Una solución más flexible para la batalla por el negocio de las reservas aéreas

IAG aplica un recargo para que las agencias reserven los billetes en las webs del grupo

Primero fue American Airlines, después Lufthansa –ambas suspendieron el intento– y ahora le toca el turno a IAG. La batalla de las aerolíneas contra los sistemas de distribución global (GDS) para controlar las reservas de vuelo se ha convertido en una piedra de toque para las compañías aéreas, que no han conseguido torcerle la mano al negocio de empresas como Amadeus, Sabre o Travelport. Tanto Iberia como British Airlines, dos de las aerolíneas del grupo IAG, comenzaron ayer a cobrar un recargo de 9,5 euros por cada billete reservado a través del sistema GDS, una penalización que no existirá en las reservas realizadas directamente en las webs de su grupo. A esa estrategia se ha sumado también Air France, que establecerá un recargo de entre 9 y 12 euros a partir de 2018 por cada billete adquirido a través de los sistemas globales.

Los intereses en juego de las aerolíneas en este combate son sólidos y razonables. No se trata solo del control sobre la reserva del billete, sino de la posibilidad de ofrecer también servicios adicionales, como comidas, facturaciones rápidas o traslados en limusina. Este tipo de extras, que se han generalizado entre las aerolíneas, suponen una suculenta fuente de ingresos que las compañías no quieren desperdiciar. Frente a ellas está el negocio de los sistemas GDS, pero también los intereses de las agencias de viajes, que deberán adaptarse tecnológicamente a la nueva situación para poder hacer las reservas sin sobrecoste.

IAG conoce y ha tenido en cuenta estas resistencias, como demuestra el hecho de que las aerolíneas del grupo han firmado acuerdos con las grandes agencias de viajes para eximirlas de pagar el recargo, en previsión de que se nieguen a abonarlo. Ello significa que serán las pequeñas y medianas agencias las perjudicadas por la nueva medida y las obligadas a hacer el esfuerzo de adaptarse. La solución adoptada por American Airlines, que renunció al recargo y lo sustituyó por un incentivo de dos dólares por reserva, parece un camino más flexible y menos problemático para que las aerolíneas avancen hacia un mayor control de su mercado. En todo caso, una vez más vemos cómo evoluciona el paradigma de un negocio.

 

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