El tráfico aéreo necesita más competencia y mejor gestión

Si España no quiere que el turismo se resienta por su propio éxito debe gestionarlo con eficacia

El consejero delegado de Ryanair, Michael O'Leary (derecha), y el consejero ejecutivo de Globalia, Javier Hidalgo, ayer en Madrid.
El consejero delegado de Ryanair, Michael O'Leary (derecha), y el consejero ejecutivo de Globalia, Javier Hidalgo, ayer en Madrid.

La alianza anunciada ayer por Air Europa y Ryanair para ofrecer a 130 millones de clientes las 20 rutas a América que opera la compañía del grupo Globalia fortalecerá considerablemente la competencia en el tráfico aéreo español. El acuerdo, que posibilitará que la aerolínea irlandesa venda billetes de la española a través de su web, consolida a Madrid como hub, con una fuerte competencia en los vuelos trasatlánticos del aeropuerto de Barajas y un desafío en toda regla al poderoso liderazgo de Iberia en esas rutas. Las ventajas del acuerdo para Air Europa hacen prever un potente impulso de su actividad, dado que la compañía de Globalia podrá aprovecharse de todo el tráfico europeo que Ryanair lleve a Barajas con destino a Latinoamérica y EE UU, al tiempo que podrá derivar los pasajeros que traslada a Europa hacia la red de Ryanair. La alianza permitirá a la española rebajar el precio de sus billetes, pese a que su objetivo no es convertirse en una compañía low cost.

Los planes de Ryanair y Air Europa para desbancar a Iberia en las rutas trasatlánticas cifran en tres o cinco años el plazo necesario para alcanzar una cuota de mercado de entre el 45% y el 50% del tráfico. Se trata de unas potentes previsiones que, incluso en el caso de no cumplirse plenamente, alterarán sustancialmente la hegemonía de Iberia en ese segmento. Y es una muy buena noticia para la competencia en el sector, tanto en precios como en servicios, lo que beneficiará los consumidores.

Los planes estratégicos de las compañías aéreas en España se enmarcan en una coyuntura de fuerte crecimiento del turismo que debe ser correctamente gestionada. Los problemas vividos en los últimos días en el aeropuerto de El Prat, prácticamente colapsado por largas colas de viajeros ante el control de pasaportes, constituyen un adelanto de lo que se puede vivir en los aeropuertos españoles durante el verano. Si España no quiere que una industria tan potente como la turística comience a resentirse por su propio éxito, es necesario gestionar con mayor eficacia y previsión el tráfico aéreo y el flujo constante de viajeros que alimentan el sector.

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