El barco chárter o la democratización de la náutica

Las embarcaciones para alquiler doblan la flota que existía hace dos años

Generan el 31% de las matriculaciones del sector

veleros
Velero del fabricante Jeanneau, modelo 51.

Durante muchos años comprar un barco era una aspiración, al nivel de adquirir una casa en la playa. Y desde casi siempre, el sector náutico ha intentado quitarse la etiqueta de actividad elitista, solo accesible para los más ricos.

Pero la crisis llegó, las ventas se desplomaron y, cuando el viento ha vuelto a soplar a favor, los hábitos de consumo han cambiado. Porque, como explica el secretario general de la patronal naútica Anen, Carlos Sanlorenzo, “hay mucha gente con apetencia náutica”. Lo demuestra el boom del alquiler de embarcaciones de recreo. Según los datos de la propia Anen, hasta septiembre las matriculaciones de operadores de alquiler suponen ya el 31% del total, cinco puntos más que al cierre de 2016. Las matriculaciones crecieron en el último mes un 25%, llegando a las 1.475 embarcaciones, un crecimiento muy por encima de la media del sector. “Aunque apenas representen un 3% de todo el parque, su crecimiento denota un cambio”, afirma Octavi Uyá, consejero delegado de Nautal, web que pone en contacto a usuarios con cerca de 500 empresas alquiladoras de España.

En este caso, se une un cambio en el consumo por parte de quienes ya están familiarizados con la náutica y de quienes se inician en ella. “Antes había mucha gente que la probaba, le gustaba y se compraba un barco. Ahora no, y eso lo está canalizando el alquiler”, analiza Uyá. Quien quiera navegar puede hacerlo sin incurrir en los costes de amarre o mantenimiento.“El alquiler tiene esa ventaja, y también el poder efectuarlo en cualquier costa. Hay una sensibilidad grande con los costes que también provoca el aumento del alquiler”, prosigue Uyá.

En cierto modo, supone la democratización de la náutica. Carlos Sanlorenzo insiste en lo erróneo de etiquetar como clasista a esta actividad, aunque sí reconoce que el alquiler permite un acercamiento más sencillo, sobre todo para quien no ha experimentado antes con surcar el mar. “Si puede ayudar a algo es a popularizarla, y a quitar el cliché. Aquí no se habla de propiedad sino de uso. Y ahí, el presupuesto puede ser de todo tipo”, apunta el ejecutivo de Anen, quien, a la pregunta de si alquilar es caro o barato, responde tajante:“Puede ser más rentable que un apartamento en el Mediterráneo”.

El rango de precios es tan amplio como el gusto del cliente. Octavi Uyá explica que la demanda más habitual es la de un alquiler de medio o un día completo. En estos casos suelen ser embarcaciones de hasta seis metros de eslora, a motor, con capacidad para unas cuatro personas, con un precio de entre 150 y 300 euros. Para una semana completa, la tarifa puede partir desde los 1.500 euros en un velero sin patrón, que cuesta unos 150 euros al día, con capacidad entre seis y ocho personas, hasta un catamarán, cuyo coste se incrementa, en el entorno de los 5.000 euros. Estas embarcaciones suelen ser las que antes se reservan, hasta cinco meses antes. “Hay pocos y son muy reclamados. Tienen más estabilidad, gracias a sus dos cascos, y por tanto se mueve menos, es más cómodo”, explica Uyá. Pero la factura se puede incrementar más. Por ejemplo, hasta los 200.000 o 500.000 euros para una semana. En este caso se trata de yates con tripulación permanente, incluido un chef, una amplia eslora y servicios como gimnasio o hasta sala de cine. “Los que se van a 500.000 euros incluyen helicóptero”, describe el ejecutivo de Nautal. A un nivel más modesto, lo más demandado es una barca auxiliar para llegar a las playas o el wifi.

Solo el 30% demanda patrón. Suelen ser los propios clientes los que manejan las embarcaciones, para lo que se requiere una licencia. El año pasado se expidieron 50.000, para unas matriculaciones que no llegaron a 5.000. “Hay mucha gente con ganas”, insiste Carlos Sanlorenzo. Desde una licencia de navegación, que habilita para embarcaciones de hasta seis metros a cambio de seis horas de prácticas y unos 100 euros, hasta el título de patrón de embarcación de recreo, que genera el 65% de las titulaciones y cuesta unos 500 euros.

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