¿Gestión activa o gestión pasiva?

Cuantas más personas crean que una estrategia es la mejor alternativa, más ineficiente será el mercado

Inversión

Es el debate más de moda entre la industria de gestión de activos en estos momentos. Y no es para menos: en 2016, la gestora norteamericana Vanguard captó más de 1.000 millones de dólares cada día, y su ritmo en el primer trimestre de este año se ha aumentado hasta captar más de 2.000 millones de dólares diarios.

A ese ritmo, Vanguard (líder indiscutible junto con Blackrock del auge de la gestión pasiva) acabará el ejercicio con más de 4.500 billones de dólares de activos bajo gestión, más que ninguna otra gestora en la historia de la humanidad. La idea que tuvo su fundador y presidente Jack Bogle, allá por 1974, era simple: dado que una gran parte de los gestores no era capaz de batir a sus índices de referencia, si lanzaba al mercado productos que replicaran los índices, pero con menores comisiones, lograría acaparar una parte del mercado.

Las estadísticas están ciertamente del lado de Bogle y de otros defensores de la gestión pasiva. En Estados Unidos, por ejemplo, el 96% de los gestores no logra batir al S&P 500 a cinco años y, a 10 años, la estadística es peor aún ya que solo 2 de cada 100 gestores logran batir al índice. En Europa, la situación es muy similar, donde tanto los ETF (Exchange Traded Funds) como los fondos indexados representan alrededor del 20% de los activos gestionados.

Visto estos datos, lo cierto es que la gestión pasiva está alcanzando niveles récord gracias a que es hasta un 90% más barata que la activa y es más rentable (en parte por unas comisiones muy inferiores) que la inmensa mayoría de la gestión activa.

Pero veamos la otra cara de la moneda. El primer problema de esta batalla financiera, por llamarlo así, es que agrupa la gestión activa de forma totalmente homogénea, cuando la realidad es que hay infinidad de tipologías. Actualmente se comete el error de que no se distingue entre la buena gestión activa de la falsa gestión activa que tiene tracking errors bajos. Una parte de la gestión activa es superior a la gestión pasiva, y no es en absoluto tan difícil como algunos quieren hacernos ver, ya que gracias a algunas herramientas y métricas, podremos separar el grano de la paja.

Además, se debe tener en cuenta que mostrar la inversión en fondos índices o ETF como la única opción que ofrece la gestión pasiva también es inexacto. El llamado factor investing o smart beta tiene los mismos componentes de la gestión pasiva (la automatización de la inversión en base a unos parámetros que reduce de forma significativa los costes) y es en términos de rentabilidad superior a largo plazo a muchos índices. Es por esto que muchos inversores llaman a la inversión en índice dumb investing. No hacer la más mínima distinción entre empresas caras y baratas, con crecimiento o sin él, no tiene mucho sentido si son factores que se pueden automatizar.

Decía con cierta ironía Seth Klarman hace unos años que era curioso que la premisa sobre la que se sustenta la gestión pasiva (no es posible batir a los mercados por la teoría de los mercados eficientes) hace que cada vez los mercados sean más ineficientes. Cuantas más personas crean que la gestión pasiva es la mejor alternativa, más ineficiente será el mercado y más sencillo será batir al mercado para los gestores activos.

Todo lo anterior nos lleva a una conclusión razonable sobre qué podemos esperar de una y otra: a largo plazo, ambas encontrarán su nivel de equilibro, y probablemente la gestión pasiva acapare una parte superior del mercado total. Pero antes de que el mercado, de forma dinámica, a través de prueba y error llegue a un nivel de equilibrio, es importante que todos los partícipes entiendan las ventajas e inconvenientes de cada alternativa y las subcategorías dentro de ellas, para llegar de forma suave y sana a ese equilibrio.

Pablo Martínez Bernal es responsable de Relación con Inversores en España de Amiral Gestion.

Normas