Cómo el pequeño Qatar chocó con la poderosa Arabia Saudí

El pequeño país buscó una influencia política y mediática que desafiaba a su poderoso vecino

Un hombre ante las oficinas de Qatar Airways en Riyadh, Arabia Saudí.
Un hombre ante las oficinas de Qatar Airways en Riyadh, Arabia Saudí.

La seria crisis que se está desarrollando entre Qatar y Arabia Saudí –a la que se han sumado otros países árabes de influencia saudí– contribuye a agravar la inestabilidad del complejo escenario de Oriente Medio. La situación pone de manifiesto las fuertes tensiones existentes en la zona entre supuestos aliados y pondrá a prueba la capacidad de un Occidente dividido para gestionarla.

En resumen, Arabia Saudí, Egipto, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, el Gobierno de Haftar en el este de Libia, Maldivas y el debilitado gobierno de Yemen, han roto las relaciones diplomáticas con Qatar. Además, Qatar ha sido expulsado de la coalición que, liderada por Arabia, lucha en Yemen contra la rebelión huthí; se han cerrado las fronteras terrestres, el espacio aéreo y los puertos y aeropuertos; y los ciudadanos de Qatar que vivan en esos países deben abandonarlos en el plazo de 15 días. El argumento para la ruptura de las relaciones es el apoyo que, según afirman, Qatar está prestando a los grupos terroristas, Daesh y Al-Qaeda entre otros, su sostén a los Hermanos Musulmanes y, en definitiva, la financiación de las actividades violentas que están sembrando el terror y el caos en la zona.

No se trata de una mera crisis diplomática. Es una crisis muy compleja en la que confluyen factores diversos, que no son nuevos y que hunden sus raíces en la historia reciente. Hay consenso en considerar como punto de ruptura entre Arabia y Qatar su posición frente al fenómeno de las primaveras árabes. Las revoluciones de 2011 no solo alteraron las relaciones del gran Oriente Medio con Occidente, sino que supusieron cambios profundos en las relaciones entre los Estados árabes de la zona. Qatar se posicionó a favor de los cambios, mientras que Arabia era la gran defensora del orden establecido, apoyando cualquier movimiento contrarrevolucionario (algunos ejemplos: el apoyo al golpe de Estado en Egipto contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes, la guerra en Yemen o la participación indirecta en la guerra de Siria)

Debemos recordar que el elemento religioso juega un papel muy importante en las relaciones entre Qatar y Arabia. A pesar de que ambos países son mayoritariamente sunníes, Qatar, aunque también es de tradición wahabí, intenta guardar las distancias con el wahabismo que se practica en Arabia, posiblemente como forma de remarcar su autonomía y su resistencia a la dominación del gran vecino. La cercanía que los cataríes (la familia real Al-Thani) han mostrado hacia los Hermanos Musulmanes es uno de los factores a tener en cuenta en el análisis del aumento de las tensiones entre ambos países, incluyendo, en este caso, a Egipto.

Muchos Hermanos Musulmanes se refugiaron en Qatar después de la llegada al poder de Al Sisi, igual quea hicieron otros salafistas partidarios del yidahismo procedentes de Siria, Libia y otros países, lo que enrareció las relaciones y propició la anterior crisis de Qatar de 2014. Por otro lado, la posición de los Hermanos, que llama a cambios estructurales, algunos en el sentido de la creación de repúblicas islámicas, de nuevo, tiene enfrente a Arabia, ardiente defensora del stau quo.

Para añadir complejidad al ya de por sí complejo escenario de esta crisis, las supuestas declaraciones del emir de Qatar, el jeque Tamim, criticando el frente anti iraní que se ha constituido en el Consejo de Cooperación del Golfo han alimentado el incendio. El jeque ha negado haber hecho esas críticas y denuncia un caso de ciberataque, sin que ello haya aliviado la tensión.

Este último elemento introduce indirectamente en la crisis a un actor fundamental en la región: Irán, el gran rival de Arabia en su pugna por el liderazgo regional. En este punto, Qatar también mantiene una posición que le enfrenta a Arabia, ya que comparte la propiedad y explotación del que se considera el mayor yacimiento de gas del mundo, el de South Pars-North Dome, que reporta a Qatar grandes recursos y le permiten jugar a ser potencia en el área.

El pequeño Qatar ha venido buscando un liderazgo, pretendiendo ejercer una influencia en la zona y más allá de los límites de su área geopolítica, con una activa política exterior muy activa, que ha terminado por chocar con el poder de Arabia, que, desde otro punto de vista, tampoco está libre de las mismas acusaciones de apoyo al yihadismo violento que hace a Qatar.

Entre los factores que están presentes en esta crisis se puede destacar la pugna por el poder regional en el área, entre Arabia e Irán por un lado y entre Arabia y Qatar por otro; además, la alteración de las relaciones entre los Estados árabes en el que el componente religioso es esencial (hay que señalar que la brecha entre los aliados suníes abre un nuevo elemento más allá del papel de las minorías chiíes apoyadas por Irán); por otra parte, las suspicacias por la creciente influencia de los medios de comunicación cataríes en el mundo árabe, que suponen un altavoz para las posturas de los Hermanos Musulmanes, tan opuestas a lo que representa la monarquía de Arabia; y, por último, las importantes implicaciones económicas de la crisis: a la caída de la bolsa catarí hay que añadir el aumento del precio del petróleo y los efectos que tendrá para Qatar el cierre de puertos y aeropuertos a sus compañías.

Adela M. Alija es Directora del departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Nebrija

 

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