La absurda teoría sobre la falta de responsabilidad de la UE

La absurda teoría sobre la falta de responsabilidad de la UE

A raíz de la crisis de los refugiados y su desastrosa gestión, los aparatos de propaganda de las instituciones europeas empezaron a difundir una absurda teoría sobre el reparto de responsabilidades entre la UE y los Estados miembros. La tesis no se sostiene. Pero, contra todo pronóstico, ha echado raíces incluso entre analistas bienintencionados.

Sede del Consejo Europeo en Bruselas

El eslogan repetido hasta la saciedad es que Bruselas ha intentado resolver la crisis de los refugiados pero las capitales lo han impedido, con lo cual, la UE no tiene ninguna culpa.

La teoría parte de premisas falsas, denota una tremenda arrogancia por parte de Bruselas y toma a la opinión pública por ignara. Empecemos por lo último.

Cuando la opinión pública critica a Europa por una política fallida está criticando al conjunto de los actores involucrados, desde el Consejo Europeo (en el que se sientan los gobiernos) al Parlamento y a la Comisión (donde se sientan comisarios designados también por los gobiernos).

Tal vez muchos ciudadanos no tengan/tengamos claro la estructura de la organización europea, como tampoco la de los Estados (no todo el mundo entiende por qué hay dos cámaras parlamentarias en España o a qué se dedica el Consejo Estado). Pero la mayoría sabe localizar el origen de las iniciativas políticas, sean exitosas o fallidas.

Y no es casualidad que en el caso de la crisis de los refugiados o en la del euro, las miradas se hayan vuelto hacia Bruselas porque casi nadie duda de que ha fallado la Unión Europea, que es el conjunto de instituciones supranacionales y nacionales.

La arrogancia de los organismos europeos les lleva a considerarse atacados cada vez que alguien critica a la UE, como si fueran los únicos sujetos políticos de ese acrónimo. Y reaccionan con una absurda separación de responsabilidades.

En el caso de los refugiados, por ejemplo, la fabulación de Bruselas pretende que la Comisión Europea es un organismo de acogida y recepción porque propone cuotas de reparto y la mayoría de los Gobiernos, unos desalmados porque se niegan a aceptarlos.

El punto de origen de la fábula es falso porque las cuotas no las fija la CE sino los países de común acuerdo. Es cierto que los gobiernos las incumplen, como tantos otros compromisos, desde la reducción de emisiones a la lucha contra la pobreza. Pero el éxito o el fracaso es del conjunto de la UE, que es la suma de Bruselas y el resto de capitales. Y la gente, con buen criterio, recompensa o pide cuentas "a Bruselas", que es la representación geográfica de esa responsabilidad conjunta, aunque parte de la culpa o del mérito esté en Madrid, Budapest o Berlín, según los casos.

Pretender lo contrario es tan absurdo como si la OTAN intentara desentenderse cuando una de sus intervenciones provoca daños colaterales. Por supuesto, el trágico bombardeo lo habrán realizado uno o varios de los aliados, porque la OTAN como tal no dispone de medios propios. Pero la opinión pública pide responsabilidades a la sede central de la OTAN (también en Bruselas, por cierto) y ésta, al contrario de la CE, la asume y no se limita a traspasar la culpa al país de origen de los aviones.

Del mismo modo, la CE no tiene medios para acoger refugiados. Pero eso no le exime de culpa en la dramática situación de muchos de ellos en los campos de Grecia o Italia.

Por supuesto que en la UE son las autoridades nacionales las que ha levantado muros o las que han pactado con Erdogan para que impida la salida de los refugiados sirios. Pero también son las que acogen a los emigrantes y financian su instalación. Y la aportación presupuestaria de la CE a esos programas también procede de las arcas de los Estados miembros, de manera proporcional a su PIB.

En resumen, no me parece un error atribuir la culpa de la crisis de los refugiados a la Unión Europea o "a Bruselas", como tampoco lo es atribuirle el éxito de la supresión del roaming en la telefonía móvil.

La Comisión Europea debería madurar políticamente y asumir su responsabilidad tanto cuando las cosas salen bien como cuando salen mal. Y dejar de difundir la falaz teoría de Bruselas vs Capitales.

Foto: Sede del Consejo Europeo en Bruselas (BdeM, 25/1/2017).

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