La industria del corcho potencia la I+D para elevar las ventas a Asia y América

La inversión en tecnología punta supera los 42 millones de euros

El sector promueve diseños en 3D y máquinas de visión artificial

La industria corchera española es, después de Portugal (50%), el segundo productor mundial de corcho con un 30% de la cuota. En cifras, España elabora unos 1.900 millones de tapones al año, de los que 800 millones son destinados a espumosos y 1.100 millones a vinos. La producción supone un cuarto de la fabricación global y unos beneficios superiores a los 350 millones de euros al año.

EE UU, Italia, Francia o Alemania suponen, en exportación, más del 50% del total producido, lo que aporta un valor de 210 millones de euros. Se trata de un contexto internacional de creciente demanda donde Estados Unidos sigue siendo el máximo importador de tapones de corcho español y la entrada de nuevos mercados como Chile, Argentina, Australia, Brasil o Sudáfrica ha provocado que los niveles de exportación vayan en aumento.

Con motivo de la campaña Somos únicos. Elijo corcho, la iniciativa CORK, que agrupa a asociaciones e instituciones del corcho en la península Ibérica, viene promoviendo la importancia del tapón de corcho como modelo ecológico y sostenible, y como industria a la vanguardia tecnológica y de creciente expansión de los nuevos mercados extraeuropeos como Asia y América.

Mayoritariamente, los países destinatarios de los tapones de corcho español son además principales productores de vino o lo empiezan a ser. Para la iniciativa CORK, al respecto, la subida de la demanda en el continente asiático y el americano está provocando que el consumo global del vino vaya a incrementarse un 2% entre los años 2017 y 2020. Como consecuencia, la previsión es que la venta de tapones de corcho siga ganando cuota de mercado.

Las exportaciones de corcho suponen más del 50% de la producción y generan unas ventas de 210 millones de euros

Desde España, los principales productores de corcho, ubicados en Cataluña, Extremadura y Andalucía, están consolidando el sector mediante aplicaciones tecnológicas de alta generación y una gestión empresarial basada en la economía circular. La industria corchera capitaneada por la Asociación de Empresarios Corcheros de Catalunya (Aecork), la Asociación Portuguesa de Corcho (Apcor) y el Instituto Catalán del Corcho (ICSuro) están realizando una importante gestión para dar a conocer este modelo económico y el impacto medioambiental que puede tener.

Joan Puig, presidente de Aecork y portavoz de la iniciativa CORK, comenta a CincoDías que “pese a que la saca de corcho es un proceso manual, en el resto del proceso de elaboración, la apuesta por la inversión en I+D e innovación tecnológica pretende avanzar de la mano de la tradición”.

La apuesta en I+D alcanza una inversión de más de 42 millones de euros y se concentra en el área de investigación y maquinaria puntera. Albert Hereu, portavoz de la iniciativa CORK y presidente de ICSuro, corrobora las palabras de Puig y sentencia que en el corcho, pese a ser un sector tradicional, “se trabaja con industria de generación 4.0”. Una de estas novedades en el área de investigación es la introducción de impresoras 3D que responden mediante un fino hilo de corcho al diseño programado.

Este avance, añadió Hereu, “se utiliza por el momento para prototipos y tiradas cortas”. Fuerte es también la inversión en el espectómetro de masas. De uso en laboratorios farmacéuticos, es otra incorporación destinada a separar, identificar y cuantificar aromas y gases casi imperceptibles.

Empresas catalanas del corcho como Trefinos o Manuel Serra han potenciado el área de producción con fuertes inversiones en el control de calidad. En estos últimos años, se ha invertido en máquinas de visión artificial que reconocen en 3D la profundidad del defecto, la calidad a la que pertenece cada tapón y su previa clasificación según el tipo. Como cuenta a CincoDías Natalia Carmona, directora de calidad de Trefinos, “el 80% de la maquinaria son diseños propios” y la fabrican ellos mismos.

Por otro lado, el marcaje del corcho también ha sufrido importantes innovaciones que permiten el grabado del tapón a láser con mayor rapidez y productividad, reduciendo costes y abarcando una capacidad de diseños más complejos y personalizados.

El sector del corcho, a través de un ciclo continuo entre el bosque alcornocal y la propia industria, aprovecha las ventajas medioambientales y los sobrantes de la producción para diseñar un modelo de economía circular que les permite obtener mayor eficiencia y optimizar su valor contribuyendo a la sostenibilidad del medio ambiente. Las prácticas de reciclaje de los tapones completan este modelo económico mediante la trituración y obtención de granulado que se utiliza para fabricar productos no destinados a la alimentación, como materiales de construcción.

Otras Claves
Huella de carbono. Mide el impacto del dióxido de carbono que emiten las industrias y que contribuye al efecto invernadero. Según un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona, conjuntamente con el ICSuro, concluye que el tapón de corcho es un método de cierre medioambiental sostenible, que retiene más dióxido de carbono del que emite y que ayuda a combatir el cambio climático.

Preferencia del consumidor. Los datos de la iniciativa CORK basados en estudios de mercado de ocho países distintos demuestra que es preferible el tapón de corcho como método de tapamiento de vinos y espumosos. Tanto en China como en EE UU, más del 85% y el 93% respectivamente, se asocia el tapón de corcho a vinos de alta calidad. Países como Francia, Brasil, Italia o Alemania también superan el 80% en consideración del corcho como mejor método de cierre.

Empleo. El sector del corcho, concentrado principalmente en las comunidades de Cataluña, Extremadura y Andalucía, reúne a más de 150 empresas y genera en todo el territorio nacional un volumen de 2.000 trabajadores. La cifra asciende a 3.000 en los meses de junio a septiembre por el periodo de saca de corcho.

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