La papelera Lecta saldrá a Bolsa a finales de junio para captar 500 millones

CVC y otros fondos venderán acciones por 250 millones

La dueña de Torraspapel prevé también bajar deuda

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Un nuevo revival bursátil se avecina. Torras, que fue la cabecera del grupo KIO (Kuwait Investment Office) en España, vuelve a la Bolsa, renombrada, ampliada y saneada. La papelera fue excluida de negociación en 1990, y en 1999 el fondo británico CVC, capitaneado en España por Javier de Jaime, la compró para integrarla en Lecta. Se completaba así el grupo, tras haber adquirido la italiana Garda y la francesa Condat. 

Lecta, con sede en Luxemburgo, es el tercer mayor productor de papel estucado para Europa con una cuota del 16%, por detrás de la sudafricana Sappi, con un 25%, y de la finlandesa UPM (16%). CVC controla el 56,4% del capital, mientras que el 43,6% restante está en manos de otros private equities –Adavale Global, MidOcean e ICG– y del equipo directivo. 

El objetivo es que todos los accionistas vendan de forma proporcional en la colocación de acciones antiguas – en puridad, no es una Oferta Pública de Venta (OPV), pues no contará con tramo para pequeños inversores–, con las que ingresarán unos 250 millones de euros. 

4 serán las salidas a Bolsa en España tras el debut de Lecta

Fuentes conocedoras del proceso señalan que previsiblemente el valor máximo de la firma no superará los 1.000 millones. “Se dará margen de revalorización a la compañía”, aseguran dichas fuentes. Y se sacará al mercado un porcentaje u otro en función de la valoración final.

Rothschild es el asesor global, UBS y Credit Suisse los coordinadores, y también están BBVA, Deutsche Bank, Unicredit y CaixaBank.

Cifras del grupo papelero

CVC desembarcó en Torraspapel en 1999 para incluirlo en el conglomerado Lecta, en el que ya estaban por entonces la italiana Cartiere Garda y la francesa Smurfit Condat. Desembolsó por ella 312 millones de euros al grupo kuwatí KIO, y asumió deuda por otros 264 millones.

300 años de historia atesora Torraspapel. Es uno de los fabricantes líderes en la Península Ibérica en la fabricación y distribución de papel estucado y no estucado pasta química, así como una amplia gama de papeles especiales.

El grupo Lecta, con sede en Luxemburgo, cuenta con siete fábricas localizadas en España, Francia e Italia. En Leitza, Motril y Almazán se ubican las españolas. En esta última se integra además una planta de fabricación de celulosa. Entre las siete acumulan una capacidad industrial cercana a los dos millones de toneladas.

La compañía cuenta con una plantilla de unos 3.300 empleado, de los que 1.900 dependen de la sociedad Torraspapel SA.

El objetivo es debutar a finales de junio, pero la valoración aún no está fijada. Todavía no se ha realizado la reunión con los departamento de análisis de los colocadores, previa a las presentaciones preliminares (investor education) y al road show (gira para vender a los institucionales interesados). 

La compañía quiere sacudirse la imagen de papelera al uso y se guarda en la manga el as del crecimiento. En 2016, elevó su beneficio bruto de explotación (ebitda) un 14,1%, hasta los 125,1 millones, propulsado por el negocio de los denominados papeles especiales. En esta definición se incluye todo lo relacionado con el embalaje y las etiquetas de paquetería, en pleno auge con el comercio electrónico. Esta área supuso el 33% del ebitda el año pasado, frente al 26% de 2015, y ahora se sitúa en el entorno del 40%. Las ventas de esta suerte de cajón de sastre crecen a un ritmo elevado: un 7% en 2016 y un 11% en 2015. 

El grupo redujo sus pérdidas después de impuestos un 44,8%, hasta anotarse 11,7 millones de números rojos a cierre de ejercicio. El freno a los beneficios está en sus costes financieros, que el año pasado alcanzaron los 89 millones de euros. 

Para poner solución a este problema, aproximadamente la mitad de la colocación se hará a través de una ampliación de capital por unos 250 millones de euros, que permitirá reducir de forma contundente su deuda neta de 651 millones a cierre de 2016. La compañía ha reducido su plantilla desde 2006 al pasar de los 4.691 trabajadores a cierre de ese ejercicio hasta los actuales 3.300. 

Lecta seguirá invirtiendo en su área de crecimiento, de forma que establecerá una política de dividendo generosa y al mismo tiempo cauta, con un reparto que previsiblemente no superará el 50% de los beneficios. En los últimos ejercicios, la compañía papelera no ha remunerado a sus accionistas. 

La firma acudió el pasado ejercicio al mercado de deuda para refinanciar una emisión de 2012 por importe de 590 millones. Colocó 600 millones en bonos en julio: 225 millones de deuda con vencimiento en 2022 que pagan un 6,375% anual –que será amortizada anticipadamente tras la salida a Bolsa– y otra de 375 millones con vencimiento en 2023, que lanzó con un interés del 6,5%.

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