La universidad pisa el mundo real

Escuelas y corporaciones crean espacios de investigación conjuntos para que sus frutos salten a la sociedad

Cátedras empresariales
Las compañías utilizan los resultados de los estudios que surgen de las cátedras a las que dan nombre y dinero para sí mismas y para su sector. Getty Images

Los responsables de CaixaBank decidieron en 2016 apoyar proyectos universitarios de investigación que fueran útiles para la industria agroalimentaria, pero pronto se dieron cuenta de que el recorrido de casi todas las tesis no iba más allá de su publicación. “Les faltaba dar el salto de la preindustrialización y nosotros decidimos apostar por financiar ese proceso”, explican desde la entidad. “Escogimos la Universidad de Lleida porque es una referencia en este sector, contactamos con ella y creamos la cátedra AgroBank”.

Las cátedras empresariales se han convertido en el mejor instrumento de colaboración entre empresas y universidades en los últimos años. El pasado abril se constituyó en IESE Business School la nueva cátedra Novartis para investigar cómo mejorar las operaciones en el ámbito de la salud. Y en 2016 la misma institución académica había impulsado la cátedra Seat de Innovación, que profundiza en los diferentes modelos de negocio de las compañías.

Otras de las que se han puesto en marcha recientemente es la de Management de la Fundación Bancaria La Caixa e IE Business School, que se centrará en las mejores técnicas en gobierno de personas y organizaciones. Accenture, por su parte, ha impulsado una cátedra de Economía y Gestión de la Innovación en la Universidad Autónoma de Madrid, otra de Inteligencia Analítica Avanzada en la de Oviedo y una tercera de experto en big data de la Politécnica de Madrid.

Sinergias

Todas estas alianzas aportan a la universidad y a la industria “nuevas perspectivas que no son abordadas ni en los másteres ni en los currículos universitarios y que ahora se adquieren por la propia experiencia profesional”, explica Sergio Jiménez de Ochoa, decano de la Escuela de Organización Industrial (EOI). Así, las cátedras “se configuran como sistemas integrados de formación e información, con actividades docentes, de investigación, innovación y divulgación, para facilitar la transferencia de conocimiento mutuo entre las escuelas y las empresas”.

Javier Fernández Aguado, director de la cátedra de Management Fundación Bancaria La Caixa, asegura que “la dependencia combinada de la institución académica y de la empresa o entidad financiera facilita enormemente que la investigación sea aplicada”. Y en opinión de Pablo Bernad, responsable de risk consulting de KPMG en España y presidente de la cátedra de Investigación Financiera y Forense KPMG-URJC (Universidad Rey Juan Carlos), estos proyectos “favorecen que los estudiantes dispongan de oportunidades para desarrollar sus conocimientos en un contexto eminentemente práctico y facilitan un contacto directo con el mundo de la empresa”. Los contenidos de los programas son altamente especializados.

Las compañías suelen aportar la financiación y, a menudo, profesionales de la materia para que el aprendizaje sea exitoso

La colaboración puede ser iniciativa del centro docente o de la empresa interesada. “En ocasiones la idea surge de la universidad y en otras de la compañía o institución, y tras una conversación para alinear y definir intereses, se constituye oficialmente”, indica Pedro Linares, vicerrector de investigación e internacionalización de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, que dispone de 15 cátedras empresariales.

La financiación es una cuestión crucial. Las empresas suelen hacerse cargo del coste de personal necesario para los trabajos de investigación, “en particular los contratos predoctorales y los costes de divulgación”, apunta Linares. Jaime Alonso Stuyck, secretario general de IESE, relata que su institución cuenta con una dotación económica, constituida con el apoyo de empresas y particulares, que normalmente dan el nombre a la cátedra. “El tema de investigación se decide de común acuerdo con el donante, que a su vez tiene acceso prioritario a los resultados y puede, si es su deseo, recibir un cierto retorno de alguna, en imagen corporativa, etcétera”.

IESE llega a acuerdos con los patrocinadores para dotar a cada cátedra de un fondo que oscila entre 1,5 y tres millones de euros y se compromete a mantener la actividad en marcha de manera indefinida. “De este modo, se trata de un proyecto a muy largo plazo, que vincula al donante y a la institución de una forma particular y estable”. En la actualidad, este centro cuenta con 25 cátedras empresariales.

Resultados

En estos proyectos conjuntos, empresas y universidades buscan resultados prácticos y aplicables a la industria y a la sociedad. Uno de los más curiosos es el de la cátedra Heineken-Universidad Politécnica de Valencia, centrado en la neurociencia y que pretende conocer mejor las motivaciones que definen el comportamiento de los usuarios. Pablo Mazo, director regional de relaciones institucionales de Heineken España, explica que, durante los últimos cuatro años, este proyecto ha generado diferentes estudios centrados en el ámbito de la hostelería. “Entre ellos, uno que evaluaba las reacciones emocionales de los consumidores ante un spot publicitario o ante iBeer, el primer grifo de cerveza digital e interactivo”.

Otro de los objetivos más ambiciosos es el de la cátedra de Investigación Financiera y Forense KPMG-URJC, que potencia el conocimiento económico y del fraude en un Estado de derecho, y que busca fomentar las buenas prácticas tanto en el ámbito público como en el privado. Fernando Cuñado, socio responsable de KPMG Forensic, indica que esta cátedra “colabora con el máster en derecho penal económico del centro, proporcionando una formación especializada y multidisciplinar, indispensable para aquellos juristas que orienten su actividad profesional en este campo”. Además, “promueve el curso superior universitario en prevención del blanqueo de capitales y financiación del terrorismo”.

Los efectos de estos acuerdos se miden en publicaciones científicas, conocimiento para el sector y fomento de buenas prácticas

En la Escuela de Organización Industrial (EOI) la cátedra decana es la Fernández-Nóvoa de Innovación y Propiedad Industrial, que se viene desarrollando conjuntamente con la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) desde 2011. Como apunta Sergio Jiménez de Ochoa, entre las actividades acometidas se encuentran “cursos, boletines de vigilancia tecnológica en los sectores del calzado, agroalimentario, metal-mecánico y transformador de plástico, conferencias, etcétera”. Por su parte, “la actividad investigadora de IESE se traduce anualmente en la publicación de más de 500 documentos, entre artículos, libros, casos y ponencias”, señala Jaime Alonso Stuyck.

Los frutos de la cátedra de Management de la Fundación Bancaria La Caixa en IE Business School también están siendo numerosos. Javier Fernández Aguado pone como ejemplo el estudio sobre patologías organizativas de la empresa española; el de la metodología de transformación feelings management; el informe sobre coaching ejecutivo para la alta dirección que se presentará en junio, y el estudio sobre cómo se vive en las empresas españolas el concepto de alma de las organizaciones, que se dará a conocer en octubre.

La Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE cuenta con numerosas cátedras empresariales. Entre las destacadas por Pedro Linares está la BP de Energía y Sostenibilidad, que publica un observatorio sobre estos temas; la Inditex de Refugiados y Migrantes Forzosos, que organizará este verano un curso en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, y la Santander de Derecho y Menores, que ha contribuido a la elaboración de leyes de protección de infancia en Panamá y Chile y a la de 2015 en España. Además, el centro ha creado recientemente una cátedra de Industria Conectada.

CaixaBank fue pionera lanzando con IESE hace más de 10 años una cátedra de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo. Y desde entonces ha desarrollado un intenso trabajo de investigación, publicando 32 artículos en revistas internacionales, 53 capítulos en obras científicas y 32 cuadernos propios. Sobre las razones por las que la entidad creó esta cátedra, el presidente de CaixaBank, Jordi Gual, ha defendido que “sin unos comportamientos empresariales profundamente éticos, no es posible el funcionamiento armónico de las economías modernas”.

Otras fórmulas

• La colaboración entre empresas y universidades no se limita a las cátedras, sino que abarca otras fórmulas. Por ejemplo, Orange firmó un convenio de colaboración en 2011 con la Universidad Politécnica de Madrid para desarrollar un programa formativo de posgrado relacionado con redes y servicios, que este año va por su tercera promoción. Ignacio de Orúe, director general de personas y comunicación de la compañía, indica que de él “se han podido beneficiar hasta el momento un total de 134 empleados de esta firma”. Mientras que el Clúster de la Indústria d’Automoció de Catalunya (CIAC) ha colaborado recientemente con la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y con la de Vic en la creación de los primeros grados en Ingeniería de Automoción. El pasado año lanzó, junto a ESADE Business & Law School, la primera edición del Corporate MBA dirigido a los profesionales de la automoción “para formar directivos capaces de liderar los nuevos modelos de negocio en la industria del automóvil”.

• Generali y San Pablo CEU han puesto en marcha un programa (Generali Opportunities) “que permitirá a los estudiantes acercarse al mundo de la empresa”, explica Alberto Ogando, director de recursos humanos de la aseguradora. Mientras que Diageo Sales Academy, en colaboración con ESIC, seleccionará y formará candidatos que puedan cubrir las vacantes de la firma de bebidas. Según Carolina Jiménez, talent engagement manager para el sur de Europa de Diageo, “se generarán habilidades comerciales y comprensión del método de ventas”.

• Informática El Corte Inglés mantiene acuerdos con la Universidad Politécnica de Madrid, la de Oviedo, Baleares y Castilla-La Mancha para impulsar el uso de la tecnología en el mundo universitario, y colabora con IE en el conocimiento sobre seguros. Mientras, Huawei imparte, junto con la Universidad Politécnica de Madrid, un programa de formación en comunicaciones móviles.

• A pesar de las múltiples cátedras y proyectos en marcha, la colaboración entre empresas y centros educativos no ha hecho más que empezar. Los expertos aseguran que aún queda un largo camino por recorrer en la transformación de muchos proyectos de investigación en realidades concretas y útiles para la sociedad. Pero, al menos, este progresivo intercambio de conocimientos con las empresas ayudará a que las universidades pisen cada vez con mayor fuerza en el mundo real.

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