Juncker y sus aliados torpedean la agenda europea de Macron

El Partido Popular Europeo maniobra para impedir que el francés se haga con el control de las instituciones comunitarias

El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al presidente del Parlamento Europeo, Jean-Claude Juncker, y la canciller alemana Angela Merkel.
El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al presidente del Parlamento Europeo, Jean-Claude Juncker, y la canciller alemana Angela Merkel. GettyImages

La batalla por el poder en la Europa post-crisis acaba de comenzar. Y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ya ha recibido las dos primeras andanadas contra sus pretensiones de controlar el club europeo.

En poco más de una semana, el Partido Popular Europeo (PPE), que preside las tres instituciones comunitarias (Consejo, Comisión y Parlamento) y es el que cuenta con mayor número de diputados (217 de 751), ha torpedeado dos de las iniciativas impulsadas por Macron para intentar repetir a escala europea la estrategia que le permitió en Francia barrer electoralmente a conservadores y socialistas.

El Parlamento Europeo, con apoyo de parte del grupo Popular, rechazó la semana pasada las "listas transnacionales" impulsadas por Macron para las próximas elecciones europeas (mayo de 2019). Y el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker (PPE), ha arremetido este miércoles contra las intenciones de Macron de poner fin al sistema de elección indirecta del presidente del organismo comunitario que se estrenó en 2014.

El francés desea acabar con un modelo que, con toda probabilidad, abocará a la elección de un aspirante elegido en el seno del PPE o de los socialistas (S&D), lo que le resta margen para elevar a su propio candidato.

"Es importante que la gente sepa cuando vota quién es el candidato", ha señalado Juncker, que ha salido en defensa del modelo que le aupó hasta la presidencia. "Lo mío fue un experimento y no fue fácil convencer a todo el mundo", ha recordado Juncker.

El luxemburgués fue elegido candidato en un congreso del PPE (en el que derrotó al francés Michel Barnier) y se enfrentó a los candidatos de S&D, Martin Schulz, del grupo Liberal, Guy Verhofstadt, de Izquierda Unitaria, Alexis Tsipras, y de los Verdes, Ska Keller.

La campaña pasó prácticamente desapercibida en la mayoría de los países, a pesar de los esfuerzos de los candidatos (Juncker visitó 18 de los 28 países y Schulz, 24). Pero el procedimiento, bautizado con el término alemán Spitzenkandidaten, cuajó en Alemania, donde los intentos de la canciller Angela Merkel para evitar la presidencia de Juncker tras la victoria del PPE se interpretaron como una tergiversación antidemocrática.

Berlín tuvo que aceptar el resultado a pesar de sus dudas sobre un procedimiento que refuerza los poderes del Parlamento Europeo a pesar de la baja participación electoral en muchos países y otorga un gran control sobre la presidencia de la Comisión a unos partidos europeos con escaso anclaje en la opinión pública.

Juncker ha reconocido que el sistema puede mejorarse. Y recomienda la retransmisión a través de las televisiones públicas de los debates entre los candidatos y la obligación de que los partidos nacionales identifiquen claramente en las papeletas de voto a qué formación europea pertenecen, una norma que podría crear perplejidad en ciertos países. Las papeletas de Ciudadanos, PNV y Junts per Catalunya, por ejemplo, compartirían el mismo logotipo europeo (el de los liberales) y sus votantes estarían apoyando en realidad al mismo aspirante a la presidencia de la Comisión.

Esta heterogeneidad de las familias políticas es uno de los objetivos a batir por Macron, que aspira a catalizar el voto más euroentusiasta que ahora convive con el voto eurorreticente dentro de los grupos políticos tradicionales.

Macron quiere formar un gran grupo "proeuropeo", según su calificación, que arrebate los escaños más europeístas a populares (217 eurodiputados), socialistas (189), Liberales (68) y Verdes (51).

El marchamo europeísta también se potenciaría con las listas transnacionales, que permitirían a loo de Macron defender el mismo mensaje en todos los países mientras que populares y socialistas visualizarían las contradicciones que albergan unos grupos donde conviven Merkel y el euroescepticismo del húngaro Viktor Orban o Martin Schulz y el euroescepticismo del eslovaco Robert Fico.

"No puedo admitir que se diga que el PPE no es proeuropeo", ha contraatacado este miércoles Juncker. Y el presidente de la CE ha asegurado que su familia política "es mucho más coherente que otras". La batalla por el espacio electoral ha comenzado. En juego, el control de la UE a partir del año que viene.

Normas