¿Qué ganan la UE y Canadá con su pacto?

Este jueves entra en vigor un acuerdo de libre comercio para relanzar la actividad y crear empleo

Muchas cosas van a cambiar para los ciudadanos y exportadores de Canadá y la Unión Europea. El jueves, cuando las mercancías crucen el Atlántico, ya no encontrarán los antiguos obstáculos al comercio. La madera, el jarabe de arce y el salmón exportados a Europa, así como el vinagre italiano, la maquinaria alemana o cualquiera de los productos españoles exportados a Canadá dejarán de estar sujetos a elevados pagos aduaneros.

El 21 de septiembre entrará por fin en vigor el Acuerdo Económico y Comercial Global entre la UE y Canadá (AECG). Los ciudadanos y las empresas podrán empezar a aprovechar las ventajas que ofrece el acuerdo, en términos de menores precios y mayores posibilidades de elección. Desde el primer día, estarán exentos de aranceles un 98 % de los distintos tipos de productos: desde aparatos industriales y dispositivos médicos hasta alimentos y prendas de vestir.

Esto supondrá un gran ahorro para los consumidores y las empresas.

El acuerdo beneficiará especialmente a las pequeñas empresas, al reducir la burocracia. Se reducirán obstáculos como la duplicación de ensayos o los aranceles elevados. Mejorará la movilidad de los empleados, ofrecerá mayor seguridad jurídica en el sector servicios y creará un marco que permita el reconocimiento de las cualificaciones profesionales, desde los arquitectos hasta los gruistas.

El volumen comercial entre la UE y Canadá ya es significativo, pero aún puede aumentar. El valor del comercio de mercancías entre la UE y Canadá fue de más de 101.000 millones de dólares canadienses o 67.000 millones de euros el año pasado, lo que hace de Canadá el mayor socio comercial de la UE después de Estados Unidos.

La consolidación de estas relaciones impulsará el crecimiento económico y contribuirá a la creación de empleo a ambos lados del Atlántico. Las empresas europeas y canadienses experimentarán un aumento del comercio recíproco, fortalecerán las relaciones económicas e impulsarán nuevas oportunidades económicas.

Además del evidente interés económico, el acuerdo cumple un objetivo mucho más amplio. Es una forma de fijar las normas del comercio mundial: dos socios afines configurando la globalización. También refuerza la estrecha amistad entre la UE y Canadá, basada en nuestros vínculos históricos y culturales y nuestros valores comunes. La esencia del AECG es un firme compromiso en pro del comercio sostenible, así como de abordar retos comunes, como el cambio climático. El AECG es un acuerdo comercial progresivo, que fija el listón de futuros acuerdos mundiales, salvaguardando al mismo tiempo aspectos como los derechos de los trabajadores o el derecho de los Gobiernos a legislar en aras del interés público. Ahora que Canadá, el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea han adoptado el acuerdo, mañana la mayoría de sus disposiciones entrarán provisionalmente en vigor. Surtirá efecto plenamente cuando todos los Parlamentos de los Estados miembros de la UE lo hayan ratificado formalmente.

El 21 de septiembre, la mayor parte de disposiciones del acuerdo entrará en vigor. Ahora es el momento de que las empresas y comunidades aprovechen las oportunidades concretas que ofrece el acuerdo. Las autoridades nacionales y regionales responsables de fomentar las exportaciones están preparadas para ayudar a las pequeñas y grandes empresas a exportar, impulsar el comercio existente y atraer inversiones. La Comisión Europea seguirá muy de cerca el proceso de aplicación. Debemos garantizar que las empresas puedan hacer el mejor uso posible del acuerdo.

El AECG es el acuerdo adecuado en el momento oportuno. En un momento en que se culpa al comercio de muchos de los problemas mundiales, este acuerdo puede servir como modelo de cooperación económica responsable entre países. Por desgracia, algunos debates públicos y elecciones recientes han demostrado que muchos ciudadanos creen que la globalización no les beneficia.

Sin duda, los países podemos hacer más para distribuir los beneficios del comercio de forma más homogénea. Sin embargo, aplicar políticas proteccionistas o levantar barreras entre nosotros tendría consecuencias desastrosas en nuestras economías. La solución nunca podrá ser replegarnos en nosotros mismos. En cambio, parte de la solución reside en conseguir acuerdos comerciales con visión de futuro, como el nuestro. Abordaremos los desafíos a los que se enfrentan nuestras sociedades manteniendo abiertos el comercio y la cooperación.

François-Philippe Champagne y Cecilia Malmström son Ministro de Comercio Internacional de Canadá y Comisaria de Comercio de la UE, respectivamente

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