‘Roadtrip’ por las Tierras Altas escocesas

En las Highlands encontramos los territorios más salvajes del país

Desde Fort William hasta Inverness, recorra lagos, montes y castillos entre leyendas

‘Roadtrip’ por las Tierras Altas escocesas

Viajamos allá donde los glaciares y tormentas se han confabulado para esculpir algunos de los parajes más increíbles del Reino Unido. En Escocia nos reciben las Tierras Bajas, en su parte meridional, bonitas, apacibles y elegantemente domesticadas, pero tras ellas nos esperan las Highlands (Tierras Altas), nuestro destino.

Un inquietante aire de misterio se apodera de este territorio. Montañas escarpadas se ocultan entre los jirones de niebla junto a ríos y lagos profundos habitados por espíritus y “monstruos prehistóricos”. El bronco litoral y las islas Hébridas se retuercen de una forma endemoniada en basalto y granito a merced del Atlántico y en los páramos interiores los castillos guardan testimonio de cruentas batallas entre clanes por la independencia. Aquí el paisaje es tan indomable como sus gentes. Las montañas se llaman ben; los lagos, loch, y los valles, glen. Bendito gaélico.

El método para explorar las Highlands lo determina el trazado caprichoso de sus carreteras, así que hágase con un coche rápido, llene el depósito y recuerde conducir por la izquierda, porque le espera la Escocia que se había imaginado.

Desde Edimburgo, tomamos la autopista M9 hacia el noroeste para detenernos en Stirling, a menos de una hora de la capital caledonia. Suba hasta el castillo de los Estuardo, construido entre los siglos XIV y XVI (entrada, 5 euros) sobre un peñasco que domina la llanura, para contemplar el campo de batalla de Bannockburn (año 1314) y el monumento victoriano en honor a William Wallace (entrada, 7 euros).

Continuamos rumbo a Fort William para atravesar el Parque Nacional de los Trossachs y Loch Lomond, frontera meridional de las Highlands. Empezamos a sentir más el país a medida que nos internamos en el norte, a medida que las Tierras Bajas van dando paso a las Highlands entre lagos brillantes que reflejan la silueta de los picos cubiertos de brezo y de nieve en invierno, y caudalosos ríos que atraviesan los bosques de pinos albares.

La cordillera central de las Highlands termina en el rudo litoral, bañado por pueblos pesqueros como Oban, bahías apacibles como la de Mallaig o playas desiertas como la de Arisaig frente a islas de enorme biodiversidad como Mull, el mejor emplazamiento para avistar ballenas.

Bordeando la costa nos rendimos ante el Glen Coe, a orillas de Loch Leven. El valle más célebre e imponente de toda Escocia, de origen volcánico y glaciar, puede llegar a ser también el más tétrico como el tiempo no acompañe. Los hay que aquí aún rinden homenaje a los miembros del clan MacDonald, masacrados en 1692 tras el levantamiento jacobita, aunque la mayoría se decanta más por el senderismo, el esquí o la escalada en hielo por sus crestas afiladas o el kayak por el fiordo.

Fort William (10.000 habitantes) nos espera 25 kilómetros al norte por la A82, acurrucado entre la montaña y el loch Linnhe. El destino rey de las actividades de aventura del país no acostumbra a defraudar al viajero dispuesto a coronar el Ben Nevis (1.344 metros), la cumbre más elevada del Reino Unido, en una subida de ocho horas. En esta zona se rodaron escenas de películas como Braveheart, Rob Roy: la pasión de un rebelde o Skyfall (James Bond).

Antes de recalar en Inverness, capital de las Highlands, tomaremos la A87 para darnos un paseo por el norte de la región, por sus vastas y agrestes llanuras y colinas grisáceas donde solo se escucha el silencio y donde la luz se cuela tímidamente entre los nubarrones. Frente a la mítica isla de Skye sobresale, en una península rodeada por fiordos, el fotogénico castillo de Eilean Donan (entrada, 5 euros), en la localidad de Dornie. Al otro lado del cabo aparece el pueblecillo de Plockton, un precioso puerto de casitas blancas en torno a una bahía salpicada de islotes.

Algo menos de dos horas tardamos en llegar a Inverness (55.000 habitantes) por la A890, cruzando todas las Highlands de oeste a este. Ciudad compacta y cosmopolita, de espíritu celta, intensa actividad cultural y culinaria, y excelente base de operaciones para descubrir los secretos de la región, como el enigmático lago Ness o el desconocido Parque Nacional de los Cairngorms.
Pasee aquí por la ribera del río Ness, conectado por elegantes puentes victorianos; contemple el castillo, emplazado en lo alto de la colina, o la catedral de St. Andrew, del siglo XIX; explore el Mercado Victoriano en busca del mejor recuerdo caledonio o el Eden Court Theatre en busca de alguna exposición de arte de vanguardia.

‘Roadtrip’ por las Tierras Altas escocesas

 Lago Ness. Un viaje a las Highlands no estaría completo sin la visita al lago Ness, el más enigmático de Europa, en el sur de Inverness. Desde 1933, la prensa inglesa y el imaginario popular se han decidido a perpetuar el mito de Nessie, un enorme monstruo que habita en el loch.

Capital del marisco. Oban es el puerto de entrada hacia las islas Hébridas Interiores del Sur, además del mejor lugar para degustar los frutos del mar escoceses.

Rumbo a Hogwarts. Tome el tren de vapor Jacobite desde Fort William hasta Mallaig por uno de los recorridos más impresionantes del mundo. Famoso por la saga de Harry Potter. Precio: desde 40 euros.

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