Gran Bretaña pagará 50.000 millones a Europa y dejará las dos Irlandas sin fronteras

Bruselas y Londres pactan in extremis la primera fase del 'brexit'

El pacto permite iniciar la negociaciónsobre un imprescindible acuerdo comercial

Atlas

Fumata blanca. A las 7.06 horas del viernes 8 de diciembre, el jefe de gabinete de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea (CE), tuiteaba la foto de una chimenea para anunciar el acuerdo de Bruselas y Londres sobre la primera fase de negociación del brexit (salida de Reino Unido de la UE).

El acuerdo se selló en apenas media hora después durante un desayuno en la sede de la Comisión Europea en Bruselas entre Juncker y la primera ministra británica, Theresa May.

A las 7.40, Juncker y May comparecían ya ante la prensa para anunciar un pacto trascendental que abre el camino para negociar la futura relación comercial entre las dos orillas del canal de la Mancha, despeja parte de la tremenda incertidumbre que sufren ciudadanos y empresas afectados por el brexit y permite a May sobrevivir políticamente, al menos por el momento, a la primera fase del histórico divorcio.

Las dos partes publicaron el mismo viernes un documento conjunto que recoge los términos pactados en los tres capítulos de la primera fase: los derechos de los ciudadanos, la factura de salida y la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte.

El pacto de Juncker y May llegaba tras una semana de tensión en la que estuvo a punto de descarrilar definitivamente el proceso del brexit y de caer el Gobierno de Theresa May.

Pero por una vez el drama no se vivió en Bruselas, sino en Londres, prueba de que la Unión Europea afronta el divorcio desde una posición mucho más cómoda que el Reino Unido.

Durante cuatro días, May tuvo que batallar para apagar la rebelión interna provocada por el principio de acuerdo anunciado el lunes 4 de diciembre. La primera ministra británica ofreció ese día que Irlanda del Norte (territorio del Reino Unido) siguiera formando parte del mercado único europeo y de su unión aduanera para no tener que poner fronteras con la República de Irlanda (país miembro de la UE).

Pero esa propuesta sublevó a los unionistas irlandeses, de cuyo apoyo depende el Ejecutivo de May, que amenazaron con derribar al Gobierno si se troceaba de esa manera la integridad del Reino Unido. La posibilidad de que Irlanda del Norte siguiera integrada económicamente con la UE disparó, además, las demandas de un brexit a la carta, y el Gobierno de Escocia y el Ayuntamiento de Londres se apresuraron a demandar el mismo trato que Irlanda del Norte para poder seguir en la UE al margen del resto de Reino Unido.

May ha tardado cuatro días en controlar la rebelión, aunque solo lo ha logrado a medias. Finalmente, ofreció garantías a los unionistas de que Irlanda del Norte saldrá completamente de la UE y la relación con el resto de Irlanda siempre estará supeditada al visto bueno de Londres. La oferta no satisfizo del todo a los unionistas.

Pero la primera ministra decidió volver a Bruselas y cerrar el acuerdo "por interés nacional", según han relatado sus interlocutores en Londres.

Sobre May pesaba el ultimátum lanzado en noviembre por el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, que exigió a Londres un acuerdo sobre los tres puntos de la primera fase a primeros de diciembre.

El plazo expiraba esta semana. Y de no lograrse avances, sería imposible iniciar la segunda fase (acuerdo comercial post-brexit), y se abriría el escenario de pánico temido por sectores neurálgicos como el financiero o de transporte aéreo: un brexit brutal sin acuerdo. Ante el riesgo de un impacto tan tremendo en la economía británica, May claudicó y aceptó casi todas las exigencias de la UE. Pero su calvario no ha terminado.

Más exigencias

Los líderes europeos observaron cómodamente desde la capital comunitaria la batalla de la primera ministra británica a lo largo de esta semana. Tusk, que recibió a la primera ministra tras su desayuno con Juncker, celebró el acuerdo, pero lamentó que "hemos perdido demasiado tiempo en la parte más fácil de la negociación y ahora tenemos prácticamente menos de un año para negociar el acuerdo de transición y el marco de nuestra futura relación".

Las palabras de Tusk eran un claro reproche a la errática política de May, que notificó la salida de la UE en marzo de 2017 pero no tomó las riendas de la negociación hasta seis meses después. Entremedias, convocó unas elecciones para fortalecer su posición pero acabó perdiendo la mayoría absoluta y con una posición más debilitada frente al ala euroescéptica de su partido conservador.

El Tratado fija un plazo de salida de dos años y May ha consumido buena parte de ese periodo en balde. "Han pasado 249 días desde que Reino Unido notificó su intención de abandonar la UE y quedan 477 días para que lo haga", detalló Juncker.

Nada más cerrarse el acuerdo sobre la primera fase, Tusk publicó el borrador de directrices para la segunda fase, que deberán ser aprobadas en la cumbre europea del próximo jueves y viernes en Bruselas. Y el documento deja claro que el Gobierno de May todavía tiene por delante una titánica tarea antes de consumar el brexit.

Las condiciones fijadas por Tusk para la segunda fase elevan aún más el listón a Londres. Las directrices exigen que Reino Unido se comprometa a respetar toda la legislación comunitaria durante los dos años de transición (2019-2021) que ha solicitado para completar la salida.

En ese periodo, Londres deberá acatar las directivas o reglamentos aprobados tras su salida (marzo de 2019), incluso aquellos textos en cuya tramitación ya no haya participado. Y tendrá que respetar la jurisprudencia del Tribunal de Justicia europeo.

"Unidos, la Unión Europea es fuerza; solo, el Reino Unido está en una posición difícil. Esa es la principal lección del resultado de este viernes en las negociaciones del brexit", cantó victoria Manfred Weber, presidente del grupo Popular en el Parlamento Europeo.

En el campo contrario, las condiciones arrancadas a May así como las ya planteadas para la segunda fase fueron interpretadas como una derrota por los euroescépticos británicos. "El acuerdo de Bruselas es una buena noticia para May porque ahora podemos pasar a la siguiente fase de humillación", criticó Nigel Farage, miembro de UKIP y uno de los grandes impulsores del brexit. La estabilidad del gobierno de May seguirá amenazada durante la segunda fase.

Los tres puntos claves del acuerdo

  • El Gobierno de May ha aceptado las tres condiciones exigidas por la UE para iniciar la negociación de un acuerdo comercial post-brexit.
  • Derechos de los ciudadanos. Londres se compromete a garantizar los derechos de los ciudadanos europeos residentes en Reino Unido incluso después de la salida de la UE. El acuerdo cubre el derecho a residir, trabajar o estudiar, y el derecho de reunificación familiar y a la asistencia sanitaria. El Gobierno británico se compromete a que los trámites para ejercer esos derechos serán sencillos y baratos. La UE ofrece un trato recíproco para los británicos residentes en suelo comunitario.
  • Factura de 50.000 millones. El Gobierno británico se compromete a saldar todas las cuentas con la UE, incluidas las facturas que surjan tras la salida por proyectos iniciados antes de 2019. El documento no fija la cuantía, pero los cálculos de una y otra parte apuntan a un saldo neto, favorable a la UE, de unos 50.000 millones de euros. De entrada, Londres deberá contribuir en 2019 y 2020 como si fuera un socio más, a razón de unos 7.000 millones de euros netos por año, aunque abandonará el club en marzo de 2019. Y le puede corresponder en torno al 13% de los pagos pendientes, que a cierre de 2016 sumaban 239.000 millones. También debe asumir su parte del gasto en pensiones de los eurofuncionarios (de todos, no solo de los británicos) que suman un pasivo de 67.000 millones. En cambio, se reembolsará a Londres su participación en el BEI (unos 3.500 millones) y en el BCE (55 millones).
  • Sin frontera en Irlanda. Es el compromiso más vago y difícil de ejecutar: mantener la libre circulación de bienes y personas en la isla irlandesa sin poner fronteras ni aduanas entre la República de Irlanda (UE) e Irlanda del Norte (territorio de Reino Unido).
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