Tribuna

El secreto para triunfar en el mundo de los fondos

Aprovechar las ineficiencias de los precios es la gran baza de los gestores realmente activos

Con la aparición de los productos de gestión pasiva y la evolución del smart beta, aquellos que se dedican a la asignación de activos han cuestionado, y con razón, la existencia de las figuras de réplica activa. Según un estudio de Spiva que comparaba los índices de S&P con las estrategias de gestión activa durante un periodo de cinco años, solo el 25% de los gestores activos logró batir al índice S&P 350, y solo el 11% superó a los índices de los mercados emergentes. Y lo que resulta más alarmante: menos del 10% de los gestores activos ha logrado superar a los principales índices estadounidenses.

Ante este contexto, los profesionales de la gestión activa han de plantearse si realmente están generando valor, lo que se conoce como verdadera alfa o gestión activa. Una variable que ilustra en qué se diferencia una cartera de su índice de referencia es el porcentaje de active share. La Autoridad Europea de Valores y Mercados (AEVM) estableció un umbral de más del 60% para que un fondo se considerara de gestión activa.

En cuanto al proceso, los profesionales de la gestión activa pueden generar verdadera alfa aprovechando de forma sistemática las ineficiencias de precios y adoptando posiciones activas respecto del índice basándose en información sobre los fundamentales de las empresas. Y en lugar de padecer las rotaciones sectoriales, que pueden pillar por sorpresa a los estilos de inversión basados en factores, como el moméntum o de dinamismo, la gestión activa puede sacarles partido. Los auténticos gestores activos también pueden incorporar análisis internos exclusivos y adoptar posiciones a contracorriente para detectar anomalías en las valoraciones. Otro ámbito en el que los profesionales de la gestión activa pueden ser útiles es en el uso efectivo de la asignación de activos cuando los equipos multiactivo dinámicos reaccionan a entornos de fluctuaciones.

Los análisis también ponen de manifiesto que el tamaño tiene una gran repercusión en la capacidad para generar alfa. Cuanto más grande es el fondo, más difícil es aprovechar las ineficiencias. Por ejemplo, el tamaño medio de los diez mayores fondos de renta variable europea, según Lipper, es de 4.600 millones de euros. La rentabilidad en términos de alfa generada por estos diez actores en los últimos cinco años asciende a un 1,5% anual, neta de comisiones. Sin embargo, si nos fijamos en los diez actores más rentables a escala mundial en los últimos cinco años, la rentabilidad activa media anualizada es del 13,3%, si bien el tamaño medio de los diez fondos asciende a tan solo 311 millones de euros. Para abordar este problema endémico han de ocurrir dos cosas: en primer lugar, los profesionales de la selección de fondos deben comenzar a revertir la tendencia de sesgo hacia los grandes fondos de gestión activa; y en segundo lugar, las gestoras de fondos de gestión activa deben replantearse sus controles de capacidad para garantizar que los procesos activos puedan seguir generando verdadera alfa.

En mi opinión, es mejor estar entre los mejores que entre los más grandes. Los gestores de activos están cada vez más diferenciados en el contexto actual. En su afán por expandir sus activos, las espectaculares fusiones están derivando en el nacimiento de ingentes gestoras, lo que sugiere que la única opción posible para la industria de la gestión activa es crecer. Esto podría derivar en una mayor agrupación de grandes cantidades de capital, lo que aceleraría las limitaciones de liquidez y mermaría la capacidad de los profesionales de la gestión activa para aprovechar las ineficiencias del mercado e invertir en títulos que pasan desapercibidos o en sectores denostados. Lo que el auge de los productos de gestión pasiva no representa es una amenaza existencial para los verdaderos profesionales de la gestión activa entregados a la generación constante de alfa para los inversores. Por el contrario, ha originado un momento crucial al contribuir a diferenciar mejor la gestión de activos y respaldar el ascenso de la verdadera gestión activa entre los inversores.

Cuanto más identifique y aborde el sector de la gestión activa sus deficiencias, más fundamento tendrá su credibilidad a largo plazo. Esto implica demostrar su valor y promover verdaderas soluciones de gestión activa a los clientes.

Katia Coudray es CEO de SYZ Asset Management

 

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