La capacidad centenaria de innovar

La tecnología ha cambiado no solo nuestra manera de trabajar, sino también de acceder al conocimiento, de interactuar y de tomar decisiones

Las nuevas tecnologías nos ofrecen enormes oportunidades para progresar y hacer más fácil nuestro día a día. En las empresas, y más en el caso de una entidad financiera, eso significa poner a disposición de los clientes nuevas posibilidades para que su experiencia sea plenamente satisfactoria e incluso supere sus expectativas. Se trata de tecnología, sí, de banca digital, de nuevos medios de pago, de inteligencia artificial..., pero no solo ahí reside el secreto para estar a la altura de lo que nos demanda la clientela. Hace falta algo más.

En 1904, cuando La Caixa –hoy CaixaBank– comenzó su andadura, no existía el ordenador, ni el correo electrónico, ni, por supuesto, el teléfono móvil. Internet tardaría décadas en aparecer como una revolución que lo cambiaría todo, y las personas eran la piedra angular de la innovación. La capacidad de adaptarse e imaginar nuevas maneras de dar servicio estaba en manos de empleados comprometidos con la entidad y con su clientela y utilizaban para ello todos los medios que estaban por aquel entonces a su disposición.

Hoy, más de cien años después, rodeados de tecnologías que incluso nos abruman, esa capacidad de innovar sigue intacta. No es en el fondo distinta de la que nos dejaron en legado aquellos que nos precedieron. Cambian los tiempos, y las herramientas, pero las personas son las que pilotan el cambio y lo implementan a diario para que se convierta en una realidad. En definitiva, son ellas quienes hacen tangible lo que pocos años atrás parecía ciencia ficción.

Las nuevas tecnologías han cambiado no solo nuestra manera de trabajar, sino también de acceder al conocimiento, de interactuar socialmente y de tomar decisiones. De hecho, se ha comprobado ya que el progreso económico, social y cultural de los países está estrechamente relacionado con el acceso a estas tecnologías y su rápida adopción. Debemos esforzarnos en hacer llegar a todos la capacidad de usar y disfrutar de estos avances, tal y como pretenden los programas de formación lanzados por CaixaBank y la Obra Social La Caixa. La brecha digital, pese a que cada vez hablamos menos de ella, existe y debemos combatirla. En esta senda de la innovación, nadie puede quedar atrás. No hay otro camino para llegar a la excelencia ni para que nuestro modelo socioeconómico sea sostenible. O es inclusivo o no será.

El progreso económico, social y cultural de los países está estrechamente relacionado con el acceso a estas tecnologías y su rápida adopción

 

Desde sus inicios, en CaixaBank siempre hemos sido conscientes de que la tecnología iba a suponer una profunda transformación del sector financiero. Decidimos ser pioneros en este campo y pienso que lo hemos logrado. Así nos lo han reconocido reiteradamente distintas instituciones nacionales e internacionales y ahí radica una de nuestras grandes ventajas competitivas: calidad de servicio apoyada en una apuesta clara por la innovación más avanzada. Esos han sido los motores que, pilotados y operados de forma perseverante durante años por nuestros equipos, nos han llevado al liderazgo que hoy protagoniza nuestra entidad. Es lo que me gusta denominar como la capacidad centenaria de innovar. Llevamos en nuestro código genético empresarial un valor fundacional que nos hace mirar muchos años hacia el futuro y nos permite implantar ahora tecnologías que marcarán hitos en el mundo financiero. Por ejemplo, facilitando a nuestros clientes la gestión de sus finanzas personales aplicando la tecnología del big data. En definitiva, innovación para mejorar las vidas de los que confían en nosotros.

Cualquier empresa, desde un banco centenario a una startup, trata de innovar pensando en hacer llegar a un gran número de personas sus logros tecnológicos. Sin embargo, las grandes empresas juegan un papel preeminente, por su visibilidad y por su capacidad de impacto y de arrastre, y pueden contribuir al progreso tecnológico de toda una sociedad. Es lo que intentamos hacer, modestamente, pero con determinación, desde CaixaBank.

Jordi Gual es presidente de Caixabank

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