Las ventajas de un campo de juegos supervisado para las ‘fintech’

Adelantarse a los competidores constituye una de las claves para entrar en un sector en constante evolución

Las ventajas de un campo de juegos supervisado para las ‘fintech’

Entre los retos que ha traído consigo la irrupción de las nuevas tecnologías en la economía –y que incluyen desde la seguridad de las transacciones hasta su tratamiento fiscal– hay uno que todavía está pendiente de resolver: la necesidad de combinar la regulación efectiva de estas actividades sin ahogar en el proceso su alto nivel de innovación. En este contexto es en el que hay que situar el acuerdo que han alcanzado la CNMV y el Ministerio de Economía para permitir que las nuevas empresas financieras de corte tecnológico –las fintech– puedan operar libremente sin verse sometidas a la rigurosa normativa que caracteriza al sector bancario. Las denominadas en la legislación anglosajona sandboxs (en referencia a los cajones de arena en los que juegan los niños) son una suerte de campos de pruebas supervisados, pero no regulados, cuyo fin es facilitar el desarrollo, así como aprender el funcionamiento y las necesidades regulatorias de nuevos sectores de actividad. Tanto Reino Unido como Singapur han puesto en marcha ya sus propios sandboxs para las empresas fintech.

La CNMV y el Gobierno aciertan en una iniciativa que busca impulsar un sector cuyo potencial es difícil poner en duda, al fomentar la competencia y sentar las bases para desarrollar, a partir de esa experiencia de actividad desregulada, una legislación ágil y eficaz, que prescinda de cortapisas inútiles. La iniciativa tiene beneficios para los inversores individuales, porque protege sus garantías al tiempo que les permite apostar por productos y proyectos innovadores.

Adelantarse a los competidores constituye una de las claves para entrar con buen pie en un sector en constante evolución, como el de las fintech. Pero no se trata de hacerlo bajo cualquier condición y mucho menos a cualquier precio, sino a través de un marco seguro y flexible, que no frene ni limite la revolución digital que se ha puesto en marcha en el sector financiero. El acuerdo de la CNMV y el Ejecutivo demuestra la voluntad de contribuir a que España no se descuelgue de uno de los grandes nichos de negocio de la economía del futuro.

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