Las asignaturas pendientes de América Latina

El aumento de la productividad es un punto clave para que la región continúe creciendo

Vivimos en un mundo frágil y fragmentado. Lleno de incertidumbres en un complejo proceso de transición global y muy difícil de gobernar. Es sin duda un mundo diferente al de hace 25 años, y será aún más en 20 años.

Nos enfrentamos a unos desafíos que evidencian no sólo una crisis de la gobernanza global, sino también de valores y de principios que nos afectan colectivamente.

Para afrontar esos desafíos de manera efectiva será necesaria una reforma de las instituciones internacionales, así como un cambio cultural profundo de nuestras sociedades. Un elemento primordial será consolidar liderazgos capaces de lograr consensos globales, sin los que personalmente estimo, será más difícil la gobernanza geopolítica.

Estos cambios en el entorno internacional, sin duda impactan a América Latina. La región ha hecho importantes tareas en lo democrático, en lo económico y en lo social. Sin embargo, las nuevas realidades nos obligan a buscar respuestas para abordar con eficacia los desafíos que actualmente ponen en riesgo muchos de los avances logrados.

Si hacemos una revisión de lo ocurrido durante las últimas décadas es claro que Latinoamérica se transformó en muchos sentidos. Se alcanzó estabilidad democrática y económica en la mayoría de los países; se redujeron los niveles de pobreza y crecieron las clases medias.

Una parte importante de los avances se explica en que aprendimos de las lecciones del pasado y hemos mantenido una política económica equilibrada y disciplinada; asimismo, se logró gracias a la combinación de factores externos “favorables” con altos precios de las materias primas, financiamiento barato y accesible, e importantes entradas de flujos de inversión extranjera directa. La lección: Tenemos que aprender a crecer sin depender de los “vientos de cola”.

En términos económicos, las perspectivas de crecimiento de América Latina y el Caribe parecen mejorar. Se espera un incremento del PIB de 1,1% en 2017 y de 2,0% en 2018, impulsado principalmente por la recuperación de la demanda global. Sin embargo, estas perspectivas son claramente insuficientes para cerrar la brecha de la desigualdad, consolidar las nuevas clases medias y superar los obstáculos para el progreso de la región.

Para continuar avanzando en la senda del desarrollo, dentro del actual entorno internacional, necesitamos realizar una transformación productiva que permita un aumento en la productividad, desarrollar cadenas de valor regionales e insertarse en procesos de producción global. A su vez, es imprescindible encontrar maneras de crecer a través de importantes reformas microeconómicas para que América Latina se convierta en un polo más atractivo para la inversión extranjera.

Si queremos realizar esta tarea, es indispensable cerrar la brecha de infraestructura. Latinoamérica se encuentra rezagada, incluso al ser comparada con otras regiones emergentes. Según estimaciones de CAF se necesitan inversiones de entre 200 – 250 mil millones de dólares al año (5 – 7% del PIB regional).

Otro factor fundamental es la educación. Si bien es cierto que se han realizado importantes avances en materia de cobertura, la calidad de la educación latinoamericana sigue siendo baja. Mejorar la educación requiere de promover el uso de TICS; mecanismos de apoyo para mejorar la formación en la primera infancia, fortalecer los sistemas de educación técnica profesional, así como incentivar y elevar el estándar y la preparación de los docentes.

También vale destacar la necesidad de avanzar en un adecuado funcionamiento del ecosistema innovador que promueva la generación de ideas, que otorgue facilidades de financiamiento para desarrollar y ejecutar proyectos y que se fomente el talento emprendedor.

La región debe fortalecer sus centros de conocimiento (laboratorios, universidades, centros de I+D+i), desarrollar mecanismos financieros dedicados a los emprendimientos (capital semilla, capital de riesgo, inversores ángeles), y potenciar la asociación entre la academia, la empresa, y el sector público.

En este contexto, la revolución digital juega un rol fundamental en la transformación de paradigmas de la sociedad moderna. Algunos estudios indican que 47% de los actuales puestos de trabajo podrían ser completamente automatizados en los próximos 20 años. Si bien es cierto que esta revolución podría traer avances significativos en la productividad y competitividad, también trae grandes retos en materia de empleo. De manera que es esencial promover un gran pacto global que busque una mayor cooperación para aprovechar los beneficios de la era digital y controlar el mal uso de esta significativa transformación.

Adicionalmente a estos factores, resulta decisivo continuar con el impulso de la integración regional y que esta se entienda como un proyecto político que trasciende el ámbito económico y comercial, sustentado en una agenda multidimensional innovadora.

Hoy, el mejor ejemplo de un proyecto pragmático de integración es la Alianza del Pacífico. Hace semanas, se marcó un antes y un después para este grupo de países que han logrado establecer un marco de políticas simétricas y bien balanceadas y que están trabajando de forma estructural para incrementar su productividad, así como lo niveles de apertura comercial. La implementación del Protocolo Comercial y la creación de la figura de Estado Asociado, que permite negociar acuerdos de libre comercio con terceros, es reflejo de que la consolidación de un diálogo y la promoción de modelos de cooperación - es posible y útil para la estabilidad regional.

Las tareas para América Latina son sobrecogedoras. No podemos ser complacientes. Tenemos que hacer nuestros deberes, para preservar los logros que hemos obtenido en materia democrática y económica. En este campo, hay todavía una tarea por adelantar, en particular, fortaleciendo la institucionalidad y mejorando su calidad. Asimismo, apoyando las reformas estructurales pendientes en lo económico y lo social. En este aspecto el mayor reto para los próximos años debe ser la lucha contra la inequidad y la desigualdad que continua siendo un lastre para el liderazgo de la región.

Guillermo Fernández de Soto es Director para Europa de CAF, Banco de Desarrollo de América Latina

 

 

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