando por juguetes antiguos, libros, joyas o relojes. “El único requisito es que sean productos singulares”.

Para asegurar esto, continúa, la organización cuenta con una tropa de unos 200 expertos para cada una de estas categorías, repartidos por todo el mundo. “Ellos hablan con el vendedor, analizan cada producto, lo estudian y, si cumple con los requisitos, fijan un precio”. Los duchos españoles, recuerda Sánchez, ocupan un importante papel en la empresa. “Son 18, que se suman a las otras 27 personas que trabajan en la delegación ibérica”. La mayoría de ellos lo hacen en la oficina de la sede central, una sala abierta que comparten con otras dos empresas de otros sectores, en un edificio antiguo totalmente remodelado y actualizado. Sánchez, aunque tiene un pequeño despacho acristalado en uno de los extremos, está la mayoría del tiempo reunido con el equipo y ampliando el catálogo de vendedores: “Estamos muy enfocados a generar venta local”, afirma.

Por ahora, el propósito va cogiendo forma. La empresa se mueve en torno a los 50.000 objetos subastados a la semana en todo el mundo. Todas las pujas son globales, “se puede participar desde cualquier parte del mundo”, y cada una suele recibir cerca de 15 millones de visitantes. Y están profesionalizándose, con un rumbo claro hacia la especialización. Desde este viernes, y hasta el próximo, “porque todas nuestras subastas están abiertas durante una semana”, está a la venta un cuadro de Murillo. Y van consiguiendo que la gente coja confianza. “Es un negocio complicado, porque comprar algo de ese valor sin verlo es arriesgado”, pero todo está medido, auditado, analizado y garantizado, asegura.

De esta forma, han conseguido que la gente pierda el miedo a pujar en internet. “Hemos logrado que alguien compre un coche clásico sin llegar a verlo físicamente”, presume. Y es que, como recuerda Sánchez, “hemos unido internet con un mercado que era muy tradicional, y que ha sido impermeable a cierto tipo de vendedores y de compradores. El sector de las subastas ha sido un poco elitista, y en Catawiki lo hemos empezado a democratizar”. Así, gracias a este y otros canales, casi todo el mundo tiene acceso a hacerse con objetos singulares a un precio, en muchos casos, accesible. “El precio más bajo en una de nuestras subastas es de 75 euros. A partir de ahí, podemos llegar a varios millones”.

También han ayudado a otros portales de subastas especializados que, por temas legislativos, solo funcionan en un país concreto. “Por eso, hay ocasiones en las que estas casas se sirven de nuestro canal para poder llegar a mucha más gente”, cuenta.

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