Juan José Brugera, el curioso emperador del mercado de oficinas

El presidente de Colonial es ingeniero y un apasionado del arte bizantino

Acaba de lanzar una opa por Axiare para crear un grupo de 9.794 millones en activos

Juan José Brugera, presidente de Colonial.
Juan José Brugera, presidente de Colonial.

Un hombre esencialmente curioso. Así se define Juan José Brugera (Badajoz, 15 de octubre de 1946), presidente de Inmobiliaria Colonial, que ha lanzado esta semana una opa por la socimi Axiare, especializada en alquiler de oficinas en Madrid. Brugera es uno de los artífices del saneamiento de Colonial, tras una larga trayectoria en banca, y un breve pasado como ingeniero. Pero lo que más le apasiona es el arte y la historia de Bizancio.

Desde pequeño mostró un gran interés por las humanidades, pero también por la técnica, y decidió estudiar ingeniería técnica industrial, en su especialidad de electrónica industrial. Trabajó dos años en Grundig, participando en el desarrollo de la TV en color, y cuando llegó el momento de decidir si iba a Toulouse (Francia) a estudiar un grado superior del ramo, optó por cambiar de oficio.

“El mundo empresarial te lleva a la gestión”, explica por teléfono, con un verbo amable y encantador. “Me parecía que esto me ofrecía mayores posibilidades de realizarme, y no quería encerrarme en el mundo técnico, que por otro lado es muy atractivo. No va con mi carácter”.

Así que estudió un MBA en Esade y entró en el área comercial de Banco Atlántico, donde estuvo hasta 1975, cuando pasó a Sabadell, en la zona de Barcelona. Los 12 años que trabajó en esta entidad los recuerda como “muy intensos”. Participó en el desarrollo de herramientas de gestión más sofisticadas para contrarrestar “el adelgazamiento de los márgenes”.

Su siguiente parada, entre 1987 y 1994, fue la de consejero delegado de Sindibank (Sindicato de Banqueros de Barcelona), una pequeña entidad a cuya salida a Bolsa contribuyó. “Fue una experiencia nueva”, recuerda. También participó en la integración en Monte dei Paschi di Siena.

“En 1994, La Caixa me propuso hacerme cargo de Colonial, para modernizar la compañía y sacarla a Bolsa”. Así lo hizo, y a partir de 1999 centró la compañía en comprar edificios de oficinas de zonas prime de Barcelona y Madrid, y empezó su proceso de internacionalización, con la compra de Société Foncière Lyonnaise. En 2006 la compañía pasó a manos de GrupoInmocaral, y Brugera salió de ella.

Estuvo un año en Mutua Madrileña como director general (“un grupo estupendo”), pero al poco volvió a la inmobiliaria. "Los bancos que habían financiado la venta a Inmocaral tomaron el control, ante la desastrosa situación de la compañía, y me pidieron volver”.

“Me traje a Pere Viñolas como consejero delegado, propusimos capitalizar un 50% de la deuda y la empresa salió adelante”, capeando la crisis económica e inmobiliaria. El secreto, dice, es que pese a todo la tasa de ocupación de su cartera de oficinas nunca bajó del 80%.

En 2014 lograron una ampliación de capital, con la incorporación del grupo Villar Mir y Qatar, y ahora la empresa está saneada, y se permite opar a Axiare, de la que ya posee un 29%. La dirección de la opada ha recibido la oferta con frialdad:“Nos pronunciaremos en su debido momento”.

Colonial afirma que la oferta, de 18,50 euros por acción (el viernes cerró en 18,30) es “voluntaria”.  El grupo fusionado tendrá activos por valor de 9.794 millones de euros y una cartera de 1,7 millones de metros cuadrados de superficie en explotación.

A Brugera le gusta destacar también su trayectoria en la sociedad civil: 15 años como profesor de Esade, presidente de su patronato entre 1999 y 2006, y desde el año pasado preside el barcelonés Círculo de Economía, que lleva tiempo pidiendo diálogo en el conflicto catalán, y respeto a la legalidad. “Fuera del euro hace mucho frío”, decía hace dos años sobre el asunto. El presidente de Colonial llegó a Barcelona desde Extremadura siguiendo a su padre, funcionario de Correos, e hijo de un destacado socialista represaliado.

Casado, tiene ya cuatro nietos de sus tres hijas. Y lo que más disfruta es viajar y estudiar el arte del Este de Europa: Grecia, Rusia... “En España desconocemos bastante esa zona”, señala. “He dado bastantes conferencias sobre el tema, pero me presento siempre como aficionado”.

La pasión surgió hace 25 años, en un viaje con su familia a la isla griega de Patmos, donde se asienta el monasterio de San Juan. “Compré un icono y me llamó la atención. Luego cayó un libro sobre arte, historia y teología, y desde entonces”.

Es dueño de la mayor colección de iconos de España, pinta paisajes al óleo –sobre todo en verano, a partir de fotografías– y financia una revista de filosofía. Lee una hora diaria como mínimo, y sus gustos tiran hacia el centro de Europa, como Stefan Zweig. A sus 71 años, su curiosidad por el mundo sigue intacta.

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