La batalla que librará Silicon Valley en el Mobile World Congress

El debate sobre la ‘arrogancia’ y poder de los gigantes tecnológicos estará muy presente en Barcelona

Un hombre se hace una fotografía en el MWC de 2017.
Un hombre se hace una fotografía en el MWC de 2017.

Siempre es así, es difícil ver las señales del cambio. Hoy vivimos, sin percatarnos de ello, una etapa crucial en el desarrollo de la industria móvil que puede deteriorar gravemente nuestra relación con la tecnología en el futuro.

Un momento a la altura de la aparición de internet, donde afortunadamente se establecieron sólidos pilares, como los principios de neutralidad de la red, que han permitido desarrollar un espacio de libertad y oportunidades que hoy poca gente cuestiona.

Hace unos días Bill Gates advertía a Sillicon Valley que evitara convertirse en el nuevo Microsoft (2018, Interview with Axios: Bill Gates warns Silicon Valley not to be the new Microsoft), esto es, procurara no desarrollar una política arrogante, injusta, que desemboque en prácticas monopolísticas y que estaría en el límite de forzar la intervención de gobiernos.

Efectivamente, en la década de los 90s, el gigante del Software de Seattle se convirtió en el enemigo número uno de los organismos reguladores antimonopolio de Europa y Estados Unidos. Microsoft era capaz de doblegar a sus potenciales competidores en hardware y software poniendo en movimiento su músculo y peso en el mercado.

Y aunque es cierto que últimamente está de moda atacar Silicon Valley, hablar de la toxicidad de su cultura o cómo han perdido su encanto los emprendedores y startups –una contradicción que se pone de manifiesto cada vez que leemos cuantos quieren imitarlo y cómo nos apresuramos a nombrar nuestra ciudad como el nuevo Valley de la región– esta vez las señales del peligro que corremos, como consecuencia de la lucha sin medida por el control del espacio móvil en compañías como Facebook, Google o Apple, están por todas partes.

En ocasiones son cuestiones tan obvias como la última sentencia de la Comisión Europea, que incluye una multa récord de 2,42 mil millones de euros por abuso de posición al buscador, o la concentración y anormal reparto de las cuotas de mercado en publicidad móvil por el duopolio Facebook/Google. Pero otras veces se trata de movimientos más sutiles relacionados con el control que hacen de internet en el móvil compañías como Google.

Antes de entrar en el detalle acerca de qué está ocurriendo en Mountain View, diré que una lista de agravios igual de extensa puede hacerse de cualquier otro integrante del bloque GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon), y que sin duda obvio otras muchas contribuciones positivas que han hecho durante estos años ya que estas no representan un problema.

Algunos ejemplos de estas malas prácticas son desarrollos como AMP (Accelerated Mobile Pages) que menoscaban estándares que ya cubren perfectamente las necesidades para las que se han creado, conceptos como las Instant-Apps que nos vinculan inevitablemente a sistemas propietarios, toda clase de elementos arbitrarios que no son marcados como publicitarios en resultados orgánicos del buscador y degradan la libre competencia (widgets, paneles, snippets), bloqueos por motivos de “seguridad” injustificados que afectan al índice en Google, limitaciones al acceso a herramientas en sus navegadores móviles (por ejemplo no permitiendo la instalación de adblockers en Chrome para Android), control de Android vía servicios de Google Play, acuerdos poco transparentes con fabricantes de smartphones (EU Antitrust: Google abused its dominant position by imposing restrictions on Android device manufacturers), utilización interesada de conceptos y tecnologías open-source, políticas arbitrarias en todo tipo de productos en publicidad online a los que no hay una alternativa real… por no mencionar temas de privacidad y utilización de los usuarios como mercancía.

Ahora bien, hay margen para poner en marcha soluciones, no estamos ante un escenario catastrófico inevitable. Es cierto que nuestros móviles son dispositivos muy intervenidos y parten de una posición que nunca ha sido neutral, pero tenemos la opción de no alimentar al monstruo. En este primer nivel de responsabilidad es decisión nuestra como usuarios apostar por servicios abiertos que nos ofrezcan mayor libertad.

En ocasiones son gestos tan sencillos como elegir nuestras aplicaciones. Requiere muy poco esfuerzo descargar Firefox de Mozilla, organización cuyo único ánimo es defender una web abierta, en lugar de Chrome. Quizás debamos probar Telegram además de Whatsapp, esta última propiedad de Facebook, que tiene en su haber 4 de las 5 aplicaciones más descargadas del mundo. O por ejemplo hacer uso de plataformas que nos permitan instalar aplicaciones sin restricciones artificiales o que comprometan nuestra privacidad, que faciliten el trabajo entre plataformas en lugar de levantar muros que limitan nuestra capacidad de elección.

Al mismo tiempo, los que trabajamos en la industria móvil, tenemos la responsabilidad de luchar cada día para dar más poder a los usuarios, liberarlos en la medida de nuestras posibilidades de estos ecosistemas cerrados y desarrollar herramientas más justas donde la relación entre la tecnología y las personas ofrezca mejores oportunidades.

Por último, el papel más importante de este reparto está reservado para los héroes, los integrantes de un movimiento creciente que incluye los defensores de Internet y la tecnología como servicio público, activistas de la web abierta, particulares y organizaciones cuya labor es educar sobre la importancia de las políticas online, nuestros derechos digitales o la defensa de la necesaria libertad individual y privacidad en la red.

Así, en unos días veremos una nueva demostración de esta contienda en Barcelona, en el Mobile World Congress. Un espectacular escenario (con más de 6.100 consejeros delegados, 3.500 medios de comunicación y un impacto económico, según análisis de los organizadores, de 465 millones de euros en su última edición) donde estaremos todos; los gigantes tecnológicos destinados a convertirse en el nuevo Microsoft, los usuarios, probables víctimas de la arrogancia a la que alude Bill Gates y, espero que también, algunos de los que serán héroes en esta próxima etapa de la historia de la tecnología.

 Luis Hernández Garrido es CEO y cofundador de Uptodown.com

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