Satoshi Nakamoto o el misterioso creador del bitcóin

Nadie pone cara o voz al fundador de la criptomoneda que quiere revolucionar la banca

La identidad del creador del bitcóin es un misterio.
La identidad del creador del bitcóin es un misterio.

Muchos dicen que se trata de uno de los mayores misterios de la era digital. La enigmática identidad del creador de la criptomoneda que ha revolucionado el mundo de las divisas, tal y como las conocíamos, ha hecho correr ríos de tinta. Satoshi Nakamoto, el supuesto padre del bitcóin, desapareció de la faz de la tierra en 2011. Hasta entonces, solo se había comunicado con el equipo de programadores y desarrolladores de su software a través de mensajes electrónicos, pero ese año, cuando la criptomoneda empezó a atraer la atención, cortó toda comunicación. The Economist no ha dudado en calificar su desaparición de “casi tan brillante como la tecnología que ha creado”.

Sea quien sea Satoshi Nakamoto –si es que ese es verdaderamente su nombre y no un alias–, lo cierto es que gracias a su invento se ha hecho milmillonario. Se calcula que posee 980.000 bitcóins desde 2009 –año en que creó la criptodivisa– y que desde entonces no los ha vuelto a tocar.

Por unos momentos durante el pasado 16 de diciembre –cuando la moneda virtual alcanzó su máximo histórico de 19.343 dólares– el enigmático Nakamoto llegó a colarse en la lista Forbes de las 50 personas más ricas del mundo, llegando a ocupar el puesto 44, por delante del príncipe saudí Alwaleed bin Talal Alsaud. Y es que ese día, los 980.000 bitcóins llegaron a valer 18.956 millones de dólares. Hoy, después de que la criptodivisa se haya dejado un 15% de su valor desde entonces, su fortuna estaría valorada en 16.213 millones, lo que le otorgaría el puesto 57. Con estas cifras sobre la mesa, parece todavía menos probable que se llegue a saber quién está detrás de uno de los inventos más complejos y revolucionarios de la era digital, que busca eliminar los bancos como intermediarios, suprimir las comisiones o preservar el anonimato en las transacciones.

La especulación sobre su identidad es casi tanta como la del valor de su moneda. Y es que, en la era digital de la ciberdelincuencia, llegar a saber quién navega en el gran océano digital y se esconde detrás de una pantalla de ordenador es la excepción y no la regla.

Del padre del bitcóin se ha dicho que era inglés por alguna de las expresiones que usaba en sus mensajes electrónicos; estadounidense de la costa este por el uso horario en el que solía escribir; también se le ha identificado con un sociólogo finlandés y con un ingeniero japonés, entre otros. Esta fue, precisamente, una de las historias más sonadas en la caza a la identidad de este genio de la programación.

En marzo de 2014, la revista estadounidense Newsweek afirmó que por fin había dado con él: Dorian Satoshi Nakamoto, un ingeniero nacido en Beppu (Japón) en 1949 y criado en Estados Unidos desde los 10 años. Vivía a las afueras de Los Ángeles, California y había trabajado para asuntos clasificados del Gobierno de EE UU sobre defensa electrónica. Tras la publicación del reportaje, este hombre de por entonces 65 años se apresuró a negar cualquier vinculación con la creación de la divisa virtual.

El siguiente giro se centró en Craig Steven Wright. En 2016, este australiano declaró ser el creador del bitcóin, después de que en diciembre del año anterior, la revista Wired y la web Gizmodo, especializada en tecnología, le señalaran como fundador. Wright aportó como pruebas mensajes electrónicos firmados con unas claves encriptadas con códigos relacionados con los del supuesto creador. Poco después de sus declaraciones, la Policía federal australiana registró su casa de Sydney en busca de supuestas pruebas de evasión fiscal, para finalmente decir que Wright no era Nakamoto. Varios expertos y programadores de la criptomoneda salieron también a decir que las pruebas que había aportado eran inconsistentes o que no guardan una conexión clara con el misterioso creador.

En realidad gran parte de la comunidad bitcóin no desea que se desenmascare al fundador. Muchos argumentan que por su propia seguridad y protección del proyecto. Pero también porque el anonimato forma parte del caché de esta moneda virtual, que ha contribuido a crear un halo de misterio que la hace atractiva a ojos de muchos.

Como dijo en su blog Ian Grigg, un investigador en critopdivisas, “Satoshi es más que un nombre. Es un concepto, un secreto, un equipo, una visión”. Su naturaleza cuasi mística parece que perdurará por mucho tiempo más.

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