Los inversores extranjeros demuestran confianza en España con hechos

Los grandes fondos ven un horizonte esperanzador y fiable en la economía española

Bolsa de Madrid
Interior de la Bolsa de Madrid.

El buen desempeño de la economía española, ratificado por el dato del crecimiento del 0,9% en el segundo trimestre –una décima más que el primero–, se sustenta en tres pilares sólidos: el consumo privado, la inversión y unas exportaciones en cifra récord. Si a ello se le añade la positiva evolución del empleo, y aunque sea innegable que falta mucho por hacer en este campo en términos cualitativos y cuantitativos, el horizonte que se observa es muy esperanzador.

Así lo están interpretando los grandes grupos inversores extranjeros, que frente al latiguillo de que la renta soberana es un producto en el que no queda valor, ven a España como un oasis de rentabilidad que además les da confianza. Los grandes fondos y las entidades financieras extranjeros nunca habían tenido en su cartera tanta deuda española como hoy. Al cierre del primer semestre contaban con 431.948 millones de euros, un récord por encima del alcanzado en marzo del año pasado.

Esto significa la mitad del pasivo estatal está en manos de grandes inversores extranjeros que, además de rentabilidad buscan la fiabilidad y la seguridad europea. Cierto es que, como en el resto de las principales economías del Viejo Continente, la deuda española registra también rentabilidades negativas. Sin embargo, a medio y largo plazo es cuando España supera con creces al resto, con una rentabilidad en el entorno del punto y medio porcentual a 10 años, casi cuatro veces más que el bund alemán. Eso sí, Italia es entre los grandes más generosa. Pero, por decirlo de forma rápida, en España no hay un exprimer ministro y posible nuevo candidato electoral para 2018 que proponga una moneda paralela al euro; es decir, la estabilidad política es un valor clave que los grandes inversores aprecian cada vez más.

El hecho de que el Gobierno se disponga aumentar la previsión de crecimiento del PIB en el año, establecido ahora en el 3%, es un argumento más para fortalecer la estrategia seguida por los grandes inversores extranjeros. Y esto ocurre mientras la apuesta de los pequeños inversores nacionales sobre la deuda soberana española está en mínimos, lo que debería hacer pensar a las autoridades.

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