Baloncesto femenino
Lucas Mondelo, seleccionador español de baloncesto femenino.

Lucas Mondelo: “El deporte español tiene un problema y se llama fútbol”

Sus jugadoras han barrido en el último Eurobasket

Ha entrenado en países como China o Rusia, siempre con éxito

Desde 2010 cuenta las temporadas por títulos y medallas, tanto en clubes como en selecciones, tareas que ha compatibilizado con éxito. Lucas Mondelo (Barcelona, 1967) es el seleccionador español de baloncesto femenino desde 2012, y entrenador del Dynamo Kursk ruso. Al frente del equipo nacional ha logrado una plata mundialista y otra olímpica, ambas contra EEUU, y un bronce y dos oros en los europeos. El último, el cosechado hace días tras apabullar a Francia. Mondelo afirma que la victoria no es lo natural, pero en su caso, y en el de una generación histórica de jugadoras, parece rutina.

En los últimos siete años, usted solo ha dejado de ganar títulos en 2016. Y logró la plata olímpica ante EE UU.

En selecciones, ganar medallas es un título, aunque sea de bronce. Y en Río 2016, la plata fue contra EE UU, a los que no se les puede ganar. En chicas están ahora como el Dream Team del 92 de chicos, cuando se conformaban con perder por menos de 30 puntos.

El año que viene habrá Mundial en España. ¿Teme que se les pida ganar a EE UU?

Vamos a tener más presión por jugar en casa. Nos lo hemos ganado, es normal. Pero si te pones presión extra puedes tener problemas y decir ‘vamos a ganar a EE UU’ es uno. Primero vamos a llegar a la final, que no será fácil. Y cuando juguemos contra ellas, habrá que saber quiénes son, un equipo de gran presencia física y enorme talento. Contra nosotras juegan a tope desde el principio. Todos los imperios caen, pero lo veo lejos.

Decir que ‘vamos a ganar a EE UU’ en 2018 es una presión extra que puede traer problemas. Su equipo es como el Dream Team de chicos del 92

¿Esa presión les dará problemas?

La tienes que asumir y enfrentarla. El problema es esconderte de ella. La presión no cambia a las personas, las desnuda. Te demuestran cómo eres. Y no eres bueno hasta que te ves sometido a presión y solucionas problemas. Estas jugadoras lo han hecho.

¿Cuál es su receta para ganar sin parar?

No hay claves mágicas. Cuando las descubra haré un libro y me retiraré. Tengo mi parte de culpa, y no es falsa modestia. Pero lo más importante es la jugadora. Como estoy convencido de ello, lo transmito y a ella le da confianza. Si se han conseguido éxitos en diferentes lugares del mundo y distintas culturas es que algo se hace bien. La clave es la adaptación. Tienes que conseguir el máximo rendimiento de cada elemento que tienes a tu disposición. La suma de todas esas personas en sus máximos te hace ser muy fuerte. No es garantía de éxito pero sí de competir, y si compites puedes ganar.

¿Cómo gestiona a un grupo tan ganador?

Tenemos jugadoras que en sus clubes tienen roles muy altos y aquí ponen su ego al servicio del grupo, tiran la mitad, defienden a tope… En un grupo al que se le piden resultados tienes que tener esto claro. También que todas no son iguales. Si a una jugadora nunca le mientes y eres coherente, te respeta. Otra cosa es que esté de acuerdo o no. Allí ya viene su responsabilidad. Hay líneas rojas para todas, pero su calidad técnica, su talento, sus contratos... no son los mismos. Otra clave es escuchar. Si la deportista se siente integrada y que puede hablar con libertad, se genera un compromiso. Hay una diferencia entre hacer las cosas por imperativo o por sentirte parte de la idea. Lo mismo pasa con el cuerpo técnico y médico: dejarles sus parcelas y sus cuotas de protagonismo. Hay que crear un clima donde todos tengan iniciativa y no tengan miedo a expresarse. De ahí surgen ideas y se avanza. El liderazgo no es ordeno y mando, sino generar compromiso.

Lucas Mondelo, durante la entrevista.
Lucas Mondelo, durante la entrevista.

¿La superioridad que han mostrado en el último Eurobasket es un arma de doble filo?

Este grupo se reinventa cada año. Están muy amuebladas. Hay desgaste, pero nuestra forma de trabajar ayuda a que sea mínimo. Tienen hambre y objetivos. Eso me hace estar tranquilo, significa que no se acomodan.

La comodidad llevó al fracaso en 2011 a un grupo con jugadoras como Amaya Valdemoro oElisa Aguilar. ¿Teme que se repita?

Con estas jugadoras no. Podrá pasar otra cosa, pero no será por autocomplacencia. Por eso son las mejores de toda la historia. Ha habido jugadoras grandiosas, pero este grupo junta todas las virtudes: compromiso, reto constante, reinvención, hambre, ambición...

¿Cómo ha evolucionado el baloncesto femenino?

Teníamos la mejor liga de Europa hasta que llegó la crisis, que tocó muy duro a los deportes que no son el fútbol, y en especial a lo femenino. Es un tema cultural. El gran impulsor de todo fue el programa ADO, los JJ OO del 92. Hizo que la mujer tuviera posibilidades. Fue la génesis del boom actual del femenino. Se dieron los recursos para que la mujer pudiera profesionalizarse. Ahora recogemos el fruto.

Me enfado cuando se refieren a ellas como “niñas”. Es condescendiente. Son mujeres profesionales del baloncesto

¿Por qué el deporte femenino no acaba de llegar al público de masas en España?

Porque tenemos un problema que se llama fútbol. Se le permiten cosas que ni a empresas ni a particulares se les ha permitido. Aquí han salido ciudades a la calle por dos descensos. El fútbol en España es un problema. Si el 1% de lo que se le permite se repartiese entre los demás... Seríamos mejores si fuésemos menos futboleros. Y no estoy contra el fútbol, sino contra el sistema que está establecido.

¿Su equipo puede ayudar a normalizarlo?

Nuestra selección transmite ambición, buen rollo, intensidad, un juego atractivo. Me enfado cuando se refieren a ellas como “niñas”. Eso es condescendencia. Son mujeres profesionales jugadoras de baloncesto. Es un problema cultural, como casi todo en este país.

¿Ese trato es reflejo de la sociedad?

Es un problema cultural que viene de la escuela. Se ha avanzado mucho en igualdad, estamos mejor que hace 20 años, pero falta bastante camino, y ahí están los datos tangibles: sueldos, puestos directivos… Nosotras podemos ayudar, pero no nos engañemos.

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