Hockney regresa al Guggenheim con 82 retratos (y un bodegón)

El artista británico, que expuso en Bilbao en 2012, da a conocer su trabajo más íntimo

Fueron pintados a partir de 2013, empleó tres días en cada uno de ellos y para todos utilizó la misma silla

Si en 2012 inundó las salas del Museo Guggenheim de Bilbao con sus paisajes, David Hockney (Bradford, Reino Unido, 1937) regresa cinco años más tarde a la capital vizcaína, con 82 retratos y un bodegón, en colaboración con la Royal Academy of Arts de Londres. Todas las obras, dispuestas en una misma sala de la pinacoteca, tienen algo en común:son del mismo tamaño (121,92 x 91,44 centímetros), fueron pintadas en un marco temporal de tres días y muestran al modelo sentado en la misma silla, iluminado por la luz brillante del sur de California y con el mismo azul intenso de fondo. Se trata de una visión íntima del panorama artístico de Los Ángeles, donde el artista regresó en 2012, tras abandonar su Yorkshire natal, y de las personas que se han cruzado en su camino a lo largo de los últimos años.

En el verano de 2013 pintó el primer retrato, el germen de lo que acabaría convirtiéndose en un extenso grupo de más de 90 retratos, 82 de los cuales permanecen, desde el día 10 y hasta el 25 de febrero, en Bilbao. Hockney, que no asistió hoy a la presentación de la muestra, pero según la comisaria de la misma, Edith Devaney, la estaba siguiendo desde su domicilio estadounidense, concibe estos retratos de forma colectiva, como un solo corpus artístico. La instalación plantea un recorrido casi cronológico que permite realizar otro estudio psicológico: el del propio artista. Su estado emocional parece aligerarse a medida que avanza la serie, al igual que su convicción en el formato y el medio.

Entre los modelos, todos ellos elegidos entre sus amigos, familiares y conocidos, se encuentran personas de su estudio, otros artistas como John Baldessari, comisarios y galeristas como Larry Gagosian, el arquitecto Frank Gehry y hasta la misma comisaria de la muestra. “Los famosos están hechos para la fotografía. Yo no hago famosos. Mis famosos son mis amigos”, advierte el artista. Gracias al virtuoso tratamiento de Hockney, la uniformidad de los elementos clave de cada pintura acentúa las diferencias entre los distintos modelos, permitiendo que sus personalidades surjan del lienzo con una cálida inmediatez.

Mediante esta exposición, en un momento de proliferación de los selfies y los retratos fotográficos en las redes sociales, Hockney reexamina el papel del retrato pintado en una instalación intensa y envolvente. “No ha utilizado la fotografía como ayuda para hacer estos retratos. Todo aquel que posa para Hockney no puede sonreír, solo mirarle, es así como se puede conocer el carácter de una persona, como también se descubre en la manera que tiene de colocar los pies”, explicó durante la presentación Devaney.

La nota diferente de la misma, el bodegón, obedece a que en una ocasión uno de los modelos no pudo acudir a la cita y el artista, deseoso de pintar, recurrió a lo que tenía más a mano en su estudio, una selección de frutas y hortalizas, para realizar su retrato. Sobre los proyectos inmediatos de Hockney, la comisaria avanzó que, a sus 80 años, se encuentra inmerso en un proyecto artístico, “que va a ser importante, revisitando temas del pasado, con lienzos rectangulares, reinterpretando el Gran Cañón...”Y detalló que se encuentra en perfecta forma: “para su vida diaria reconoce que está mayor, pero que cuando se pone a pintar siente que tiene 30 años”.

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